Dependencia: cuando la espera también enferma
El pasado 26 de abril de 2026 fue publicada en esta sección una carta en la que denunciaba la situación de mi madre, de 92 años, a la espera de la resolución de su expediente de dependencia. En aquella carta hablaba en primera persona, por ella y por mí, pero también por tantas familias atrapadas en un laberinto administrativo que no entiende ni de dolor, ni de urgencia, ni de dignidad.
Ha pasado más tiempo y nada ha cambiado. La denuncia fue publicada, la situación se conoce, los informes médicos fueron remitidos, pero la respuesta sigue sin llegar. Y cuando la Administración conoce el problema y no actúa, la demora deja de ser un simple retraso: se convierte en una forma de abandono.
Desde que solicitamos formalmente la valoración de la dependencia ha pasado ya más de un año. La propia Xunta establece un plazo de seis meses para tramitar el procedimiento, desde la valoración hasta la resolución. En el caso de una persona de 92 años, con varias complicaciones de salud, ese incumplimiento no es una cuestión menor. El tiempo administrativo puede ser lento; el tiempo de una persona dependiente, no.
Mi madre sufrió durante este periodo una fractura de cadera, un trombo pulmonar y una pérdida evidente de su autonomía. Hoy necesita ayuda para todo. Pero el expediente sigue su curso, lento y frío, como si detrás de él no hubiera una vida frágil ni una familia al límite.
La demora deja de ser un simple retraso: se convierte en una forma de abandono
También hay que hablar de quien cuida. Cuando el cuidado recae en una sola persona, la vida se convierte en una vigilancia permanente: noches interrumpidas, cansancio acumulado, miedo constante, soledad y desgaste emocional. Cuidar con amor no debería significar enfermar también. La salud mental de los cuidadores no puede seguir siendo el daño colateral de una Administración que llega tarde.
Señora conselleira de Bienestar Social, señor presidente de la Xunta: no pedimos un favor. Reclamamos un derecho. Un derecho que, cuando llega tarde, llega herido. Porque la dependencia no puede esperar al ritmo de una burocracia que parece olvidar que trata con personas mayores, enfermas y vulnerables.
Hay una palabra difícil, pero necesaria: desidia. Desidia cuando se incumplen los plazos. Desidia cuando una carta pública no provoca ninguna respuesta efectiva. Desidia cuando se habla de agilizar trámites mientras las familias siguen hundidas en la espera.
Menos anuncios y más recursos. Menos silencio y más humanidad. Menos burocracia y más dignidad.
Porque una sociedad se retrata en cómo cuida a quienes ya no pueden valerse por sí mismos. Y ahora mismo, ese retrato del Gobierno de Galicia resulta profundamente triste y desolador.
_____________
Carlos Brage es socio de infoLibre.