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La eficacia política de la porra

Publicada 30/08/2017 a las 06:00 Actualizada 29/08/2017 a las 19:28    
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Nada le puede gustar más a un Gobierno políticamente débil que tirar de la porra para fortalecerse ante el electorado. Esta costumbre no es novedosa ni exclusiva de España: Franco inventaba de cuando en cuando una conspiración judeomasónica para darse un autohomenaje en la Plaza de Oriente después de firmar unos cuantos fusilamientos, pero ahí están también los reiterados ejemplos de muy diversos presidentes norteamericanos capaces de decretar guerras patrióticas en lugares exóticos para excitar la unidad del pueblo en torno a la Casa Blanca. Hoy el recurso a la porra ha adquirido formatos más pacíficos y burocráticos, aunque igualmente eficaces desde el punto de vista político. Vale para un amago de legislación secesionista en Cataluña, pero también para una huelga de seguratas en el aeropuerto de El Prat. El Gobierno saca la porra de la autoridad con indisimulado orgullo y satisfacción, convencido de que tal ejercicio es una fábrica de futuros votos.

Mariano Rajoy había convocado para el miércoles 16 de agosto un Consejo de Ministros extraordinario (obsérvese el oxímoron que ya supone la organización anticipada de una reunión supuestamente “extraordinaria”) en previsión de que la Mesa del Parlament iniciara la tramitación de la ley del referéndum, para recurrirla de inmediato ante el Tribunal Constitucional. A falta de esa iniciativa, aplazada por los independentistas hasta ocasión más propicia a sus intereses (o menos arriesgada judicialmente para sus dirigentes), el Gobierno aprovechó la cita para tomar otra decisión “extraordinaria”: decretar que fuera un árbitro o mediador quien resolviera el conflicto de El Prat por la huelga de los vigilantes de Eulen, empresa adjudicataria de los servicios de seguridad en el aeropuerto barcelonés, donde ya no hay enormes colas ante los arcos metálicos de filtro de pasajeros tras la imposición por el Gobierno de servicios mínimos del 90% y la sustitución de los huelguistas por guardias civiles. El "árbitro" nombrado por el Gobierno, Marcos Peña (presidente del Consejo Económico y Social), deberá tener listo este mismo miércoles un laudo que los sindicatos ya han advertido que denunciarán en los tribunales.

Todo eso ocurrió en vísperas de los atentados de Barcelona, hace menos de dos semanas, aunque la gravedad de los mismos y la intensidad con la que vivimos cada minuto de los hechos y las reacciones posteriores instalen la sensación colectiva de que hace siglos de "lo de El Prat". Observado desde la simplicidad con la que conviene analizar las decisiones guiadas por la eficacia política, el conflicto de El Prat era una golosina veraniega para cualquier Gobierno: los seguratas de una empresa privada fastidian las vacaciones a miles de ciudadanos con el fin de presionar para lograr mejoras salariales. Una vez producido el grado suficiente de “alarma social” o encabronamiento colectivo, acude entonces el Gobierno con su porra en forma de guardia civil y de laudo obligatorio para garantizar la tranquilidad de los sufridos pasajeros-ciudadanos-votantes.

El inconveniente político principal del uso de la porra es que debe tener carácter realmente “extraordinario” para no volverse contraproducente. El Gobierno lo sabe, y ante la firme posibilidad de que los conflictos laborales a imitación de El Prat se sucedan, declaró ese mismo miércoles su disposición a crear un “grupo de trabajo” que aborde las condiciones del sector de la seguridad privada en las diferentes contrataciones con la Administración (no sólo aeropuertos sino todo tipo de edificios que albergan servicios públicos). Ya se sabe que anunciar la creación de un “grupo de trabajo” equivale a soltar un patadón a la pelota o problema lo más lejos posible en el espacio temporal, es decir hasta más allá de la fecha en que sea posible recoger los frutos electorales del uso previo (y extraordinario) de la porra. Los vigilantes privados de El Prat, que habían suspendido los paros a los pocos minutos de los atentados, votaron este domingo una nueva huelga a partir del 8 de septiembre, y los sindicatos del gestor aeroportuario público-privado Aena tienen anunciada también  su intención de ir a la huelga a partir del 15 de septiembre y durante todo el otoño-invierno en las fechas más complejas para el tráfico de pasajeros. El Gobierno sabe que si se dedica a tirar de la porra cada dos semanas llegará un momento en que será considerado, con razón, inútil para la resolución razonable de los problemas o para anticiparse a los mismos.

