IGUALDAD
Estudiar la menopausia usando datos de hombres o cómo la ciencia no se libra de la mirada masculina
Cuando la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) se propuso situar la lupa sobre la menopausia, consideró importante estudiar los factores que influyen en la salud de la mitad de la población femenina. Quería evaluar los riesgos nutricionales que presentan las mujeres en esta etapa vital, analizar sus realidades y caminar hacia una mejora de los hábitos. Pero su objetivo quedó desvirtuado tras la publicación del informe resultante: parte de la información tomada como referencia provenía de una investigación hecha con varones, sin que esta especificidad fuera indicada explícitamente.
Este miércoles, tras la información publicada por elDiario.es, el Ministerio de Igualdad exigió una revisión del documento: "Esperamos que no se vuelva a repetir", advirtió la ministra, Ana Redondo. "Ya es hora de que las mujeres estén presentes en las agendas y en los estudios de salud y el cuerpo masculino deje de ser la referencia universal para todo, incluso para lo que tiene que ver con la menopausia", publicó en redes sociales.
La AESAN –un organismo autónomo dependiente del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030– ha solicitado a su Comité Científico la revisión del informe, "tras la objeción sobre el uso de datos correspondientes a estudios realizados en población exclusivamente masculina", indican fuentes oficiales a este diario. El organismo "reconoce la omisión de una advertencia sobre los datos utilizados" e insiste en "la necesidad de realizar investigaciones adicionales".
Estudios con varones
Fue una investigadora, miembro de la Asociación Española de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT), quien dio la voz de alarma. Sonia de Pascual-Teresa Fernández llegó al informe buscando ampliar conocimientos y se topó con una incongruencia manifiesta. "Vio que una de las tablas de los suplementos detallaba la referencia bibliográfica, así que la examinó y vio clarísimo que se había tomado de estudios realizados en algunos casos solo con hombres y en otros con población adulta mayor de edad". Lo explica Maite Paramio, presidenta de la AMIT.
Los datos, incorporados en la tabla cuatro del informe sobre ingesta recomendada de nutrientes, proceden de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). La diferencia es que el organismo europeo, la fuente original, sí explicita en su investigación que los resultados obtenidos provienen de haber estudiado a población masculina, poniendo de relieve la ausencia de estudios específicos en mujeres. La agencia española omitió esa información.
Paramio recuerda que la agencia estatal "no investiga como tal, sino que toma resultados de investigaciones y elabora informes", pero sí genera una suerte de doctrina, por lo que divulgar alrededor de la menopausia basándose en estudios que excluyen a las mujeres merece, cuanto menos, una aclaración. Lo contrario es, subraya en conversación con este diario, "incorrecto desde el punto de vista científico".
La mirada feminista
Ante la omisión de una información tan relevante, cabe preguntarse quién se encarga de revisar los informes antes de su publicación. La respuesta está en el Comité Científico de la AESAN. Se trata de un órgano asesor independiente, compuesto por una veintena de profesionales, la mayoría mujeres. El grupo asume las funciones de proporcionar "dictámenes científicos en materia de seguridad alimentaria y nutrición, definir el ámbito de los trabajos de investigación necesarios para sus funciones y coordinar los trabajos de los grupos de expertos".
Fuentes de la agencia defienden que el uso de la información procedente de la investigación europea cuenta con el aval de la institución que la elaboró e insisten en que se trata de una extrapolación matemática de rigor científico. No obstante, las mismas voces admiten la relevancia y pertinencia de incluir una aclaración informando de la letra pequeña.
Pero eso no será posible sin una mirada feminista verdaderamente integrada en los espacios de investigación científica. Ese es precisamente el vacío que busca cubrir la organización de mujeres investigadoras: auditar lo que se publica, vigilar que no existan sesgos de género y llamar la atención ante la ausencia de mujeres en el sector.
Ignorar a las mujeres
Carme Valls, especializada en medicina con perspectiva de género, entiende que la simple mención de que las cifras han sido obtenidas a partir de datos masculinos, habría bastado para contener la polémica. "Cuando tú no encuentras cifras en mujeres es importante decirlo, porque así sabes que después alguien más joven lo investigará", asiente al otro lado del teléfono.
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La especialista recalca que el impacto no es simplemente simbólico, ya que la agencia traza una serie de recomendaciones que "pueden ser mal utilizadas por los pacientes, los profesionales y la industria". Paramio añade que denota, además, una "falta de sensibilidad absoluta hacia este asunto", tradicionalmente ignorado por las investigaciones científicas. Y ese es, a su juicio, el epicentro del problema: la ausencia de estudios sobre la menopausia. "No hay nada", sentencia.
Lo cierto es que la extrapolación de datos de unas poblaciones a otras, explica la investigadora, es relativamente habitual. Pero añade un matiz: "Las afectadas siempre son las mujeres". Paramio recuerda que la ciencia no solo ha obviado sistemáticamente a las mujeres como sujeto de estudio desde un punto de vista metodológico, sino que ha ignorado, como campo de trabajo, los asuntos que más les afectan. Y de ahí que la menopausia esté en los márgenes, igual que ha sucedido hasta ahora con la endometriosis, cita la experta.
La única forma de revertir la situación, apuntala la entrevistada, "es insistiendo y demostrando que no solo es una injusticia, sino además contraproducente para la ciencia".