Cultura

Ensayos para comprender un convulso 2018

Portadas de distintos ensayos publicados en 2018.

Parece que este 2018 ha durado más de un año. Cuando el entendimiento entre Podemos y PSOE parecía imposible, y cuando Mariano Rajoy parecía haber resistido todos los embistes posibles en Moncloa, sorpresa. Una moción de censura salía adelante por primera vez en España, y Pedro Sánchez era nombrado presidente. Antes, el 8M se convertía en el día de la primera huelga general feminista de la historia del país. El procés seguía al rojo, convertido de nuevo, con las elecciones andaluzas, en una cuestión electoral. El PSOE está a punto de perder esta comunidad por primera vez desde 1982, y la entrada de Vox en el Parlamento andaluz despejaba de un plumazo las ideas previas sobre el futuro de un partido de ultraderecha en el ecosistema español. 

El ciudadano —el votante, el lector— miraba todo esto y mucho más con pasmo. Una vez más, los pronósticos fallaban, los expertos parecían desorientados y el ruido seguía creciendo. Pero quedaban los libros, para tratar de comprender lo incomprensible o para tener, al menos, la ilusión de comprender. Estos son algunos de los ensayos que, a lo largo de 2018, nos han hecho ver con algo más de claridad. Y los que nos tendrán que acompañar, seguramente, más allá de enero. 

Ante la perplejidad

Quizás haya sido Daniel Innerarity, catedrático de Filosofía Política, el que mejor ha definido el momento de barullo público —y privado— en que vivimos. Política para perplejos (Galaxia Gutenberg, febrero) no podía imaginar muchos de los sucesos políticos que nos dejarían luego con la boca abierta. En el ensayo, el filósofo, autor también de La política en tiempos de indignación (2015), trata de explicar por qué hemos pasado de la pancarta y los eslóganes convencidos a no saber a quién votar en las próximas elecciones. Y el lector puede respirar aliviado, porque Innerarity no ve en la complejidad política un signo del desastre, sino de "la maduración de las democracias". Aunque lanza un recadito: "Los momentos de indignación son momentos de gran simplificación. (...) Estamos configurando sociedades cada vez más complejas, y la democracia no puede tener un menor nivel de complejidad. No puede articular soluciones binarias a problemas que requieren más sofisticación".

 

Y a tratar de desenmarañar esa sofisticación a veces confusa se ha dedicado Pablo Simón, politólogo y profesor de la Universidad Carlos III de Madrid. Lo ha hecho a partir de Maquiavelo, el padre de los politólogos, esos oráculos a los que consultan medios y partidos por igual. En El príncipe moderno (Debate, octubre) no trata de responder a problemas inmediatos, sino de explicar y defender la importancia de la ciencia política, incluso con sus errores —pocos podían prever entonces el éxito de la extrema derecha, por ejemplo—. En el libro, Simón señala que "la sociedad presenta un pluralismo irreductible", que "no existe algo así como el interés general o nacional o cualquiera de sus derivaciones" y que, por lo tanto, la pugna política es inevitable. Y, mientras algunos abogan por una política de las emociones, él apuesta por la idea de que los actores políticos poseen "una cierta racionalidad". 

José Fernández-Albertos, también politólogo y también una de las voces de referencia entre el caos político, sí baja al terreno de la actualidad en Antisistema. Desigualdad económica y precariado político (Catarata, junio). Entre otras cuestiones, el investigador del CSIC trata de buscar lazos comunes entre los fenómenos que han aupado a Trump en Estados Unidos, a la extrema derecha en Francia o los Países Bajos y a Syriza en Grecia. Pese a ser muy distintas entre sí, Fernández-Albertos ve tras estas reacciones dos errores de la democracia representativa: por un lado, no ha sabido resolver la desigualdad; por otro, ha generado un "precariado político" que no considera que su voz sea escuchada. Ambos fallos, explicaba en una entrevista con este medio, suponen que "la gente ya no crea en la democracia representativa" y "que apueste por estas fuerzas rupturistas".

El huevo de la serpiente

Para tratar de entender el auge de la extrema derecha en Europa, y para combatir sus estragos, hay que buscar autores fuera de España. Los ensayistas patrios no debían de tener este tema entre sus principales preocupaciones, aunque quizás eso cambie en los próximos meses y 2019 sea fértil en ensayos sobre cómo y por qué Santiago Abascal se ha convertido en un agente político.

