Llueve violencia en Ceuta Pedro Vallín
Hace unos días Núñez Feijóo habló de que el Gobierno estaba haciendo ingeniería electoral, y para ello utilizó de forma interesada algunos datos para afirmar que desde 2019 a 2025 había crecido el número de personas nacidas en el extranjero hasta 4 millones. Y continuó afirmando que ahora, con el último proceso de regularización, se unían a esa cifra 1,3 millones, cuando en realidad la mayoría de las solicitudes ya forman parte de los 4 millones, y que con la “ley de nietos” se le daría la nacionalidad a 2,4 millones de descendientes de españoles y españolas, aunque de momento sólo se han gestionado unas 550.000 solicitudes. Total, que según sus cuentas, y mezclando nacionalidad con regularización, de aquí a poco habrá un total de 7-8 millones de extranjeros, ante lo cual concluyó que eso “no hay país que lo resista desde el punto de vista social, desde el punto de vista del bienestar y desde el punto de vista cultural”.
Días después, el expresidente José Mª Aznar reclamó una “mayoría nacional para echar a Sánchez”, y de nuevo jugó con la idea de defender lo nuestro y lo propio al hablar de conseguir “una amplia mayoría centrada con capacidad de convocatoria a derecha y a izquierda”. La idea es similar a la que propuso la eurodiputada del PP Alma Ezcurra, que pidió poner en marcha una “reconstrucción nacional” para revertir la “decadencia que han provocado los mandatos de Pedro Sánchez”.
Toda la estrategia de la derecha y ultraderecha está muy clara, y lo que pretende es llevar a cabo un proceso de ingeniería cultural sobre el que aglutinar el número suficiente de votos para alcanzar el gobierno, y para ello recurre a los argumentos que más amenaza generan en la población, que no son la vivienda, la subida de los precios o el paro, sino los extranjeros y la triple referencia a ellos como amenaza para la seguridad ciudadana por venir a robar y violar, como amenaza cultural que puede acabar con nuestras tradiciones y creencias, y como amenaza social para hacer de los españoles una minoría debido al mayor número de hijos e hijas en las familias extranjeras. En definitiva, sacan de nuevo la “teoría de la suplantación” que tanto moviliza a la gente, y para ello necesitan insistir en lo identitario con el objeto de que esa confluencia venga de gente de derechas y de izquierdas.
La manipulación de toda esta estrategia es tan obvia que, al margen de la falsedad y el uso interesado de los números utilizados, lo que no ha tenido en cuenta en su planteamiento es que si se consultan los datos del INE sobre el número de personas extranjeras que han abandonado España en el periodo citado por Feijóo. Se estima que entre 2,5 y 3 millones de extranjeros se fueron de España por diferentes motivos (personas que regresaron definitivamente sus países, trabajadores temporales que volvieron al finalizar su trabajo, estudiantes internacionales que finalizaron sus estudios, personas que se trasladaron a otro país de la UE, y migrantes que miraron a un tercer país…).
Los estudios demográficos sobre movilidad internacional también sitúan que el número de personas extranjeras que regresa a su país está entre 1,7 y 2,1 millones, por lo que sí se unen las otras razones que suponen una salida de España, tenemos una cifra de personas extranjeras que vuelven a su tierra de origen alrededor de los 3 millones.
Feijóo suma, pero no resta porque el objetivo no es abordar una determinada situación, sino instrumentalizarla para conseguir la ‘amenaza cultural’
Todo ello indica que Feijóo suma, pero no resta porque el objetivo no es abordar una determinada situación, sino instrumentalizarla para conseguir la “amenaza cultural” que llene sus filas de soldados dispuestos a alistarse en su “guerra cultural”, que es el verdadero núcleo de esa acción política dirigida a afianzar sus posiciones sobre la idea de “orden”, y presentar las políticas transformadoras de la izquierda como un ataque y un caos.
La necesidad de abordar el debate cultural desde la izquierda, y de mostrar el proceso transformador que lo ha caracterizado a lo largo de la historia es esencial. No basta con adoptar medidas que corrijan las injusticias androcéntricas, es más, muchas de ellas no serán asumidas como propias por la ciudadanía sin una conciencia de su significado y un sentido de oportunidad. Sin ese efecto pedagógico y de concienciación un gran número de estas iniciativas se presentan como un ataque que facilita que muchas personas lo vean de tal modo. Lo comprobamos a diario cuando las iniciativas contra la violencia de género se presentan como un ataque a los hombres, a la familia, a los padres, a los abuelos… y a cualquier cosa o persona que puedan utilizar para criticar las necesarias medidas contra la violencia que sufren las mujeres.
Hoy los mensajes conservadores y androcéntricos cuentan con la receptividad de una sociedad de influenciables creados para que los mensajes culturales sean aceptados y priorizados ante cualquier otra propuesta, gracias a la “ingeniería cultural”. Si no entendemos las circunstancias que definen hoy la realidad no podremos avanzar en ella ni superar sus trampas, menos aún en una realidad polarizada cuyos polos cada día se alejan más por el efecto de las redes.
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Miguel Lorente Acosta es médico y profesor en la Universidad de Granada y fue Delegado del Gobierno para la Violencia de Género
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