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El dilema de los palestinos: ignorar a Trump o iniciar una nueva intifada

Protestas en Palestina tras la decisión de Trump de recocnoer Jerusalén como capital de Israel.

El guión estaba escrito. El reconocimiento norteamericano de Jerusalén como capital de Israel ha provocado una ola de indignación. En los últimos días, varios miles de palestinos han salido a las calles en Ramala, Belén e incluso en Hebrón (Cisjordania), así como en la Franja de Gaza y en Jerusalén. También se han producido enfrentamientos con las fuerzas de seguridad israelíes que se han saldado con dos muertos en Gaza y cientos de heridos. Además, varios palestinos han sido detenidos. Y, como represalia al lanzamiento de cohetes desde Gaza, el Ejército israelí bombardeaba posiciones de Hamás, provocando decenas de herido. Por su parte, en Jerusalén Oriental, hay palestinos dispuestos a iniciar una nueva intifada y otros que consideran que las declaraciones de Donald Trump no influirán en modo alguno en su día a día.

Apenas un día después del discurso del presidente norteamericano, el jueves por la tarde, reinaba la calma en las calles del barrio árabe de Shuafat, al norte de Jerusalén. La Autoridad Palestina había convocado una huelga y la mayor parte de las escuelas permanecen cerradas, no así los comercios. Junto a una mezquita, en un establecimiento de kebabs, Rhaleed, de 62 años, confesaba su sorpresa por las declaraciones del presidente Trump, sin embargo trataba de quitar hierro a las consecuencias de sus declaraciones. “Trump no es nadie, es un imbécil. Su posicionamiento es personal, solo le implica a él”, asegura. A pesar de la llamada a la intifada de Hamás, Rhaleed alberga ciertas dudas.

El palestino de 27 años que prepara los bocadillos en el establecimiento es de la misma opinión. “Jerusalén es una ciudad árabe e islámica desde hace mucho tiempo. Las declaraciones de Trump no cambiarán nada. Nunca reconoceremos esta decisión”, añade el hombre, que desea mantener su identidad en el anonimato. Pese a todo, el joven no tiene ninguna intención de manifestarse. “¿Para qué? No puedo hacer nada, no iré”, zanja.

Como muchos palestinos, de todas las edades, estos dos hombres han dejado de creer en una resolución política del conflicto. Cuando se les menciona al presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, Rhaleed dirige la vista al cielo. Para él, el futuro de los palestinos se juega ahora a doble o nada: “Quizás la partida se haya acabado, quizás no”, lanza enigmático, como para tranquilizarse. Un rayo de optimismo inmediatamente disipado por su hijo: “La partida hace 50 años que terminó”.

A unas calles de distancia Samer Abu Nada, de 45 años, dueño de una tienda de aparatos de aire acondicionado, invita a la periodista a tomar una limonada en su casa. “No todo el mundo ha asumido ya la declaración de Trump. Algunos no quieren entender lo que está sucediendo. Piensan que no es nada”, explica. En su opinión, la responsabilidad no es tanto de Donald Trump como de países árabes como Arabia Saudí. “Lo que sucede hoy es que los países árabes están hartos de los palestinos, no quieren oír hablar de ellos”, dice. Su vecino, Abu Reiad, de 47 años, gestor financiero, es de la misma opinión. “Trump ha esperado el momento adecuado, porque los países árabes están divididos y preocupados por sus propios conflictos. Los palestinos y Jerusalén les dan igual”. En su opinión, el único que podría ayudar en estos momentos a los palestinos es el presidente turco Recep Tayyip Erdogan, que preside la Organización de Cooperación Islámica y que ha previsto una reunión de urgencia en Estambul para este miércoles.

Entre tanto, los dos amigos observan con serenidad la situación. “No podemos borrar del mapa a los israelíes. Israel existe y lo controla todo, desde el comercio de diamantes a la alta tecnología”, subraya Abu Reiad, sin ocultar su preocupación. “Nadie desea una nueva Intifada, pero no soy optimista. Lo veo a mi alrededor y en Facebook, el enfado va en aumento. La situación va a ser muy complicada en los próximas días, en las próximas semanas. La gente va a reaccionar, la gente va a querer hacer algo”, predice, para añadir: “Todo va a depender de la actitud de los soldados israelíes”.

Horas más tarde, el jueves por la tarde, el ambiente que se vivía ante la Puerta de Damasco, que lleva al barrio árabe de la ciudad vieja de Jerusalén, era eléctrico. Horas antes se había producido una manifestación a la que asistieron cientos de palestinos. Todavía quedan grupos de adolescentes dispuestos a pelear y se enfrentan a las fuerzas de seguridad israelíes, muy numerosas.

A unos metros, Muawed, un palestino de Jerusalén Este, habla con dos de sus amigos. “El enfado es visible. Nos vamos a movilizar para mostrarle al mundo entero lo que pensamos. Estamos dispuestos a morir por defender nuestra dignidad”, advierta el hombre, de 25 años. “Trump no puede borrar la historia de nuestra Tierra Santa. Jerusalén nunca ha pertenecido a los israelíes”, dice. También asegura que no espera “más nada” de la Autoridad Palestina. Cuando se le pregunta sobre el modo de resolver el conflicto, Muawed no descarta la solución de dos Estado, pero considera que el reparto debería ser “justo y equitativo”, insiste.