Lo que esconde el conflicto de El Prat

En realidad al fondo del conflicto de El Prat asoman dos cuestiones graves y muy significativas de lo que ha sido la gestión política de la crisis económica y lo que está siendo la presunta y desigual “recuperación”. Por un lado, las reivindicaciones de los empleados de Eulen son perfectamente legítimas: su salario medio se ha recortado desde 2012 casi un 12%, se han eliminado pluses de antigüedad y los nuevos contratos suponen un sueldo que no llega a los 900 euros mensuales. Mientras tanto, como hemos contado en infoLibre, los sueldos de los administradores de la sociedad que gestiona esos filtros de pasajeros en 21 aeropuertos crecían un 20%, y la empresa declaraba constantemente pérdidas pese a ingresar entre 2012 y 2016 casi 926 millones de euros. De modo que los seguratas de Eulen (que no son los vigilantes que peores condiciones laborales sufren) vienen a simbolizar lo que ha ocurrido con millones de trabajadores de todos los sectores, que han visto disminuir sus rentas de forma contundente, al tiempo que las de sus máximos ejecutivos aumentaban. Además, los procesos de privatización de empresas públicas o de externalización de servicios públicos han significado una precarización clara de las condiciones laborales sin aportar tampoco una mejora de la calidad de esos servicios. (Podrían citarse decenas de ejemplos, uno de los más sonoros el de las empresas adjudicatarias de los servicios de limpieza de las calles de Madrid y la recogida de basuras, cuyo deterioro galopante llevó a una huelga en tiempos de Ana Botella que desveló los recortes y el exclusivo negocio de las sociedades beneficiadas).

Por otro lado, el conflicto de El Prat deja en evidencia los tics autoritarios de la legislación vigente sobre el derecho a la huelga, como apuntaba nuestra compañera Elena Herrera tras contrastar los datos con expertos en materia laboral. Esa legislación se basa en un decreto de 1977, preconstitucional, que ha sido reinterpretado en fallos posteriores pero que sigue otorgando al Ejecutivo un estatus de juez y parte en asuntos capitales como la capacidad de determinar qué actividad es esencial para la ciudadanía, qué porcentaje de servicios mínimos fija o la utilización a capricho del arbitraje obligatorio. El Tribunal Supremo ha anulado los laudos obligatorios impuestos por el Gobierno en casos como huelgas de pilotos de Iberia o de empleados de gasolineras, pero lo ha hecho con años de retraso, de modo que esas decisiones son papel mojado, como denuncian con razón los sindicatos. El propio Comité Europeo de Derechos Sociales y los tribunales de justicia de la Unión Europea han denunciado y sentenciado reiteradamente los incumplimientos del Estado español en materia de derechos laborales. (Puede leerse aquí un detallado informe de Belén Cardona sobre los atropellos a la Carta Social Europea o aquí un análisis de Luz Rodríguez sobre la absoluta precariedad en la contratación por las administraciones públicas).

Lo que asoma por tanto al fondo del conflicto de El Prat es la consecuencia de unas políticas austericidas y privatizadoras que han precarizado las condiciones laborales de los trabajadores y deteriorado los servicios públicos. El recurso a la porra administrativa por parte del Gobierno demuestra una vez más las enormes lagunas en la protección de derechos fundamentales como el de huelga, que queda anulado de facto por las decisiones que puede tomar la autoridad competente, por ilegales que se demuestren demasiado tarde.

Entre las muchas y graves consecuencias del proceso independentista en Cataluña, algún día habrá que analizar su descarada utilización (en Cataluña y en Madrid) para desviar los focos de asuntos tan trascendentes como la precarización generalizada tras la crisis o el progresivo debilitamiento de los derechos sociales y laborales. Esos sí que son fenómenos de carácter “extraordinario” que amenazan con convertirse en crónicos.
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13 Comentarios
  • DrNick DrNick 04/09/17 04:46

    En el tema política es lo mismo. Saben que les roban, como lo hacen, y conocen la situación de sus convecinos amigos y familiares. Todo ello, sorprendentemente, les ha hecho llegar a los conclusión de que: al Coletas ni agua. Así se ve el rendimiento del nuevo padre Apeles y adlateres, con el gran arraigo que tiene entre las masas. Ese público sólo interesado en la media docena de partidos históricos que nos brindan cada temporada Barca y RM