Aunque no sea un ensayo propiamente dicho, El orden del día (Tusquets, marzo), del francés Éric Vuillard, era uno de los primeros títulos que abordaban cómo el fascismo trepa hasta la cúspide de una democracia representativa. De hecho, esta narración de no ficción se había publicado en Francia en la primavera de 2017, y ganó el Goncourt, el premio literario francófono más prestigioso, en 2017. Vuillard se detiene, en estas contundentes 141 páginas, no en el terror nazi, sino en los primeros triunfos de Hitlertriunfos , cuando los Aliados, que no eran Aliados todavía, no lo veían aún como la encarnación del mal. Por entonces —y aun mucho más tarde— se reunía con los empresarios más poderosos de Alemania para que financiaran su partido, o se encontraba amistosamente con los diplomáticos de otros países democráticos.  

 

Siguiendo la idea defendida por Fernández-Albertos un poco más arriba —a saber, que no hay nada como el deterioro de la democracia para alimentar el auge del autoritarismo—, se encuentran Cómo mueren las democracias (Ariel, abril), de los investigadores de Harvard Steven Levitsky y Daniel Ziblat, y El pueblo contra la democracia (Paidós, junio), de Yascha Mounk, politólogo también en Harvard. Los primeros señalan que, paradójicamente, "el retroceso democrático empieza en las urnas", mientras el segundo observa que "de Estados Unidos a Gran Bretaña, y de Suecia a Australia, la democracia ya no parece ser la única alternativa concebible". Como subrayaba Ángel Munárriz en este periódico, en un amplio reportaje sobre ambos títulos, "la desmemoria sobre el fascismo nos hace creer que la democracia es eterna".

Nadie podrá acusar a Madeleine Albright, primera mujer secretaria de Estado de Estados Unidos, con Bill Clinton, de ser una radical antisistema. Y sin embargo el título de su último libro no admite medias tintas: Fascismo. Una advertencia (Paidós, septiembre). Nacida en Praga en 1937, su familia —de origen judío, con 26 víctimas mortales del nazismo— migró primero a Inglaterra y luego a Estados Unidos. Defiende, en el propio libro y en la mayoría de las entrevistas que concede, que lo suyo no es alarmismo, sino prudencia. En los motivos del apoyo del pueblo con las ideologías autoritarias, Albright coincide con el diagnóstico de los autores ya nombrados, y cita al propio Adolf Hitler: "Les diré lo que me ha llevado al puesto que ocupo. Nuestros problemas políticos parecían complejos. (...) Yo (...) los reduje a su forma más simple. Las masas se dieron cuenta de ello y me siguieron". Pero Albright señala también otro factor que no suele nombrarse: la complacencia de las fuerzas conservadoras supuestamente democráticas. 

Monstruas y monstruos

Que el libro Mujeres y poder (Crítica, febrero), de la historiadora Mary Beard, se haya convertido en uno de los libros del año es un hecho significativo. El breve volumen, de unas 112 páginas, ni siquiera es un ensayo al uso, sino la reunión de dos conferencias impartidas en 2014 y 2017, editadas luego por la London Review of Books. Con su habilidad para la divulgación, la catedrática de Clásicas del Newnham College teje un hilo desde "el primer ejemplo documentado de un hombre diciéndole a una mujer 'que se calle" —Telémaco a su madre, Penélope, en la Odisea— hasta las fuerzas que hoy dejan a las mujeres fuera del discurso público, y por lo tanto fuera de las esferas de poder. El libro de Beard, en el que se lee el ritmo ágil de la comunicación oral, no es por tanto un viaje a las raíces de esta desigualdad, sino un "manifiesto" —ese subtítulo lleva el volumen— que pretende ser una primera toma de conciencia y, quizá, una llamada a la acción.

