Buzón de Voz

Refugiados por navidad

Por más que se insiste en la pregunta a Mariano Rajoy, a Soraya Sáenz de Santamaría y a cualquiera de los ministros, no hay forma de que reconozcan que se ha producido un cambio radical (y positivo) del Gobierno en la última semana sobre la acogida de refugiados. Al no admitir el cambio evitan tener que explicar las razones exactas del mismo. La mejor forma de justificar contradicciones en política es negar que existan.

Los antecedentes

   - En julio, el Gobierno se negó a aceptar el cupo de refugiados que desde la Comisión Europea se asignaba a España. Lo contó con orgullo el propio ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, tras la reunión celebrada el 20 de julio por los 28 miembros de la Unión Europea: “Nos habían solicitado que reubicásemos en dos años a un total de 4.288 personas y hemos ofrecido 1.300”. La UE tuvo que rebajar sus intenciones de acogida de 40.000 refugiados a causa de la resistencia de varios países, pero muy especialmente de España y Hungría. Finalmente, España se comprometió a dar asilo a 1.300 personas procedentes de Grecia e Italia y a reasentar a otras 1.449 que ya viven provisionalmente en otros países europeos. En total, algo menos de 2.800 refugiados (en dos años) fue el máximo aceptado por el Gobierno español hace poco más de un mes.

   - Antes de entrar en aquella reunión, Fernández Díaz ya había dejado clara la insensibilidad gubernamental al copiar a Sarkozy la miserable metáfora sobre los demandantes de asilo y el programa de reubicación: “Es como si tuviéramos una casa con muchas goteras que están inundando alguna habitación y en lugar de taponar esas goteras distribuimos el agua que cae entre distintas habitaciones…” Al día siguiente, representantes de ONG dedicadas a la ayuda a refugiados y decenas de solicitantes de asilo se concentraron en Madrid para denunciar el disparate.

   - La argumentación para esa negativa por parte del Gobierno incluía en la misma coctelera el derecho de asilo, la presión de la inmigración irregular desde África, la elevada tasa de paro y el riesgo de un supuesto “efecto llamada”. Sin distinguir obligaciones legales reguladas por los tratados internacionales firmados por España sobre derechos humanos y sin que importara caer en la obvia contradicción que suponía presumir de una recuperación económica que situaba a España como “locomotora de Europa”.

   - Ya en junio, la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) había presentado su último informe, en el que advertía del drama humanitario que afronta Europa y destacaba un dato sonrojante: España ha recibido en treinta años muchas menos peticiones de asilo de las que Alemania tuvo sólo en 2014. Estamos a la cola de Europa en solicitudes de asilo (doce por cada 100.000 habitantes frente a las 127 de media en la UE) y también en concesiones de ese derecho (tres por cada 100.000 habitantes). CEAR informaba de que “taponar” las fronteras sólo provocaba que miles de personas migrantes, entre ellas muchos refugiados de las guerras de Siria o Libia, se echarían al mar por distintas rutas y guiados por las mafias de la inmigración.

   - La partida para atención a los refugiados del plan impulsado por Bruselas reservada a principios de agosto en el proyecto de Presupuestos para 2016 ascendía a un total de 28,9 millones de euros.

   - El presupuesto para Cooperación y Ayuda al Desarrollo ha sido recortado en más del 70% en los últimos cinco años. El incremento de un 4,5%% en 2015 supuso 516 millones de euros frente a los 1.971 millones dedicados a este capítulo en 2011. Para 2016, el Gobierno ha previsto volver a reducir esa partida un 0,27%.

Los hechos

   - A medida que avanza agosto va creciendo la avalancha de seres humanos que intentan entrar en Europa desde el Este huyendo de las guerras de Siria, Libia, Afganistán, Irak o Eritrea. Se calcula que un 65% proceden de Siria. Los focos mediáticos internacionales se concentran en Hungría, Macedonia, Austria… donde se viven imágenes similares a las del éxodo de la guerra civil española o la Segunda Guerra Mundial. La atención y la indignación se disparan el 27 de agosto al descubrirse los cuerpos de 71 refugiados en un camión frigorífico abandonado en una carretera austriaca.

