Un estudio advierte de que la exclusión social amenaza a casi la mitad de la población en Galicia
La exclusión social en Galicia afecta a menos personas que hace unos años, pero cada vez son más las que corren el riesgo de caer en ella en cuanto las cosas se tuercen un poco, con el precio de la vivienda y las dificultades de acceso como factor clave. Esta es una de las principales conclusiones del IX Informe sobre exclusión y desarrollo social en Galicia, presentado este miércoles por la Fundación Foessa junto a Cáritas.
Basado en una encuesta sobre integración y necesidades sociales con entrevistas en profundidad a casi 600 hogares en Galicia, el estudio refleja “una realidad compleja y paradójica”. Así, los datos indican que entre 2018 y 2024 la exclusión social en Galicia se redujo del 16,8% al 12,7%, afectando a unas 342.000 personas. No obstante, como destacan los autores, el descenso se explica casi exclusivamente por la reducción de la exclusión moderada y no de la severa, que sigue afectando a cerca de 170.000 personas, el 6,3% de la población.
Además, el informe subraya que “el espacio de la integración muestra un deterioro significativo”, al reducirse la integración plena en 8,6 puntos y aumentar la precaria del 31,1% al 43,8%. De este modo, “casi la mitad de la población vive en un equilibrio inestable”, en el que “cualquier crisis puede empujarla rápidamente hacia la exclusión severa”, como señala Thomas Ubrich, coordinador técnico del estudio, quien destaca que cada vez más personas no están formalmente excluidas, pero viven en una situación de “vulnerabilidad constante”.
“Estamos ante una sociedad menos excluida en términos estrictos, pero mucho más frágil”, resume Ubrich, que advierte de una precariedad ya no transitoria sino “estructural” del modelo social, que afecta a trabajadores con empleo, hogares con ingresos ajustados, personas mayores y familias con menores. En definitiva, incluye a colectivos que hasta hace poco parecían relativamente protegidos.
“La exclusión ya no está en los márgenes, se está desplazando hacia el centro de la sociedad”, insistió Ubrich, que señaló la vivienda como uno de los factores esenciales que explican esta situación.
Según los datos del estudio, el 26% de los hogares gallegos presenta algún indicador de exclusión residencial y más de 78.000 (el 7%) soportan gastos excesivos de vivienda que los sitúan por debajo del umbral de la pobreza severa después de pagar el alquiler o la hipoteca. Además, alrededor de 160.000 personas viven en situación de vivienda insegura y cerca de 170.000 en condiciones de insalubridad, hacinamiento o mala habitabilidad.
La clave, según el informe, es que entre 2018 y 2024 el precio de la vivienda aumentó un 21% y el del alquiler un 28%, situándose la cuota mediana en Galicia en 732 euros, muy por encima del crecimiento de los ingresos reales.
Así, Cáritas Galicia advierte de que la vivienda “ha dejado de actuar como un factor de protección y se ha convertido en un auténtico cuello de botella para la integración social”. También alerta de que, pese a la mejora de los indicadores laborales, los salarios reales no crecieron ni un 1% una vez descontada la inflación y que la inestabilidad laboral grave sigue afectando al 5,6% de las personas ocupadas.
“El empleo ya no garantiza salir de la exclusión”, recoge el estudio, que señala esta carencia y “paradoja” como uno de los principales retos de las políticas sociales y laborales.
El estudio destaca también que en 2024 el 14% de la población gallega, unas 381.000 personas, se encontraba en riesgo de pobreza, frente al 22% de 2020, mientras que la pobreza severa afecta a unas 158.000 personas. Con todo, advierte de que “persiste una elevada fragilidad cotidiana”, ya que el 27% de la ciudadanía no puede afrontar gastos imprevistos y el 17% no puede mantener la vivienda a una temperatura adecuada. El 4% no puede disponer de una alimentación adecuada de forma regular.
Peor percepción de la salud
Por otro lado, destaca que el Ingreso Mínimo Vital solo alcanza al 51% de las personas en pobreza severa en Galicia y que más de la mitad de los hogares en esta situación no recibió información sobre la prestación. De la Risga recuerda que su cobertura se redujo a la mitad, pasando del 0,94% al 0,5% de la ciudadanía.
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Además, la exclusión social “empeora claramente la percepción de la salud, sobre todo la mental, y en Galicia ese efecto es más intenso que en el conjunto del Estado”. Según el informe, en todas las edades, quienes se encuentran en situación de exclusión valoran peor su salud que las personas integradas.
A la vista de los datos, el 18% de la población gallega, casi medio millón de personas, presenta problemas de exclusión en el acceso a los cuidados de la salud, cinco puntos más que en 2018. Además, el 30% valora negativamente su salud física y el 18% su salud mental, muy por encima de la media estatal, situada en el 20% y el 11,8% respectivamente.
Por último, el informe destaca que el aislamiento social y la soledad no deseada aumentan, sobre todo en los hogares en exclusión severa, alcanzando al 25% de estos.