Turismo de tragedias

Una imagen típica del verano en nuestro país: una pareja disfruta de un día de playa con su nevera bajo la sombrilla. La única diferencia es que unos metros más allá se puede ver el cadáver de un inmigrante en la orilla después de naufragar su patera intentando llegar a nuestro país.

La, tristemente, famosa foto del gran Javier Bauluz formaba parte de un reportaje fotográfico con un nombre escalofriante: “Muerte a las puertas del paraíso”. Y ni siquiera era la imagen más impactante de las que tomó. 

En esa misma serie había una fotografía de unos guardias civiles llevando el féretro por la arena de uno de los fallecidos mientras al fondo, en la orilla, una pareja juega a las palas ajena a la tragedia.

Hablamos del año 2000, cuando –inocentes de nosotros– pensábamos que ese era el top de inhumanidad de nuestra sociedad. Probablemente esos mismos turistas hoy, 26 años después, no sólo seguirían disfrutando de su día de playa, seguramente insultarían o intentarían echar de la playa a los pocos supervivientes de la tragedia mientras corean insultos contra el presidente del Gobierno.

Nos quedamos muy cortos. Como diría Groucho, ese gran marxista: “La humanidad, partiendo de la nada y con su solo esfuerzo, ha llegado a alcanzar las más altas cotas de miseria”. No quiero ni pensar en las cotas que puede alcanzar la miseria en el próximo cuarto de siglo.

En el presente ya estamos viendo como compatriotas nuestros bloquean la ayuda de la Cruz Roja para repartir alimentos o queman las pocas posesiones que les quedan a quienes intentan salir de la miseria de su país. Al más puro estilo sionista. Israel, capital Ceuta.

Unos hechos violentos, gravísimos e inhumanos azuzados y celebrados por los mismos que criticaban al PNV y su relación con la violencia a partir de la frase de Arzalluz: “Unos mueven el árbol y otros recogen las nueces”.

No ha querido faltar a este akelarre José María Figaredo, de Vox y familiar de los Rato de toda la vida, que supongo que ha sido elegido por el partido como experto en miseria por parte de familia y que pidió “cazar uno a uno” a los inmigrantes que entraron de forma irregular en Ceuta.

No contentos con estas incitaciones a la violencia, los partidos de la ultraderecha en la oposición están poniendo de moda un nuevo tipo de turismo: el “turismo de tragedias”. Ya lo dijo ese ideólogo popular M. Rajoy: “Cuanto peor, mejor para todos y cuanto peor para todos mejor, mejor para mí el suyo beneficio político”.

No hacen asco a cualquier drama que pueda ayudarles a alcanzar el Gobierno. De un incendio a un drama con inmigrantes, todo vale para salir en la foto. Casualmente justo lo contrario de lo que hacen cuando tienen responsabilidades, el estilo “Mazón”.

El último y más ilustre “turista de tragedias” ha sido José María Aznar; nunca visitó Ceuta durante sus mandatos pero esta vez no ha querido perderse la posibilidad de sembrar odio

Incluso llevan el outfit adecuado para cada tragedia: pantalones cortos, camisas remangadas como de ponerse manos a la obra y hasta chalecos de emergencia personalizados.

El último y más ilustre “turista de tragedias” ha sido nada menos que José María Aznar, un expresidente del Gobierno que nunca visitó Ceuta durante su presidencia pero que esta vez no ha querido perderse la posibilidad de sembrar odio, reiterar su mensaje de mano dura con los que menos tienen y así poner un broche de oro a su espectacular lista de miserias morales.

Lo hacía acompañado de su mujer, Ana Botella, que esta vez sí ha querido estar cerca de la tragedia, no como cuando murieron en el Madrid Arena tres jóvenes en un edificio sin licencia municipal y siendo alcaldesa se marchó sólo unas horas después a un spa de lujo en Portugal. Prioridades.

Pero no ha sido el único practicante de esta nueva modalidad turística. En esta tragedia se han juntado en Ceuta: neonazis, Abascal –valga la redundancia–, activistas ultras que se hacen pasar por periodistas, Ana Rosa –valga otra vez la redundancia–. Lo mejor de cada casa.

Y, por supuesto, no ha querido perderse esta orgía de la inhumanidad otra de las instituciones famosas por estar siempre enfrente del lado correcto de la Historia: la Iglesia católica. Un sacerdote de Ceuta, en la línea de la ya tristemente famosa "prioridad nacional", aboga por la caridad nacional: “atender antes a su prójimo, el ceutí, que al que no lo es”.

Lo último en este “turismo de tragedias” es una flotilla de embarcaciones privadas de clubes náuticos y puertos deportivos que desde la Costa del Sol y organizadas, por nada menos, que nuestros Blases de Lezo del siglo XXI (Marcos de Quinto y Amalio de Marichalar) llevarán ánimos, bronceados, solidaridad en náuticos sin calcetines, lujo y glamour a los ceutíes que lo necesiten. 

Una excursión solidaria sobre todo con los establecimientos de hostelería de lujo de la ciudad y que cuenta con: amarre gratuito, cena de bienvenida “cortesía de la ciudad” y recepción con autoridades y personalidades de Ceuta. 

Pla-na-zo para cerrar las vacaciones estivales.

Lo que me extraña es que no haya aparecido por allí Victoria Federica para dar empaque a la fiesta del final del verano.

Suponemos que habrá sido por no haber llegado a un acuerdo sobre su millonario caché como influencer.

El verano va terminando pero me temo que el turismo de tragedias no tiene temporada baja.

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