Precariedad laboral

La Seguridad Social pierde al menos 51 millones de euros al año por los falsos autónomos de las plataformas digitales

Imagen de un repartidor de Deliveroo.

El abuso de la figura del falso autónomo que hacen las plataformas digitales escatima al menos 51 millones de euros a las arcas de la Seguridad Sociallas arcas de la Seguridad Social cada año. Aunque, según los cálculos realizados por UGT, la cifra puede dispararse hasta los 74,6 millones, dependiendo de cómo se clasifique a estos trabajadores. El sindicato ha analizado las condiciones laborales de los repartidores de estas plataformas, las conocidas Deliveroo, Glovo o Ubereats, y proyectado cuánto dinero ganan gracias a los salarios mínimos que pagan y la relación mercantil que mantienen con estos trabajadores. Para ello han utilizado como elemento de comparación el sueldo de la categoría equivalente de los convenios de hostelería y el de los trabajadores no cualificados en servicios según la clasificación del Instituto Nacional de Estadística (INE). Respecto del primero, las plataformas se ahorran cada año en salarios casi 31 millones de euros, a razón de 2.154,6 euros por repartidor. Respecto del segundo, la cifra se eleva a 92,1 millones de euros, 6.430 euros por trabajador.

Según el estudio de UGT, un repartidor cobra al mes entre 750 y 1.000 euros brutos, a los que deben descontar 450 euros de gastos –cuota de autónomos, seguro–. El salario de la categoría equivalente en hostelería asciende a 1.435,8 euros, mientras que el de los trabajadores no cualificados del INE se queda en 1.079,5 euros.

Para comparar las cotizaciones sociales, el sindicato utiliza las que deberían pagar estas empresas si el 20%, el 50% y el 80% de sus repartidores estuvieran sujetos a la tarifa plana de autónomos –60 euros mensuales–. De forma que éstos pueden estar ingresando actualmente a la Seguridad Social una cantidad anual que va de los 18 millones a los 41 millones de euros. Pero si tuvieran contratos laborales con las plataformas y cobraran los salarios del convenio de hostelería, la Seguridad Social ingresaría 92,6 millones de euros, de los que 76,8 millones corresponderían a las empresas y 15,8 millones a los repartidores. En caso de que cobraran lo mismo que los trabajadores no cualificados del INE, la Seguridad Social debería ingresar 69,6 millones de euros.

En total, por tanto, las plataformas digitales ganan entre 82,5 millones y 167 millones de euros gracias a los ahorros que les permiten los salarios bajos y la elusión del pago de cotizaciones a la Seguridad Social. A juicio de UGT, estas empresas constituyen una “industria low cost que compite de forma desleal con otras que mantienen empleos de calidad”.

El sindicato explica que hasta un 12% de los trabajadores han estado ocupados alguna vez en una de estas plataformas, y en el 2% de los casos ese empleo constituía su principal fuente de ingresos. El informe también recurre al número de trabajadores que proporciona la patronal del sector, Adigital, para España: 14.337. Aunque UGT cree que la cifra real puede duplicar ese dato.

Según UGT, Glovo y Deliveroo rondan los cuatro euros por pedido, pero Stuart sólo paga 1,21 euros por paquete, un euro si se le descuenta el IVA. “Por eso sus repartidores cargan sus bicicletas y sus espaldas hasta el extremo”, apunta. Mientras Deliveroo ha reducido el pago de los pedidos en menos de dos años “sin negociación o justificación alguna”, Ubereats cambia sus importes cada seis meses. Además, todas estas empresas cuentan con un sistema variable de pago por encargo: cada uno de ellos tiene un valor diferente y los repartidores nunca saben cuál es.

Es más, alguna empresa ha ido precarizando progresivamente sus ya de por sí pobres condiciones de trabajo. Como en el caso de Deliveroo. Al llegar a España disponía de un sistema de pago por horas: 8,5 euros la hora de trabajo. Hasta el verano de 2017, cuando se modificó el tipo de contrato, de autónomo a trade –trabajador autónomo económicamente dependiente, aquél cuya facturación depende en un 75% de un sólo cliente–. Cada pedido se pagaba a 4,25 euros si el repartidor iba en bicicleta y a 4,5 euros si iba en moto o bicicleta eléctrica. Cuando el repartidor accedía a cambiar su contrato de autónomo a trade, se le concedían dos pedidos por hora y, si superaba un determinado número de encargos al mes, percibía bonus de 70, 140 y 200 euros. Pero esas primas, utilizados como incentivo para incorporar trades, desaparecieron a los seis meses. Después se estableció el valor variable de los pedidos, reduciendo al tiempo su pago en 25 céntimos. Y más tarde se vinculó el valor de cada encargo a la distancia recorrida. Un sistema que se convirtió en una “subasta de pedidos”, destaca UGT, y que perjudicaba a los repartidores aumentando la competencia entre ellos. 

“Control milimétrico” de los trabajadores

El sindicato, que defiende la naturaleza laboral de la relación de que establecen los repartidores con las plataformas digitales y ha presentado un buen número de denuncias ante la Inspección de Trabajo y los juzgados, critica en duros términos a estas empresas por las precarias condiciones en que mantienen a sus empleados. Cuya extensión temen a todo tipo de trabajadores, teniendo en cuenta el elevado uso de contratos temporales en España. “Son la expresión moderna del modelo de condiciones de trabajo de las tres p: penosas, precarias y peligrosas”ppeligrosas, sostiene.

Por ejemplo, las plataformas “optimizan de forma desproporcionada los servicios” que prestan sus trabajadores. Todas las herramientas que les proporcionan cuestan dinero a los repartidores. La bolsa, entre 50 y 70 euros; la aplicación, cuatro euros al mes en Glovo, y el seguro de accidentes, dos euros también en Glovo.

Y es esa aplicación la que permite un “control milimétrico” de los trabajadores que nunca antes había sido posible, subraya UGT. No sólo vigila, sino que también evalúa y, en función de esa evaluación, determina el futuro laboral del repartidor. Cada empresa establece los parámetros con los que el trabajador obtiene una puntuación determinada, según la cual el algoritmo le proporciona más o menos trabajo y le permite acceder a los horarios. Además, la empresa cambia esos parámetros cuando quiere y de forma unilateral. Así, para obtener una buena evaluación, el repartidor debe estar disponible siempre en las horas de máxima actividad: viernes, sábados y domingos por la noche. En caso contrario, se le penaliza.

El “filón” de los inmigrantes

El sindicato denuncia también que los inmigrantes, aún más los que se encuentran en situación irregular en España, constituyen un “filón” para estas plataformas.  Precisamente “un indicador de que se trata de trabajos precarios”, apunta. Muchos de ellos alquilan licencias a compatriotas, otros necesitan el trabajo para conservar su situación administrativa regular. Por eso UGT reclama cambios en la normativa de extranjería y que se exija responsabilidades a las plataformas si la Inspección de Trabajo detecta cuentas alquiladas a extranjeros en situación irregular.

La patronal del sector ha pedido un contrato especial para los trabajadores de las plataformas digitalesun contrato especial para los trabajadores de las plataformas digitales, una posibilidad que el sindicato rechaza. El carácter laboral de la relación la han confirmado un buen número de sentencias judiciales –aunque no todas– y es la posición que defienden también los inspectores de Trabajo. El pasado julio falló a favor de 532 repartidores un juzgado de lo Social de Madrid y el próximo día 30 se verá en un juzgado de Zaragoza el juicio contra Glovo, en el que declararán 326 bicirrepartidores de Glovo como resultado de un acta de infracción levantada por la Inspección de Trabajo.

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