“Los países árabes no hacen nada”

El azar ha querido que este mismo jueves, por la tarde, se celebre una sesión Monolingua –que toma su nombre del grupo de DJ y raperos israelíes y palestinos– en un bar de Jerusalén Occidental, a 10 minutos a pie de la Puerta de Damasco. Una iniciativa que llama la atención en la situación actual. “En eventos como éstos es el único momento en que no siento racismo ninguno. Trabajo ante árabes, judíos y turistas extranjeros. La gente baila y canta junta. Tengo la impresión de trabajar por la paz”, dice el palestino conocido como Muzi Raps, que reside en el Este en el barrio árabe de At-Tour, en el Monte de los Olivos. “Resulta increíble que vivamos todos en la misma ciudad, relativamente cerca uno de otros y que tengamos un estatus tan diferente”, comenta su colega judío israelí DJ Ramzy, cuya abuela procede de Siria. Las declaraciones de Trump les resultan indiferentes a estos dos amigos, aunque DJ Ramzy reconoce que “no ayudan”.

En la pista de baile, Ahmed, de 28 años, de Belén, no oculta su satisfacción. Este palestino, que trabaja de manera legal en una empresa de construcción en Jerusalén Oriental, es un habitual a las sesiones de Monolingua. Aunque aprecia el flow y la música arabista del colectivo, duda de que los israelíes que le rodean sean “conscientes del sufrimiento de los palestinos”. Como muestra, el joven saca el teléfono donde guarda una foto del lugar en el que duerme: un colchón, en el suelo, en el mismo edificio que está construyendo.

En opinión de Ahmed, la decisión del presidente americano no es indolora. “Estoy verdaderamente enfadado”, confía, al tiempo que se muestra convencido de que va a estallar una nueva intifada. “Todo el mundo sabe que Jerusalén es muy importante para los musulmanes y, pese a todo, los países árabes no hacen nada”, lamenta. El joven denuncia también la inercia de los dirigentes palestinos, a los que acusa de “mentirosos”. Sin embargo, el palestino quiere mantener la esperanza. “Un día seremos libres. Todo el mundo podrá quedarse aquí, los musulmanes, lo judíos y los cristianos, pero con un gobierno palestino”.

El viernes por la mañana, en el barrio árabe de la ciudad vieja, reinaba la tempestad que precede a la calma. Horas antes de la celebración de la nueva manifestación prevista para mediodía, los comerciantes mantienen sus negocios abiertos, como de costumbre. En realidad, pocos preven participar en la protesta. “Las declaraciones de Trump sólo son palabras. No cambian en nada nuestra realidad”, dice un joven de 23 años que vende pañuelos. “Jerusalén pertenece a esta tierra y esta tierra nos pertenece”, afirma.

Al contrario que otros jóvenes de su edad, el palestino no quiere una nueva intifada. “No es bueno para los negocios. Desde hace cuatro años, funcionamos al ralentí. No sacamos bastante para dar de comer a nuestras familias”, cuenta. Y añade, pesimista: “¿Qué se puede hacer contra la policía israelí? No quiero encontrarme en la cárcel y causarle problemas a mi familia”. Por eso, el joven cree que “el mejor modo de protestar es seguir trabajando, permanecer aquí”, para proteger [su] vida y [su] tierra”.

Como integrante de la ONG palestina Grassroots Jerusalén, Fayrouz Sharqawi considera que “la declaración de Trump no es más que una confesión de las políticas de la Administración de Estados Unidos desde hace muchos años, al apoyar la ocupación israelí a ambos lados de la ciudad”. La activista considera que el presidente norteamericano es “hipócrita” cuando dice estar a favor de una solución de dos estados. “Todo el mundo sabe que esta solución está muerta desde hace tiempo. Sus palabras no hacen sino confirmarlo”.

Si algunos palestinos no lo ven como un casus belli, es porque “su realidad sobre el terreno no ha cambiado el miércoles y no cambiará. La gente está enfadada, pero ya lo estaba antes”, subraya Fayrouz Sharqawi. En su opinión, los medios de comunicación y los dirigentes del mundo entero se equivocan al pregsuntarse si los palestinos comenzarán una nueva intifada. “La violencia ya está presente, omnipresente, todos los días, en la manera sistemática y estratégica en que los israelíes tratan a los palestinos”, denuncia.

De momento, resulta difícil predecir si los enfrentamientos van a intensificarse. En Gaza, Hamas, cuyo proceso de reconciliación con Al Fatá se encuentra en vía muerta, parece querer jugar a aumentar la escalada. Por su parte, el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás más desautorizado que nunca por la decisión de Donald Trump, ha instado a intensificar las protestas, pero la movilización de los últimos días es menor.

Además, de forma inesperada, Saeb Ereket, exresponsable de las negociaciones para los palestinos, ha declarado que la solución de los dos estados está muerta y a animado a los palestinos a “luchar por un Estado con igualdad de derechos para todos los que residen en la Palestina histórica”. Una declaración que parece ir en la dirección de una solución a un Estado binacional, con igualdad de derechos para israelíes y palestinos. Pero preguntados por esta hipótesis, pocos palestinos parecen seducidos por este plan B. Tras 50 años de conflicto, la mayoría se encuentra demasiado desencantado como para creer en una solución política que les resulte favorable. _____________

Traducción: Mariola Moreno

Leer el texto en francés:

   

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