CEUTA

El viejo manual del odio vuelve a activarse en Ceuta

Concentración frente a la sede de la Delegación del Gobierno en Ceuta con lemas racistas.

La maquinaria del bulo, los discursos de odio y la retórica racista se dispararon en redes sociales este mes de julio, tras la entrada masiva de migrantes en Ceuta. Son las conclusiones del informe mensual elaborado por el Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia (Oberaxe), publicado poco después de las expresiones más graves de ese odio en las calles de la ciudad autónoma. El análisis que se desprende de la evaluación en el plano digital no es en realidad una anomalía, sino que sigue una dinámica ampliamente estudiada dentro y fuera de nuestras fronteras: las crisis humanitarias como pretexto para desplegar un arsenal de odio sin complejos contra las personas migrantes.

A lo largo del mes de julio, según el informe del observatorio estatal, se detectaron un total de 57.406 contenidos vinculados a discursos de odio y narrativas discriminatorias en redes sociales. Tan solo un mes antes, la cifra era de 40.800. El aumento se produce, tal y como detallan sus autores, "principalmente por los picos registrados los días 30 y 31 de julio tras la entrada de migrantes a Ceuta". En esos dos días, fueron detectados 9.590 mensajes de odio en redes.

Objetivo: criminalizar al migrante

El fenómeno no es nuevo y ha sido foco habitual de análisis, especialmente a partir de la crisis humanitaria que hace una década atravesó Europa. En aquel momento, la Agencia de los Derechos Fundamentales de la UE (FRA) se propuso situar la lupa precisamente en el aumento de los discursos de odio en 14 países, como respuesta a la llegada masiva de refugiados que huían de territorios en conflicto. El informe Current migration situation in the EU: hate crime, publicado en noviembre de 2016, documentó un aumento sostenido de ataques dirigidos a la población migrante en el grueso de los territorios analizados. Aquel año se registraron incidentes contra alojamientos que daban refugio a solicitantes de asilo, agresiones violentas y otras expresiones racistas vinculadas, en gran medida, a los discursos de extrema derecha.

Alemania se convirtió en el epicentro del odio, pero otros países fueron igualmente escenario de episodios violentos, incluidos incendios contra centros de migrantes, vandalismo y amenazas. Los ataques contra centros de acogida se quintuplicaron en Alemania; los delitos de extrema derecha y xenófobos crecieron un 54,1% en Austria y los incidentes de odio por origen étnico en Finlandia alcanzaron en 2015 su pico, aumentando un 46,16% respecto al año anterior. En territorios como Países Bajos o Francia, las mujeres musulmanas se perfilaron como unos de los principales focos de un odio creciente en todo el continente: la islamofobia. 

La violencia, además, se hizo extensiva a todo aquel que defendiera los derechos de las personas migrantes. Políticos, periodistas, voluntarios y organizaciones sociales se convirtieron así en objetivo, tal y como recalca el citado informe. En algunas localidades alemanas, determinados representantes públicos llegaron a abandonar sus cargos como consecuencia de un clima de hostilidad creciente jaleado por la extrema derecha que alcanzó su máxima expresión con el apuñalamiento de Henriette Reker, candidata a la alcaldía de Colonia (Alemania), por su política de asilo.

Redes sociales, bulos y violencia

El análisis del grupo europeo de expertos ya apuntaba entonces a las redes sociales como una herramienta útil para la difusión de discursos de odio. "Algunos informes señalan la existencia de un discurso de odio generalizado contra los solicitantes de asilo y los migrantes en internet en países como España o Italia", si bien lo cierto es que en aquel momento resultaba "casi imposible cuantificar dichos incidentes" y se revelaba "extremadamente difícil para la policía y las autoridades judiciales investigar y enjuiciar a los responsables". En el plano digital comenzó a normalizarse un discurso que tildaba a los refugiados de "ratas", "escoria" o "violadores", una retórica que venía acompañada de algo mucho más peligroso: la llamada a la acción. Entonces, redes como Facebook figuraban como espacios de coordinación empleados por grupos violentos para organizar sus movimientos. 

El motor de la movilización se alimentó ya entonces de relatos basados en bulos, imprecisiones y falsedades. El proyecto alemán Hoaxmap nació precisamente entonces para documentar rumores falsos sobre los refugiados que llegaban al país. Los instigadores de odio hablaban de beneficios económicos, subvenciones de bienvenida, robos frecuentes en supermercados y violencia sexual encubierta por la policía. 

Y después de los bulos, llegó la violencia. A mediados de 2015, Tröglitz (Alemania) se convirtió en escenario de frecuentes movilizaciones racistas que terminaron en el incendio provocado en un edificio destinado a alojar a cuatro decenas de solicitantes de asilo, un ataque extremadamente cruel que se reproduciría centenares de veces aquel año en el país germano, pero también en otros como Suecia.

La respuesta solidaria se diluye

El discurso ultra avanza en Ceuta y amenaza la convivencia

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El informe anual que en el año 2015 confeccionó la Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia (ECRI) describía una evolución similar a la que se registra hoy en la ciudad autónoma de Ceuta. Primero, tiene lugar una respuesta solidaria ante la llegada de migrantes, con un movimiento encajado en el marco de la conocida como cultura de la bienvenida. Pero a medida que la crisis humanitaria avanza, los discursos ultras comienzan a calar, la capacidad de los países para gestionar la llegada de migrantes es puesta en tela de juicio y las voces xenófobas toman las riendas

El documento constata igualmente una radicalización de los discursos políticos que tiene efectos materiales: el endurecimiento de las condiciones y políticas de acogida. Esta deriva en el plano político, perfila el análisis europeo, tuvo un impacto directo a la hora de apuntalar un clima abiertamente hostil con las personas migrantes. Y es así como las posiciones extremas dejan de ser marginales. El informe mira hacia Alemania para detenerse en este punto, asegurando que si bien las primeras expresiones violentas se circunscriben casi exclusivamente a la ultraderecha, conforme avanza el tiempo empiezan a ser protagonizadas también por "residentes locales sin afiliación a organizaciones políticas concretas". 

A principios de agosto, los vecinos ceutíes salían a la calle para manifestarse contra los discursos de odio, capitalizados por líderes políticos y mediáticos de extrema derecha. Aquella expresión de solidaridad y contención del odio, sin embargo, se ha ido desgastando con el paso de los días. Casi un mes después, el discurso xenófobo y violento ha ganado terreno. Ahora son protestas ultras las que recorren la ciudad autónoma. Y a ellas les siguen ya los primeros incidentes y ataques contra migrantes, incluyendo los provocados por las llamas que hace apenas unos días devoraron uno de los campamentos improvisados donde decenas de personas luchan por sobrevivir.

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