POLÍTICA

El Gobierno libra la batalla internacional con Díaz, Planas y Hernández de Cos en la recta final de la legislatura

El ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, en una rueda de prensa.

Pedro Sánchez se ha convertido ya en el presidente español al que más le gusta jugar en los campos políticos internacionales. Las elecciones en España ya están a la vista, pero el Gobierno va a librar varias batallas con toda su artillería allende los Pirineos para situar a dirigentes en puestos clave para el futuro.

El propio Sánchez confirmó este jueves que la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, concurre a la carrera para hacerse con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), dependiente de Naciones Unidas. Lo que suma trabajo a la diplomacia española, que tiene también entre manos ayudar a Luis Planas a hacerse con las riendas de la FAO (la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) y a Pablo Hernández de Cos a llegar a lo más alto en el Banco Central Europeo (BCE).

Díaz da este paso después de escuchar a las organizaciones sindicales en un momento en el que las derechas mundiales quieren desviar el rumbo de la OIT, una organización esencial para los derechos de los trabajadores. El plazo para la presentación de las candidaturas concluye a mediados de agosto y la elección se producirá el 16 de noviembre, pero el ganador no iniciará el mandato hasta octubre del año que viene. Por lo tanto, la vicepresidenta segunda no dejará el Gobierno. De hecho, esa toma de posesión se produciría previsiblemente con un nuevo Ejecutivo en España tras las elecciones generales del año próximo.

La vicepresidenta segunda ya lleva tiempo preparando esta carrera y ha intensificado su agenda internacional. De aquí a noviembre, le toca lo más complicado: ganarse la mayoría entre los 56 votantes. Entre ellos, hay representantes de 28 países, 14 de los sindicatos y 14 de los empresarios. 

Díaz pretende revocar la “crisis” de la OIT

La lucha se prevé muy reñida y, por el momento, solo aparece un único contrincante, Gilbert F. Houngbo, el togolés que dirige la organización desde el año 2022. La propia Díaz fue muy crítica con el actual mandato el mes pasado durante su intervención en sesión plenaria en Ginebra: “No creo que nadie se sorprenda en esta sala si digo que la OIT está en crisis”.

Las palabras de aquella sesión marcan el camino de su candidatura: “Se pretende, sobre todo por la Administración norteamericana, desregular completamente el mundo del trabajo de la mano de la IA. Esto es la barbarie”. “Frente a ese modelo de ley de la selva, lo que estamos señalando justamente es tener un instrumento normativo de mínimos con capacidad de desarrollo de normas propias, para que tengamos la posibilidad de tener normas laborales, derechos humanos y competencia leal entre las empresas”, argumentó en Suiza.

“Sin normas, es una organización inane frente a los grandes cambios digitales y verdes que tenemos la obligación de gobernar”, clamó la vicepresidenta segunda, quien ahondó en que la OIT no se puede convertir en mera “mercancía”. Asimismo, quiere poner en el centro del debate de la OIT la regulación de la IA y de la digitalización que está trastocando el mercado laboral.

Díaz va a la carrera, como dicen en su equipo, con su trabajo como mejor aval: la subida sin precedentes del salario mínimo interprofesional, la aplicación del sistema de los ERTE que salvó miles de puestos de trabajo durante la pandemia, una reforma laboral que ha demostrado que se puede crecer mejorando la dignidad de los trabajadores y un número récord de más de 22 millones de empleados en el país. La vicepresidenta segunda se puede convertir en la primera mujer en dirigir la OIT, una organización fundada en 1919.

Planas busca recuperar la FAO para un europeo

España también lleva tiempo trabajando para que el ministro de Agricultura, Luis Planas, se haga con la FAO. La elección se producirá en verano del año que viene, pero el Gobierno ya ha arrancado los trabajos diplomáticos, que están encabezados por el titular de Asuntos Exteriores y de Cooperación, José Manuel Albares.

El propio Albares ha explicado durante estas semanas la filosofía de este movimiento: “Es una candidatura española, pero que tiene vocación europea y es también un reflejo de la creencia que tiene España en el multilateralismo y en Naciones Unidas en momentos en que la seguridad alimentaria es algo absolutamente fundamental”.

Esa vocación europea de la candidatura también se debe a que la FAO no está en manos de un dirigente de este continente desde 1975. Por eso, varios países de la UE trabajan para hacerse con la FAO tras el mandato del chino Qu Dongyu. España intentó sin éxito lograr ese puesto en 2011 a través del exministro de Asuntos Exteriores Miguel Ángel Moratinos. Planas podría competir en esta batalla con el irlandés Phil Hogan y el italiano Maurizio Martina.

El Gobierno confía en el abultado currículum de Planas, que es ministro del ramo desde que llegó Pedro Sánchez al Palacio de la Moncloa tras la moción de censura de junio de 2018. Asimismo, ha ocupado cargos como embajador de España en Marruecos y ante la UE, lo que le ha permitido forjar aliados a nivel internacional durante décadas.

La lucha europea por el BCE

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Y España también va a librar una de las grandes batallas continentales: la Presidencia del Banco Central Europeo. El Gobierno respaldará finalmente a Pablo Hernández de Cos, exgobernador del Banco de España y actual director gerente del Banco Internacional de Pagos (BIS), que es uno de los grandes favoritos entre los expertos para suceder a Christine Lagarde.

Hernández de Cos cuenta con el apoyo de los dos grandes partidos, algo casi utópico en mitad del clima de polarización política, y encabeza quinielas como las del Financial Times. A favor de su candidatura está su marcado perfil técnico, además de presentarse como un pragmático entre los halcones y las palomas. España tendrá que competir duramente con Francia y los Países Bajos, que ansían ese puesto, pero Moncloa confía en que se premie, entre otros aspectos, la buena marcha de la economía nacional.

La diplomacia española no para. Con Sánchez a la cabeza. A pesar de que queda menos de un año para que acabe la legislatura, el Gobierno quiere atar algún gran puesto más a nivel internacional. Todo en un momento de auténtica incertidumbre internacional y en el que se juega el nuevo orden mundial. Y en el Ejecutivo esperan marcar algún gol más, como ya hicieron con Teresa Ribera como vicepresidenta de la Comisión Europea y con Nadia Calviño al frente del Banco Europeo de Inversión.

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