Algo se mueve en el bloque de investidura: el efecto mariposa que puede acercar a los socios a Sánchez

Ni un sudoku ni un puzle. Las metáforas se quedan cortas para definir la aritmética parlamentaria en el Congreso. Desde la propia noche del 23J, el campo de juego de las Cortes se fragmentó en muchas capas tectónicas. Unas se mueven, otras se solidifican, algunas zarandean. Y la legislatura, siempre en estado de ebullición… o de congelación.

En mitad del ruido y de la enorme crispación por la crisis ferroviaria por los accidentes de Adamuz y de Gelida (Barcelona), se están percibiendo algunos movimientos que hacen que el Gobierno, siempre apelando muchísimo a la prudencia, detecte que hay todavía mimbres para seguir adelante y para tirarse a la piscina de los presupuestos generales del Estado.

Hay dos factores siempre desestabilizadores para el Ejecutivo: Podemos y Junts. Y encajarlos para la ecuación siempre es complicadísimo. Pero ahora mismo se dan unos movimientos que hacen confiar al Gobierno que se puede engrasar la maquinaria: la aprobación de la regularización extraordinaria de extranjeros ha sido un tanto a favor de Podemos, que, como efecto rebote, puede llevar a que los morados puedan terminar apoyando a futuro la delegación de competencias de migración a la Generalitat, un acuerdo entre el PSOE y Carles Puigdemont que duerme ahora en un cajón. Efecto mariposa.

Podemos recobra fuerza

La regularización de migrantes se ha convertido en un gran éxito político para Podemos, después de que el PSOE llevara meses paralizando la tramitación de la iniciativa legislativa popular que pedía ese decreto. Finalmente, el Ejecutivo se ha lanzado a acordar esta medida, sin que ni siquiera tenga que pasar por el Parlamento. Y, además, La Moncloa ha decidido darle todo el protagonismo a los de Ione Belarre y dejarles que capitalicen este plan frente a otros socios que habían empujado en la misma dirección.

En Podemos niegan que eso signifique que ahora vayan a volver al bloque de investidura con un cheque en blanco y siempre apelan a que ellos negocian políticas valientes frente al inmovilismo que domina, a su juicio, la coalición entre el PSOE y Sumar. Lo que sí supone es allanar el camino para negociar de nuevo la delegación de competencias a la Generalitat en materia de migración. Los morados insisten en que están dispuestos a hablar sobre el texto, pero también advierten de que no pasarán por el aro de una proposición con tintes xenófobos como, en su opinión, tenía la anterior. Además, recalcan en la formación que ellos no están en contra de lo que es la transferencia en sí misma.

Ahora esa proposición de ley podría reactivarse porque los posconvergentes están dispuestos en estos momentos a volver a retocar el preámbulo y aspectos del texto que en su día tumbó la Cámara Baja. De momento, no ha habido contactos entre las dos formaciones. Los soberanistas también apelan a un cambio de tono de Podemos, ya que en las anteriores reuniones, según los independentistas, los morados se dedicaron a llamarles "racistas".

El factor catalán

Con Junts, las negociaciones están rotas. Pero el bloqueo no es total de la legislatura. De hecho, esa ambivalencia se vio este martes cuando los de Carles Puigdemont tumbaron, de la mano del Partido Popular y de Vox, el decreto con el escudo social, mientras que sí dieron su voto a favor del decreto de ayudas al transportes (a pesar de las duras palabras contra el ministro Óscar Puente por Rodalies).

La situación de Rodalies ha unido a ERC y a Junts a pedir la dimisión de Puente, aunque no amenaza, por ejemplo, con que pueda caer el apoyo general de los republicanos a las iniciativas del Ejecutivo. En este contexto de crisis en Cataluña, lo que más preocupa a varias fuentes del Gobierno es la fricción que se ha producido entre los socialistas catalanes y el Ministerio de Transportes, que, por el momento, ya ha supuesto el cese de dos cargos medios.

Ahora mismo el Gobierno se enfrenta, además, a la situación de resolver el ‘no’ del Congreso al decreto del escudo social, que conllevaba la subida de las pensiones (un 2,7% de manera general). El Ejecutivo no ha especificado cómo lo va a hacer, pero espera presentar de nuevo otro texto en el que haya también otras medidas sociales y que salga en segunda vuelta como sucedió el año anterior. “Habrá una solución”, indica un ministro del núcleo duro del Gobierno, que también insiste en que durante estas horas hay que señalar al PP por rechazar esas medidas sociales.

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Dentro de este complejo escenario, Podemos también marca perfil con esa regularización de migrantes en un momento de fragmentación de las izquierdas, que van en hasta tres listas en Aragón para el 8F (IU-Sumar, Podemos-AV y Chunta Aragonesista). Y, además, tampoco se ha logrado un acuerdo para que haya una papeleta única en los comicios de Castilla y León para el 15 de marzo.

El Gobierno no tira la toalla con los presupuestos

A pesar de las grandes dificultades, el Ejecutivo sigue mandando la señal de que va a cumplir la promesa de presentar los presupuestos generales. La idea es que sea la propia María Jesús Montero quien los lleve al Consejo de Ministros antes de que deje el Gobierno para presentarse a las elecciones en Andalucía, que tienen que celebrarse el próximo mes de junio. Hay formaciones que dicen que están dispuestas a pactar esas cuentas como ERC, BNG y EH Bildu.

Fuentes del Gobierno insisten en que la regularización es un “muy buen paso” también políticamente porque puede ayudar a recomponer las mayorías de cara los presupuestos y que, también, puede servir para que salga la delegación de competencias y Junts pueda apoyar también el nuevo sistema de financiación autonómica, que no cuenta ahora mismo con los votos suficientes. Otro movimiento en cadena. La legislatura sigue.

Ni un sudoku ni un puzle. Las metáforas se quedan cortas para definir la aritmética parlamentaria en el Congreso. Desde la propia noche del 23J, el campo de juego de las Cortes se fragmentó en muchas capas tectónicas. Unas se mueven, otras se solidifican, algunas zarandean. Y la legislatura, siempre en estado de ebullición… o de congelación.

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