El futuro ya está aquí para que lo escribamos

“Vengo del futuro, no caigan en la trampa”, dijo (no es literal) la actriz Dolores Fonzi al recoger su premio Goya. Se refería a que venía de un país en donde ya gobernaba la ultraderecha y ya era perceptible el desastre que estaba provocando, el destrozo de las condiciones de vida y de la misma democracia. La advertencia no surtirá efecto y es posible que no haya otro antídoto que tomarse la vacuna, es decir, beber del invento hasta vomitar. Ahora vemos por las redes a antiguos votantes de Milei quejándose de que este ha empeorado las condiciones de vida de los más vulnerables…(?).

El futuro ha llegado a Andalucía, a Valencia y a otros lugares en los que Vox ha entrado en los gobiernos. En un año en el que ya tenemos 30 asesinatos, y en la Comunidad con las cifras más altas de violencia machista, el PP nos muestra su cara más reaccionaria y también lo que nos espera. El futuro ha llegado a Andalucía de la mano de su moderado presidente de la perenne sonrisa, Moreno Bonilla, que ha cedido importantes competencias sobre violencia de género a Vox y, además, ha nombrado a un hombre como responsable del Instituto Andaluz de la Mujer.

El PP pone al frente de la valoración de la violencia machista a quienes la niegan y a quienes quieren derogar las medidas que ayudan a combatirla. Pero, en realidad, Vox lleva años diciendo eso, no engaña a nadie. Lo más reseñable de esta decisión (además de lo que significa para la vida de tantas mujeres) es la inmensa hipocresía del PP en este, como en otros temas, y el nivel de confianza que merecen sus declaraciones a favor de la democracia y los derechos humanos. Más o menos como cuando Milei decía que todo iba a ir mejor.

Resumamos: la violencia contra las mujeres les importa un bledo y siempre les ha importado un bledo, son unos farsantes. Son unos farsantes porque todo lo que ahora están dispuestos a derogar si Vox lo pide, se aprobó con su voto favorable, desde las leyes de Igualdad, a las leyes contra la violencia. También les ocurre lo mismo con las leyes trans o LGTB. Hace poco más de un año el PP estaba firmando el Pacto de Estado contra la Violencia de Género, del que ahora, como poco, tendría que ser expulsado. Tendría que ser expulsado, en realidad, de cualquier foro en el que se hable de esta violencia de la que ya han dejado claro que es para ellos un comodín que usar según les convenga. En esta lucha en la que todos los partidos hacen muchas cosas mal, en la que parece que nunca se está dispuesto a emplearse a fondo para combatirla, para al menos reducirla, no concibo nada más repugnante que otorgar poderes a Vox. No sólo porque pone directamente en riesgo real vidas humanas, sino porque es una burla a las víctimas. Una burla de una crueldad insoportable. Eso es el futuro. Y ya está aquí.

Este futuro infausto comenzó en EEUU con la victoria de un payaso delincuente como presidente y desde ahí se ha extendido al resto del mundo. Y ya tenemos payasos siniestros al frente de varios países, nadie se libra. Pero en el mismo lugar en el que se comenzó a escribir el peor de los futuros puede estar comenzando a escribirse uno mucho mejor con la victoria de Abdul El-Sayed, Angie Nixon, Peggy Flanagan o Aisha Wahab, un musulmán de origen egipcio, una mujer negra, una nativa americana, una afgana americana, todos jóvenes…

Desde 2016, en EEUU han sido elegidas (o han ganado las primarias del partido demócrata) entre 150 y 200 personas que se pueden considerar cercanas al ala izquierdista de Bernie Sanders

Aunque la situación tiene que ver con un momento concreto de crisis global del neoliberalismo, simbólicamente puede que todo comenzara cuando el mundo decidió mirar para otro lado ante el genocidio palestino. Pero otro futuro puede estar comenzando a escribirse cuando los candidatos dispuestos a llamar genocidio a un genocidio vencen a los candidatos untados de dinero por el lobby sionista; cuando candidatos que se llaman a sí mismos socialistas ya no dan miedo, sino que dicha denominación por el contrario les otorga votos; o cuando candidatos de distintos orígenes vencen en un país que ha hecho del odio al extranjero una marca para exportar a la ultraderecha mundial. La izquierda del partido demócrata, con sus victorias, nos demuestra que la gente corriente se está cansando de que nos cuenten que el genocidio en Palestina es algo que no nos incumbe o que hay que apoyar. La gente corriente se está cansando de machistas, de abusadores, de payasos enloquecidos, de miserables, de ultrarricos. La gente se está cansando de mentiras y comienza a exigir a sus políticos que hagan políticas que mejoren sus vidas, que no culpen a las minorías de lo que sólo tienen la culpa los ultrarricos y los mismos políticos con su inacción. Desde 2016, en EEUU han sido elegidas (o han ganado las primarias del partido demócrata) entre 150 y 200 personas que se pueden considerar cercanas al ala izquierdista de Bernie Sanders.

Estos políticos han cambiado la conversación política en su país y hay mucho que aprender de ellos. No entran en las conversaciones que propone la derecha, esto es: lucha contra el crimen, las personas trans son el diablo, hay que expulsar y tratar con dureza a todos los inmigrantes, las mujeres tienen que tener más hijos, la familia patriarcal es la columna vertebral de cualquier sociedad, Israel es un aliado indiscutible, etc. Por el contrario, prometen cosas como abrir supermercados baratos, escuelas infantiles, congelar los alquileres o sanidad pública. Prometen cosas grandes y pequeñas: más parques, espacios amables, pintar los desconchones del metro, medios de comunicación gratuitos en distintas lenguas… Y, por supuesto, impuestos a la riqueza. No son sólo políticos, son activistas que organizan o ayudan a organizarse a los vecinos y vecinas, a consumidores, a trabajadores. Y no aparecen solo cuando se trata de buscar el voto, sino que antes han tenido capacidad para crear un movimiento a su alrededor. Lo que está pasando en EEUU nos enseña que el futuro aun está en nuestras manos, en todas partes. Las victorias del partido de Mélenchon en algunas alcaldías francesas o el caso de Berlín, por ejemplo, donde una candidata de Die Linke, Elif Eralp, de origen turco, puede ser también la nueva alcaldesa, algo impensable hace muy poco.

Por ahora, y aquí, aprendamos del futuro que nos dibuja Moreno Bonilla con esa sonrisa que ya no tiene nada de amigable, sino que es tan despiadada como las bromas de Ayuso y su gracejo impostado. A Moreno Bonilla no le importan nada las vidas de las mujeres que están en riesgo, como nada le importaron las vidas de aquellas que se sometieron a su cribado de cáncer mal hecho, como no le importan a Ayuso los ancianos muertos en las residencias, ni la desgracia de quienes han sufrido los incendios de este verano. Mientras el fuego se expandía, ella ya estaba pensando en cómo decorar su nuevo ático y quién sabe si la gente se está cansando ya de tener como presidenta a una mentirosa que es un meme en sí misma pero que cada vez hace menos gracia. Quién sabe si el futuro nos enseñará que el Feijóo que firmó el Pacto de Estado contra la violencia de género en febrero de 2025 no puede ser presidente porque ha demostrado que venderá a quien sea y lo que sea con tal de ser presidente. Trabajemos por un futuro en el que los mentirosos paguen por sus mentiras y por sus crueldades, que no les salgan gratis.

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Beatriz Gimeno es exdirectora del Instituto de las Mujeres.

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