La oportunidad de una fiscalidad saludable y eficaz: claves para acertar
La fiscalidad saludable se ha situado en el centro del debate público. El aumento de la obesidad y el deterioro de los hábitos alimentarios han acelerado la necesidad de repensar cómo los sistemas fiscales pueden contribuir de forma real a mejorar la salud de la población. En un contexto en el que crecen de manera sostenida los costes sanitarios asociados al sobrepeso y la obesidad, resulta imprescindible revisar las herramientas disponibles y evaluar su efectividad.
En septiembre de 2025, la Organización Mundial de la Salud publicó su informe Food taxes for a healthy diet: time for action, que marca un punto de inflexión. La OMS es categórica: los impuestos de salud aplicados a alimentos y bebidas deben tener un enfoque amplio, capaz de identificar de forma objetiva qué contenidos deben gravarse con tipos más altos o más bajos. Esta visión supera los esquemas restrictivos centrados en categorías de productos y apuesta por una fiscalidad que refleje mejor los riesgos reales para la salud.
España no es ajena a este debate. Contamos con dos figuras para aplicar fiscalidad saludable —el IVA y los impuestos especiales—, y precisamente por ello es crítico evaluarlos de forma rigurosa y periódica. Sin una evaluación no hay garantía de que las medidas cumplan con su finalidad, que no es otra que promover la salud, no simplemente recaudar.
Criterios nutricionales transversales: una fiscalidad más eficaz basada en la composición
Si buscamos criterios de eficacia, la conclusión es clara: la fiscalidad saludable debe basarse en la presencia y el nivel de nutrientes críticos –definidos como tales por la OMS como el azúcar, las grasas o la sal, cuando su consumo excesivo supone un riesgo para la salud– y no en tipologías genéricas de productos. La herramienta más adecuada para avanzar en esa dirección es el IVA. A diferencia de los impuestos especiales, cuya aplicación genera problemas de doble imposición y mayor complejidad administrativa, el IVA permite aplicar tipos diferenciados basados en criterios objetivos, dar un tratamiento homogéneo al conjunto del mercado y evitar distorsiones contrarias al marco europeo.
La clave es gravar los alimentos conforme al peso relativo del nutriente crítico que contienen, con independencia del producto donde aparezca. Para ello, la información del etiquetado nutricional, verificada, estandarizada y trazable es una fuente idónea de control.
España tiene ante sí la oportunidad para avanzar hacia una fiscalidad que realmente promueva la salud sin generar distorsiones ni cargas injustificadas, de situarse a la vanguardia europea. Aprovechémosla
Bajo este sistema, los tipos diferenciados de IVA podrían aplicarse según el contenido del nutriente –por ejemplo, el azúcar– reflejado en el etiquetado nutricional, generando un incentivo para reducir su presencia en los productos y para orientar las decisiones de compra del consumidor.
Este enfoque tiene una ventaja determinante: estimula la reformulación. Las empresas alimentarias y de bebidas encontrarían un incentivo real para reducir el contenido de azúcar u otros nutrientes críticos, mejorando así el perfil nutricional de su oferta sin perder competitividad.
Y no debemos olvidar que una fiscalidad diseñada de forma inadecuada puede producir efectos contrarios a los buscados. Existen riesgos reales de que no se produzca la mejora en salud pretendida o, incluso, que se genere un empeoramiento, si los consumidores sustituyen los productos que soportan mayor carga fiscal por otros con igual o mayor contenido del nutriente gravado. También podría afectar de forma desproporcionada a los hogares de menor renta o generar rechazo social si las medidas no se adaptan a la realidad sociocultural de nuestro país. Por eso, es esencial que la fiscalidad saludable se complemente con educación alimentaria, información rigurosa y políticas coherentes en todos los ámbitos implicados.
Una oportunidad que debemos aprovechar
La fiscalidad saludable tiene un importante potencial. La evidencia científica, la experiencia internacional y las nuevas recomendaciones de la OMS apuntan hacia un modelo más coherente y eficaz. España tiene ante sí la oportunidad para avanzar hacia una fiscalidad que realmente promueva la salud sin generar distorsiones ni cargas injustificadas, de situarse a la vanguardia europea. Aprovechémosla.
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Julio César Muñiz es profesor de Derecho Financiero y Tributario en la Universidad Nacional de Educación a Distancia y Colaborador de la Fundación Alternativas.
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