 

Igual de ágil y combativo, pero más feroz en forma y fondo, es Monstruas y centauras (Anagrama, octubre), de Marta Sanz. Y aquí el combate —la "vindicación", que diría Sanz— no está reñido con la reflexión. Porque la novelista, autora de títulos como Clavícula, Farándula o La lección de anatomía, se piensa en directo, ante los ojos del lector, dentro de ese breve cuaderno violeta. ¿Y sobre qué reflexiona? Sobre el feminismo de clase —preguntándose si realmente estaba tan "mal, mal, muy mal" que las dirigentes de Ciudadanos fueran abucheadas en la manifestación del 8M—. Sobre el complicado papel de "víctima" al que se puede ver abocada quien reconoce al verdugo —y dice, ante las dudas: "No hay cosa más patética que las víctimas que no saben que lo son y les besan los anillos y las manos a sus victimarios"—. Sobre la relación del feminismo con el erotismo en una sociedad que objetifica y abusa a diestro y siniestro. En todos esos debates, Sanz se mueve entre la ultimísima actualidad y el mar de fondo. 

Y de última hora podría parecer Microfísica sexista del poder (Virus, marzo), de Nerea Barjola, porque habla de mujeres desaparecidas, violadas y asesinadas por hombres, por el hecho de ser mujeres y estar en la calle. Pero no lo es, porque Barjola parte del caso Alcàsser para analizar la construcción del "terror sexual" que culpó a las tres chicas asesinadas e hizo retroceder las fronteras conquistadas por las mujeres en el espacio público. Y analiza, particularmente, el papel de los medios de comunicación en este proceso, que marcaría la tendencia a seguir en otros crímenes machistas. La cuarta amiga, Esther —que esa noche no salió con ellas porque estaba enferma—, representa "el símbolo de la generación de mujeres jóvenes que salvó la vida y que, para vivir, tienen que aprender la lección". Y las espectadoras de ¿Quién sabe dónde? o De tú a tú tomarían buena nota de ello. 

Suspiros de Catalunya

¿Cuántas palabras se habrán pronunciado en 2018 sobre el asunto —el conflicto, el problema, el desafío—catalán? El procès ha sido uno de los temas del año, igual que lo fue de 2017. Y no es sencillo tratar de explicar en un ensayo un panorama que cambia a cada minuto. Quizás por eso hay no pocos periodistas entre los autores que se han atrevido a tratar el tema, tratando de aunar el conocimiento del contexto con la rapidez. Es el caso de Lola García, directora adjunta de La Vanguardia, que en El naufragio (Península, septiembre) combina la crónica de los últimos acontecimientos —el libro se abre con el traslado de los consellers Santi Vila y Carles Mundó a la prisión de Estremera— con un análisis de los hechos ocurridos desde 2012, que son para la periodista los polvos de estos lodos. "Es un naufragio compartido entre los líderes soberanistas y el Gobierno de Rajoy: el barco se hunde porque los dos le hacen demasiados agujeros", contaba la autora en una entrevista para este periódico

 

 

El periodista Guillem Martínez ha preferido centrarse en 57 días en Piolín (Lengua de Trapo, junio) en los meses más tensos del procès, entre septiembre y diciembre de 2017. El volumen recoge sus crónicas publicadas entonces en la sección Procesando el Proceso, del periódico Ctxt. Leídas con distancia, sus textos llenos de humor y socarronería se vuelven testigo de la agitación política, de sus efectos en los ciudadanos... y del carácter surrealista que a veces puede tomar la realidad. El reportero resumía en una entrevista publicada en infoLibre su propósito con este trabajo: "Crear puntos de vista diferentes de los del Gobierno, y demostrar con información que el Gobierno, catalán o español, está mintiendo".

Con algo más de calma se lo tomaba el politólogo Ignacio Sánchez-Cuenca en La confusión nacional (Catarata, marzo). Pero aquí el también colaborador de este medio miraba desde otro ángulo a "la crisis catalana": desde la perspectiva de la democracia española, que a su juicio "no ha estado a la altura de las circunstancias". A lo largo de 200 páginas, Sánchez-Cuenca analiza cómo ha sido la respuesta del Estado y de la sociedad española, del Gobierno central a los periodistas pasando por los jueces y los votantes, movidos en gran medida por el nacionalismo español.

A este fenómeno se asomaba también Xosé M. Núñez Seixas en Suspiros de España (Crítica, octubre), un ensayo en el que repasaba históricamente el desarrollo del nacionalismo español, una ideología tan naturalizada que a menudo se pasa por alto, pero que resulta determinante para entender las relaciones territoriales en general y el conflicto catalán en particular. "Los nacionalismos de Estado no se consideran a sí mismos como nacionalismo, sino patriotismo", advertía Seixas en una entrevista con este periódico

Tareas literarias para 2019

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