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  • DrNick DrNick 04/09/17 04:35

    Dales un crédito para un vivienda, un coche y un viaje a Cancun. Aguanta lo bien que se pasan de vacaciones, con postales incluidas. El siguiente paso es que, ya sin vivienda propia, teniendo que volver a la vivienda paterna, en el mejor de los casos, no dejan de apostillar que la única solución existente es volver al ladrillo. Se puede decir que han vendido su alma al diablo y que apoyan las políticas que les dejan sin ningún derecho. Con estos mimbres, poco se va a poder cambiar una situación de miseria, tal como quieren los defensores de lo nuestro entre comillas. Perdón por la ironía cruel.

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  • pepelebrato pepelebrato 04/09/17 00:13

    Bastaría que el gobierno se sintiera presionado en la calle y en las urnas para que cambiara de política. Mientras la derecha monolítica no soemta amenazada su hegemonía por movilizaciones o por votos, no hay nada que hacer. Ya sabemos cómo son ellos y lo que defienden. Lo intolerable es que nadie movilice. Sobran los motivos para salir a la calle y gritar. ¿Por qué no salimos?

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  • Cachondo Cachondo 03/09/17 12:36

    Ahora voy a hablar del conflicto de Eulen. Los tertulianos de derechas (sobre todo el Nuevo Padre Apeles, que es el periodista subvencionado que se prestaba a publicar informes falsos facilitados por la Policía política y los vendía como exclusiva), el argumentario que utilizan es el siguiente: Primero para “quedar bien y disimular” dicen que el derecho a la huelga es sagrado, pero (ahora viene lo que en realidad quieren defender) no se puede utilizar como rehén a los usuarios, para justificar el “esquiroleo” que hace el Gobierno, aunque nunca explican cómo se puede hacer una huelga sin que se perjudiquen los usuarios, compradores, etc. El otro día el “Nuevo Padre Apeles” comparó la huelga de los de Eulen, que cobran 700 euros al mes, con las de los pilotos o controladores, que cobran decenas de miles de euros al mes, hasta tal nivel de bajura llegan estos mal llamados periodistas/tertulianos. Pero no hay ningún tertuliano que les diga, HAZME UN ESCANDALLO DE CÓMO VIVIRÍAS TU Y TU FAMILIA CON 700 EUROS AL MES (Vamos que escriban en una columna los gasto “fijos” de una casa, como el alquiler o hipoteca, agua, luz, Comunidad, vestido, desplazamientos, etc.) y después se lo rebajen a 700 euros y miren cuanto les queda para comer. También es verdad que los tertulianos de derechas, casi siempre tienen dos cosas, la voz chillona y no dejar hablar a los demás apostillándoles continuamente.

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  • Cachondo Cachondo 03/09/17 12:23

    Primero voy a opinar sobre “la porra” con Cataluña. Que un pueblo, región, nación, comunidad, o como quiera llamárseles se emancipe con un 51% de los VOTOS EMITIDOS, es una temeridad, ese porcentaje, en una semana puede cambiar, y es un asunto lo suficientemente serio para no estar, ahora sí, ahora no. Lo lógico sería que el Estado legisle la posibilidad de una secesión, pero, al ser tan trascendente, se exigiese, por poner un ejemplo, el 60% DEL CENSO ELECTORAL (A consensuar), entonces la secesión si se basaría en una mayoría estable que duraría en el tiempo. De siempre, las derechas, se han envuelto en la bandera, para no perder privilegios, ya nos pasó con Napoleón, que modernizó el Código, eliminó a la Inquisición, etc. pero las clases pudientes, en las cuales incluyo a la Iglesia Católica, se envolvieron en bandera el patriotismo y lo de un Rey extranjero (siempre hubo reyes extranjeros y España era para ellos un cortijo más) y ya sabemos el resultado, Fernando VII. Lo que empezó como un acuerdo entre las derechas españolas (PP y CiU) de envolverse en la bandera nacionalista (de cada uno) para no perder votos con la corrupción que les envolvía y tenernos entretenidos, se les ha ido de las manos y ahora no saben cómo arreglar el monstruo que crearon. Cuando se legisló el Estatuto catalán, solo había un 15/20% de independentistas en Cataluña, pero gracias a esta colusión de intereses entre las DOS DERECHAS, ahora estamos como estamos. La mayoría de las veces “el patriotismo es el último refugio delos miserables”.

