Llueve violencia en Ceuta

En Ceuta no se han producido altercados, ni disturbios ciudadanos, ni violencia racista. Al menos, en términos periodísticos. Porque la violencia no se produce. Es una de las lecciones primerísimas en las facultades del oficio nuestro, ceñirse siempre que sea posible a la estructura natural de sujeto, verbo, predicado. No somos aquí particularmente observantes, ya lo saben, de muchos de los mandatos totémicos del periodismo, como “las cinco uves dobles” (“qué, quién, cuándo, dónde y por qué”, según su grafía inglesa) o la llamada “pirámide invertida”, que consiste en jerarquizar el texto de lo más importante a lo más accesorio, de modo que si hay que cortar el último párrafo porque no cabe —cosa que ocurría a menudo cuando los diarios se hacían con linotipia (que no es una bajada de tensión sino una máquina que componía y fundía líneas de texto en plomo), por más martillazos que dieran los componedores para apretar la separación entre caracteres—, el responsable lo haga con la confianza de que nada relevante se va a perder.

Sujeto, verbo y predicado, no es difícil. Y a pesar de todo la pasiva refleja y otras formulaciones reflexivas o construcciones desagentivadas se están convirtiendo en habituales en titulares que relatan aconteceres. Se producen disturbios y se aprueban leyes; se investigan crímenes y se cancelan reuniones, el suelo de las grandes ciudades se recalifica por pura espontaneidad de carácter y se inauguran tramos de alta velocidad ferroviaria como brotan los hierbajos entre las baldosas de las ciudades, se queman los bosques cercanos a los pastos y se producen filtraciones en el Tribunal Supremo.

El sujeto de la violencia conjugada en Ceuta son grupúsculos ultraderechistas, la mayoría venidos desde la península con tal propósito, es decir, el modelo ya visto en los sucesos de Torre Pacheco (Murcia) de julio de 2025: unidades de escuadristas que acuden allí donde la convivencia peligra para instigar actos violentos tratando de que se extiendan y se conviertan en tumultuarios. No es nada muy novedoso, porque las policías de Occidente a menudo han usado la técnica de infiltrar agentes entre los manifestantes y desencadenar disturbios que legitimen la acción policial. Lo cierto es que ni los disturbios ciudadanos ni las cargas policiales se producen. Los producimos.

Llueve violencia fascista en Ceuta porque sin sujeto el periodismo hace desaparecer la política y sin política no hay nada. Ni siquiera periodismo

Pedro Vallín

En resumen, la fórmula para la situación de Ceuta era fácil. Por ejemplo: “Militantes violentos de extrema derecha atacan a los migrantes en Ceuta”. Como ven, el periodismo no es demasiado exigente en tanto género literario, aunque sea severo en lo que respecta a hacerse cargo de las consecuencias sociales de lo que hace.

La realidad de los asuntos humanos no es pasiva refleja, se despliega en voz activa, con paisanas y paisanos como agentes, y casi siempre con la naturalidad ordenada con la que construiría una oración un niño de primaria en su cuaderno de caligrafía. Los verbos que operan sin sujeto son muy pocos en castellano y básicamente se refieren a los meteoros como llover, granizar, nevar, tronar, orbayar (u orvallar), hacer (frío o calor), amanecer, atardecer, anochecer… y muy poco más. Obstarán ustedes que el origen antropogénico del brutal cambio climático que padecemos pone un sujeto culposo a esos verbos meteorológicos (la humanidad, el capitalismo feroz, la era termoindustrial, el vertiginoso aumento de la población o yo mismo, cuando tiro el brick de leche al contenedor del cartón en vez de echarlo al de envases y plásticos), pero han de considerar que la gramática cambia mucho más despacio que la temperatura del océano Pacífico. No se preocupen, que llegará el día en que podremos decir “la política industrial de Estados Unidos graniza sobre las naranjas valencianas”.

Lo cierto y grave es que el abuso de la pasiva refleja en el periodismo reciente, con la consecuente desaparición del sujeto, no es inocuo porque —aten cabos— convierte las noticias en meteorología. Es decir, afianza un mundo en el que las cosas ocurren sin que nadie las active y, consecuentemente y lo que es mucho más grave, sin que nadie pueda evitarlo o provocar otros acontecimientos. Dicho de otro modo, despolitiza las sociedades democráticas, que han de ser eminentemente políticas. Como ya hemos escrito, una sociedad democrática es sujeto de la historia y de la política, no objeto de ellas.

Si echan un ojo a la información económica verán que, debido a la hegemonía del dogma neoliberal desde hace décadas —en esta larguísima resaca a la espera de nuevos consensos menos ludópatas y toxicómanos—, han ido desapareciendo de los titulares los agentes económicos públicos y privados, como si el curso de la economía fuera el único posible, un accidente, un meteoro, el tic-tac de un reloj. Sin sujeto institucional, pues no hay margen para políticas públicas fuera de la ortodoxia, y sin sujeto privado, porque las empresas aparecen solo cuando anuncian resultados. Los precios suben como crece la hierba que levanta adoquines y los salarios bajan seguramente por la ley de la gravedad. En los titulares no hay compañías que aumenten sus márgenes ni empresas que despidan. El paro y el precio son sujetos neutrales, despolitizados, como los presupuestos, que al parecer “se reducen” o “aumentan” por sí mismos, o la cesta de la compra, que “se encarece” como el metal se oxida. Esa es la jerga desagentivada y tecnocrática que nos ha dejado la Escuela de Chicago.

El sujeto del titular de local es la anciana que “será desahuciada”, en voz pasiva, porque un desahucio es una penalidad propia de la edad y de la renta antigua, y no la consecuencia directa de la decisión de un juez a instancia de un fondo de inversión con nombre y, aguas arriba, de decisiones políticas muy concretas sobre el mercado de la vivienda. Como una mujer que “muere apuñalada en su cocina”, convertida en sujeto cuando debería ser objeto, porque ella no ejecuta nada, sino que recibe la acción del verbo y quien conjuga es un sujeto que casi nunca aparece hasta el segundo o tercer párrafo, faltaría más.

Cuando las cosas ocurren en lugar de ser consecuencia de la acción de alguien, la ciudadanía se convierte en un espectador pasivo ante una borrasca inevitable. Como las elecciones venideras, que ya están resueltas. Llueve violencia fascista en Ceuta porque sin sujeto el periodismo hace desaparecer la política y sin política no hay nada. Ni siquiera periodismo. “Un copo de nieve, una lluvia que llueve”. Nada de nada.

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