Tina Turner en Barcelona en 1979: una felina del rock que aullaba, como España, por una vida plena en libertad

Tina Turner en concierto en Barcelona en 1979.

Cuesta hacerse a la idea, pues la imagen que para la posteridad ha quedado fijada de ella a partir de los años 80 es la de una bestia escénica felina y salvaje —así la calificaron una y otra vez los cronistas, entregados a su causa— que arrasaba con todo a su paso, pero la Tina Turner de 1979 era una mujer en pleno proceso de liberación, emancipación y reconstrucción tras haber sido destruida en trillones de añicos por su exmarido, Ike Turner, de quien se acababa de divorciar después de dos décadas de éxito musical y una dictatorial relación de pareja basada en la dominación, la violencia y el abuso.

Asediada por las deudas y haciendo frente a una importante pérdida de estatus tanto económico como profesional, entraba así la artista, a los 40 años, en una nueva etapa vital en la intimidad, que la presentaba a su vez ante el público como una mujer fuerte, capaz de triunfar sin estar a la sombra de un hombre que, además, la trataba mal. La analogía con la España que salía de 40 años de dictadura franquista se hace sola, pues el país compartía entonces con Tina ese deseo innegociable de, efectivamente, liberación, emancipación y reconstrucción tras tanto tiempo de dominación, violencia y abuso.

Este sentimiento rupturista de hartazgo con un pasado de opresión era particularmente fuerte en Barcelona, ciudad siempre en lucha de amplia base progresista, donde en mayo de 1976 se habían celebrado en la universidad las Primeras Jornadas Catalanas de la Mujer —que congregaron a más de 4.000 asistentes y marcaron el gran inicio de la segunda ola del feminismo en España tras la muerte de Franco—, y que en junio de 1977 celebró en Las Ramblas la primera manifestación del Orgullo Gay de la historia española. Dos hitos históricos en un contexto contestatario y exigente de reivindicaciones sociales, movimientos vecinales y defensa de la clase trabajadora.

Así las cosas, tres años después del primer concierto de Patti Smith en España (20 de octubre de 1976 en el pabellón del Club Juventut de Badalona), y dos después del primero de Joan Baez (18 de noviembre de 1977 en el Palacio de Deportes de la Ciudad Condal), debutaba también en nuestro país Tina Turner, otra figura femenina referencial —tampoco había muchas más de ese nivel entonces—, el 24 de mayo de 1979, igualmente en el célebre Palacio de Deportes de Barcelona, recinto convertido en los 70 y los 80 en la más valiosa puerta cultural de nuestro país hacia el mundo exterior por la ingente cantidad de estrellas internacionales que por allí pasaron, dejando en el público la necesaria sensación de que, como cantaba aquel, los tiempos estaban cambiando.

También estaban cambiando para Tina Turner (nacida Anna Mae Bullock en Tennesee en 1939 y tristemente fallecida en 2023), quien buscaba su propio camino mientras atravesaba su particular travesía del desierto y presentaba por el mundo Rough (1978), su tercer disco en solitario y el primero después de su divorcio. Una transición en toda regla, de la que saldría reforzada —de nuevo esa analogía con la situación en España— poco después gracias al éxito mundial de Private dancer (1984), que la convertiría en la rutilante estrella del pop que ya nunca dejaría se brillar hasta el fin de sus días (y más allá).

Pero como nadie puede adivinar el futuro, esa parte de la historia todavía estaba por escribir en mayo de 1979, cuando se presentó en la Ciudad Condal con su gira Wild Lady of Rock y un repertorio que incluía una mezcla de versiones de rock, temas de su etapa con Ike y canciones de sus discos del momento, como el mencionado Rough y Love explosion (que vería la luz en noviembre de aquel año). El inicio del recital era la nada inocente The bitch is back, que daba paso a otras composiciones, casi todas ellas, a tenor de los títulos, con un profundo significado para la artista, como Hot legs, River deep - Mountain high, The woman I'm supposed to be, I've been loving you so long, Fever, Disco Inferno, Music keeps me dancin', Honky tonk women, I want to take you higher o Proud Mary.

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Los que asistieron a aquella primera cita de mayo del 79, afortunados ellos, salieron conmocionados como quien se ve atravesado pro una fuerza inexplicable de la naturaleza. Las entradas costaron 600 pesetas de la época (3,61 euros) y el Palacio de Deportes, con capacidad para 8.000 personas, se quedó en una modesta media entrada, una cifra que para nada hacía presagiar que la estadounidense llegaría a llenar años después dos noches consecutivas el Estadi Olímpic Lluis Companys de Barcelona con más de 50.000 personas en 1990, un año de popularidad total en el que también pasó por el Vicente Calderón de Madrid, el Luis Casanova de Valencia, El Molinón en Gijón, La Romareda en Zaragoza o Riazor en A Coruña, entre otros grandísimos estadios patrios.

Su despedida del público español tendría lugar en tres veladas consecutivas a reventar, a razón de 18.000 asistentes cada una, en el Palau Sant Jordi de Barcelona en septiembre de 1996, pero antes de aquel adiós, hay otra cita que es necesario recordar, por lo menos por su extravagancia, en la relación de Tina Turner con nuestro país: la del 16 de mayo de 1981 en la primera Festa de la Rosa del PSC (Partit dels Socialistes de Catalunya). Para la historiografía quedaría genial que esta actuación hubiera estado públicamente relacionada con alguna declaración política —no la hubo— en favor de determinados valores democráticos, pero lo cierto es que la razón última es mucho más prosaica y tiene que ver con todo lo que hemos hablado hasta aquí: la necesidad económica de una mujer divorciada que quiere ser libre y trabaja por su independencia.

Se estima que más de 50.000 personas —con todos los dirigentes políticos de la época, claro— se apuntaron a la celebración en la Avinguda de María Cristina, al pie de las fuentes de Montjuïc. Un marco imponente para una actuación que tuvo lugar en un momento crucial, dos meses y medio después del intento de golpe de Estado del 23-F y un año antes de la llegada al poder con mayoría absoluta del PSOE de Felipe González. España encontraría su camino democrático en esos comicios del 28 de octubre de 1982, igual que Tina Turner daría con el suyo poco después como eterna reina del Rock n’ Roll. ¡La cantidad de cosas que ocurrían, todas a la vez en todas partes, en la larga transición de los setenta a los ochenta!

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