MENORES MIGRANTES

Pilar Alba, voluntaria en Ceuta: “La izquierda está haciéndose eco de discursos de extrema derecha”

Un niño sentado en un campamento improvisado en Ceuta.

Las imágenes de la crisis humanitaria en Ceuta han dado la vuelta al mundo. Miles de personas, incluidos niños y niñas, siguen atrapadas en la ciudad autónoma casi tres semanas después de cruzar la frontera. Las asociaciones y ONG que trabajan en el terreno denuncian condiciones infrahumanas y falta de respuesta institucional y aseguran que existe una dependencia de la respuesta vecinal para sostener la vida de estas personas migrantes.

Los vecinos “están llevando a cabo un registro de todos los niños y niñas, que hace 10 días llegaba a 4.000”, asegura Catalina Perazzo, directora de Influencia y Desarrollo Territorial de Save The Children. Otras fuentes más conservadoras hablan de más de 3.000. Esta desprotección preocupa especialmente en el caso de las niñas, que, ante las alertas por violencia sexual en Ceuta, se encuentran en una situación de extrema vulnerabilidad: “No tienen un techo, con suerte están en algún campamento improvisado o informal, y no tienen condiciones de higiene”, expone Perazzo.

Asociaciones y movimientos que trabajan sobre el terreno, como EXMENAS, No Name Kitchen o Elín, denuncian en sus redes sociales el abandono institucional. También lamentan el uso de esta crisis humanitaria como arma política, tanto desde la derecha como desde la izquierda. Pilar Alba Díaz, voluntaria de la Asociación Elín, explica a infoLibre la situación de las personas migrantes en Ceuta, especialmente la de los menores. 

¿En qué condiciones están viviendo estos menores migrantes?

Hay varios espacios. Por una parte, hay naves donde viven familias y menores en colchones y se hace reparto de comida, en gran medida organizado por asociaciones vecinales y colectivos de Ceuta. También hay muchas personas en la calle porque no caben en esas naves, sin ni siquiera poder filiarse y atender de manera individualizada su situación.

Luego hay muchos menores en los bosques y en los alrededores de las playas, donde es más difícil el acceso. La mayoría tienen 16 y 17 años y son los que más miedo están teniendo, porque saben que a los que son más pequeños sí les están filiando y sí están entrando a recursos, pero ellos no.

Nosotras hemos estado intentando hacer un registro. En el caso de las niñas, hacemos un seguimiento de algunas que presentan una especial vulnerabilidad, entre ellas varias que nos comentaban haber sido violadas o abusadas.

Desde la asociación denuncian abandono institucional.

Totalmente, sí. Nosotras no recibimos subvenciones ni ayudas. Nuestro trabajo aquí, que lleva siendo el mismo durante 26 años, siempre ha consistido en denunciar las vulneraciones de derechos humanos. En muchas ocasiones, esta denuncia también implica poder decir a la Administración y a las autoridades qué no se está haciendo o qué se está haciendo mal

Como entramos en contacto con las personas que están y siguen en situación de calle, intentamos organizarlas por países, hacer un escrito e ir con los representantes de estos países a una reunión a la Delegación de Gobierno para que ellos estén presentes. En esta ocasión, la respuesta ciudadana y social es muy compleja. Ahora las personas migrantes tienen muy complicado poder caminar por el centro de la ciudad, porque muchas de ellas son agredidas, y nosotras también.

En muchas ocasiones, cuando hemos acompañado a alguna persona al hospital o cuando hemos ayudado a alguien o simplemente cuando estamos hablando con alguna persona, ciudadanos de aquí nos increpan, nos insultan y nos preguntan por qué estamos haciendo esto. 

Periodistas y políticos de extrema derecha han publicado vídeos increpando a migrantes en Ceuta. ¿Lo relaciona con la violencia que cuenta?

Entendemos y vemos cuál es la tensión que existe entre la propia ciudadanía, y no es otra que esa impotencia, intranquilidad y preocupación ante el abandono institucional. Si desde el primer momento se hubieran habilitado espacios y más plazas, la situación no habría llegado hasta este punto, y seguramente el enfrentamiento habría sido mucho menor. Pero desde las propias instituciones el mensaje que se está dando es de rechazo a las personas migrantes, de falta de respeto a los derechos humanos. 

Hay políticos, y me da igual de qué “tinte”, porque también las personas de izquierda están compartiendo y haciéndose eco de discursos de extrema derecha, hablando del retorno de todas las personas y de que no se acepten estas solicitudes de asilo. Todo eso es completamente ilegal.

España está dentro de unos tratados internacionales y somos firmantes de normas europeas y nacionales que obligan a respetar estos procesos. Entonces, nos llama mucho la atención que no sea sólo la extrema derecha la que se esté haciendo eco de esto y vendiendo un discurso de rechazo y de racismo. No tiene cabida en una sociedad como esta.

¿Cuáles son las expectativas desde la asociación?

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Pues expectativas tenemos pocas, basándonos en la realidad, en el tiempo que está pasando y los medios que se están utilizando. De esta manera, cualquier cosa que se haga es una buena noticia. Sabemos que se van a habilitar algún recurso más, porque así lo han anunciado, tanto para menores como para mayores. Aún así, son recursos completamente temporales en los que sabemos que va a haber hacinamiento.

Luego, lo que nosotras esperaríamos y consideramos muy importante es que se vayan atendiendo poco a poco aquellas solicitudes de asilo y los casos de las personas más vulnerables, y que se hagan trasladados a la Península.

Además, en el caso de que se realicen devoluciones, pedimos que todas ellas cumplan con las garantías legales y, en el caso de los menores, que se lleve a cabo una reagrupación familiar si ellos así lo desean. Pero, si no se reúnen esas condiciones o eso no respeta el interés superior del menor, que el Gobierno asuma su cuidado y protección. 

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