   - Cuatro días después, el 31 de agosto, la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría es entrevistada en la cadena SER. Preguntada acerca de la disposición del Gobierno a revisar su política de acogida a refugiados, declara que nuestra capacidad está “muy saturada” e insiste en la cifra de los 2.800 que se aceptó a finales de julio.

   - Al día siguiente, 1 de septiembre, Angela Merkel se reúne con Mariano Rajoy en Berlín. La canciller alemana hace un llamamiento a la solidaridad europea y recuerda que es no sólo una obligación moral sino también legal acoger a los refugiados. En la rueda de prensa conjunta, Rajoy se muestra “abierto” a hablar del número de refugiados aunque insiste en que “hay que tener en cuenta la situación de cada país, el PIB y el paro”.

  - Algunos ayuntamientos y comunidades autónomas anuncian su disposición a acoger a refugiados y comienzan a dar pasos para organizar la ola de solidaridad ciudadana.

   - El 3 de septiembre, la fotografía del cuerpo de Aylan, un niño de tres años muerto la víspera junto a otras once personas que intentaban llegar a Europa, remueve las conciencias de millones de europeos. Se suceden las declaraciones de dirigentes políticos y de organizaciones cívicas que reclaman una reacción urgente, coordinada y solidaria.

El cambio

   - El viernes 4, en la rueda de prensa posterior al consejo de ministros, Soraya Sáenz de Santamaría anuncia la creación de una comisión interministerial, ya no habla de “saturación”, tampoco de cifras, pero proclama: “no le vamos a negar el derecho de asilo a nadie”.

   - La consigna siguiente es no dar ninguna cifra. Ya se ha divulgado desde Bruselas, tras las conversaciones entre Merkel, Hollande y Juncker, que se distribuirá a 120.000 refugiados y que España será el tercer país con mayor número de reasentados, unos 15.000. Miembros del Gobierno reconocen en privado que se han enterado “por la prensa” de la “cuota” que corresponde a España.

   - El ministro de Exteriores, García Margallo, en su afán por no hablar de cifras, deja en evidencia el nuevo mensaje centrado en “la solidaridad europea” al afirmar que el número “dependerá de los recursos", o sea de Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda.

   - El martes 8, en el programa Al Rojo Vivo de La Sexta, la vicepresidenta afirma rotunda: “España asumirá los refugiados que diga la Comisión Europea, sin reticencias”.

   - El discurso gubernamental pasa a poner el acento en que lo esencial es un plan europeo coordinado, a largo plazo y centrado en la ayuda a los países de origen (lo que viene a reflejarse mayormente en los presupuestos para Cooperación y Desarrollo).

   - Este mismo jueves, Mariano Rajoy llega a reivindicar “un Plan Marshall” para los países de los que huyen los refugiados.

Las decisiones políticas no suelen obedecer a un solo factor. Pueden basarse en la sinceridad o en la pura hipocresía. Pueden responder a la presión ciudadana o a la de otras autoridades más altas. En las mismas declaraciones de este jueves, Rajoy ha confirmado que “lo más probable” es que las elecciones generales se celebren el 20 de diciembre. La historia reciente demuestra que ya casi nunca es la oposición la que gana unas elecciones sino el Gobierno quien las pierde. A menudo con una catástrofe por medio, o mejor dicho, con la gestión acertada o fallida de una catástrofe. Suelen citarse ejemplos como el de Gerard Shroeder en Alemania, cuya forma de afrontar las graves inundaciones de 2002 le permitieron ganar unas elecciones cuya derrota tenía garantizada. Y para qué ir tan lejos, cuando el PP y el propio Rajoy pueden tener tan presentes en sus conciencias los días posteriores al 11 de marzo de 2004.

No hay calendario preciso para la atención a esos miles de refugiados repartidos por cuotas como si se tratara de una subasta (así lo ha denunciado CEAR en este impagable vídeo). Pero se aceptan apuestas: a partir de hoy el Gobierno va a encabezar una gran campaña de coordinación de la solidaridad española. Al menos hasta el 20 de diciembre.

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