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  • mazusta56 mazusta56 31/08/17 22:03

    No hablaré de partidos políticos, tampoco de sindicatos, os hablaré de vecinos, de trabajadores como nosotros. Hace poco me lloraba una vecina y amiga porque a su hijo le habían recortado el sueldo un 17%. Me dio mucha pena y rabia, pero también le recordé que en mi casa pasamos por esa situación hace unos años y nadie nos apoyó. Esto es lo que está ocurriendo entre trabajadores. Lloramos cada uno por nosotros. Dónde, cuando nos uniremos para reivindicar, pelear por y para nosotros, los náufragos de la miseria hasta el cuello.

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  • mogronauta mogronauta 30/08/17 18:48

    Gracias por su artículo, esclarecedor y del cual comparto su análisis. No comprendo sin embargo que tiene que ver con el secesionismo de los separatistas.

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  • ela ela 30/08/17 16:41

    La unión hace la fuerza, la derecha (PP) ha conseguido acallar, acojonar etc. en fin anular la LUCHA OBRERA, lo conseguido en la transición se lo han cargado con la crisis que crearon a partir del 2009.
    Ya no estaba la URSS, asi que era la ocasión para recuperar el poder que el gobierno y las Patronales tenían sobre la clase obrera antes de la transición. Y les ha salido muy bien. Ahora para reculerar lo perdido se tardaran años, para recuperar derechos y salarios se tendrá que empezar de nuevo a conquistarlos.
    En todo este tiempo se han jubilado miles y miles de trabajadores, y sus puestos los han ocupado trabajadores noveles sin experiencia sindical, con lo cual se cierra el circulo que PP y patronal habían tramado. Solo la lucha decidida de los trabajadores encabezados por los sindicatos (y sus líderes que parecen escondidos?) será capaz de cambiar el rumbo de los acontecimientos.
    Lo que es innegable es que sin lucha quien gana es la patronal y el PP.

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    • luzin luzin 31/08/17 12:21

      Pues yo diría que la incipiente lucha social tras la nueva crisis del sistema capitalista se la ha cargado la aparición de Podemos, desde entonces nada de nada, aunque parece que vuelve de forma muy parcial y latente un nuevo movimiento obrero. Espero que esta vez aprenda y no deleguen en líderes, liberados, burocracias sindicales, partidos políticos ...

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      • Jafedi Jafedi 31/08/17 20:01

        Tiene usted mucha razón y no hay más que ver cómo están Venezuela e Irán 

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  • Delgiot Delgiot 30/08/17 14:30

    La Guardia Civil no debería estar para sustituir a trabajadores en huelga, no es su función. Luego pasa que no tiene efectivos para realizar tareas de seguridad ciudadana y pasan cosas. Me parece un auténtico disparate usar a la Guardia Civil para eso. El Derecho a huelga es legítimo y si el Gobierno viene dando con el mazo, es la obligación de todos los trabajadores responder a ese abuso con otro: huelga sin servicios mínimos de todos los trabajadores de EULEN que desempeñen labores en entes públicos e incitar a la huelga a los trabajadores de otras empresas en las mismas condiciones. Pero para eso hay que estar unidos. Si no luchamos contra la precariedad que nos están imponiendo acabaremos de sirvientes de los ricos por un mendrugo de pan, desposeídos y desesperanzados, como a principios del s.XX. Saludos

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    • JM JM 01/09/17 08:58

      Para eso harían falta unos sindicatos que no fueran simples gestores, estipendiados, de las mansedumbres del proletariado.

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  • luzin luzin 30/08/17 12:25

    Todo mi apoyo a los trabajadores de Eulen y sus justas reivindicaciones. Es curioso que leyendo el artículo se desplace el punto de atención sobre un problema de tipo político-gubernamental, y se obvia el fundamental: EL SISTEMA DE PRODUCCIÓN SE BASA EN LA EXPLOTACIÓN DE LOS TRABAJADORES, y eso es válido tanto para empresas públicas, semipúblicas o privadas. En los periodos de crisis, y siempre ocurre así, la presión sobre salarios y condiciones laborales es tremenda, mientras que cuando el ciclo cambia son los trabajadores los que pelean por justas mejoras. Una cuestión capital es el papel del Estado, y eso fue un duro debate de socialistas durante el siglo XIX, ganando los partidarios de la cogestión capitalista. Y en eso seguimos, y así nos va ...

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