De Raspail a Vox, medio siglo fabricando "la invasión"

Mientras España intentaba reconocer las dimensiones de lo ocurrido en Ceuta el 30 de julio, la extrema derecha francesa recuperaba de inmediato una novela publicada más de medio siglo antes. El eurodiputado del Rassemblement National (RN) Thierry Mariani afirmaba que Le Camp des saints (El campamento de los santos) había dejado de ser ficción. Franck Allisio, dirigente del mismo partido, se preguntaba si después de Ceuta sería el turno de Marsella, Niza o Toulon. Ambos citaban la obra que Jean Raspail publicó en 1973. Escritor y viajero francés reconocido con algunos de los principales premios de la Académie française que se movía en ambientes de una ultraderecha entonces fragmentada, entre el recién creado Front National de Jean-Marie Le Pen y el Parti des Forces Nouvelles (PFN), fundado en 1974 por disidentes del primero y antiguos integrantes de Ordre Nouveau, además de ser próximo a círculos de la Nouvelle Droite. Su novela terminaría convertida en una referencia recurrente dentro de ese universo político.

Le Camp des saints imagina la llegada a Francia de un millón de personas procedentes del Ganges a bordo de una flota de embarcaciones destartaladas. Raspail no las presenta como individuos con historias, motivaciones o necesidades diferentes, sino como un cuerpo colectivo que avanza sobre Europa. Describe este agregado como hormigas, microorganismos, un enjambre o materia que fluye y se desborda. Frente a esa masa aparece un Occidente debilitado e incapaz de defenderse porque los derechos humanos, los medios de comunicación, la Iglesia y unas élites liberales atenazadas por la culpa habrían desactivado sus mecanismos de protección. La migración deja de ser un fenómeno político y social susceptible de gestión y pasa a plantearse como una cuestión de supervivencia colectiva. El libro lleva esa lógica hasta sus últimas consecuencias y presenta la violencia contra quienes arriban como la única forma de impedir la desaparición de la sociedad occidental.

Le Pen padre la recuperó en 1979 ante los boat people de la antigua Indochina, y volvió a ella cuando el East Sea, un carguero de bandera camboyana, encalló intencionadamente en Boulouris, junto a Saint-Raphaël, con cerca de un millar de kurdos a bordo. Su hija, Marine, evocó a Raspail durante la crisis de refugiados sirios de 2015. La referencia cruzó también el Atlántico. Stephen Miller, subjefe de gabinete de políticas de la Casa Blanca, hizo lo propio ese mismo año en Breitbart, portal ultra estadounidense entonces dirigido por Steve Bannon. La derecha radical europea y estadounidense comparte desde hace años espacios de encuentro, redes de organizaciones y alianzas políticas que favorecen el intercambio de referencias y narrativas entre contextos nacionales distintos. Ese entramado incluye encuentros internacionales como CPAC, grupos parlamentarios, fundaciones y think tanks, además de un ecosistema mediático y digital que facilita el traslado de conceptos, argumentos y estrategias de un país a otro. Los marcos compartidos se adaptan a referencias históricas, conflictos y sensibilidades nacionales para adquirir resonancia local.

En la novela de Raspail desaparecen los individuos y queda únicamente ese cuerpo colectivo que se desplaza, ocupa y amenaza

Cuando apenas comenzaban las entradas en El Tarajal, Santiago Abascal hablaba de una "invasión" de personas que, según afirmó, no huían "de ninguna guerra, ni de la pobreza", responsabilizando directamente a Pedro Sánchez. Tres días después lo calificó de "acto de guerra", atribuido a Marruecos y "tolerado" por el Gobierno, reclamó militarizar la frontera y exigió la salida de los migrantes. Vox ha prolongado esa interpretación con acusaciones de "traición", colapso de servicios públicos y amenaza a la seguridad de los españoles. El esquema coincide con el de Raspail: una población exterior convertida en peligro para la comunidad nacional y unas élites acusadas de haber renunciado a protegerla. La conexión relevante no es una lectura directa de Raspail por Vox, sino la circulación de un marco que la derecha radical lleva décadas adaptando a cada contexto. En España, la "invasión" convierte la crisis en expresión de una amenaza más amplia contra la nación y señala a quienes gobiernan como responsables de haberla permitido.

No interpretar lo ocurrido en Ceuta como "invasión" no implica minimizar su gravedad. Unas 80.000 personas entraron irregularmente desde Marruecos durante una crisis sin precedentes, en torno a cien personas murieron y varios miles permanecen todavía en Ceuta un mes después. La presión sobre una ciudad de apenas 84.000 habitantes ha obligado a desplegar recursos extraordinarios, trasladar migrantes a la Península y reforzar una frontera exterior de la Unión Europea. También existen preguntas sobre la información de la que disponían previamente los servicios españoles, la capacidad de anticipación del Gobierno y la coordinación entre administraciones. Son cuestiones de seguridad, política migratoria, acogida, relaciones con Rabat y gestión de una emergencia que admiten respuestas diferentes. La magnitud de lo ocurrido no convierte, sin embargo, una entrada irregular masiva en una "invasión", ni a quienes participaron en ella en un sujeto político homogéneo.

Esta representación consiente borrar las diferencias entre seres humanos hasta convertirlos en una masa uniforme. En la novela de Raspail desaparecen los individuos y queda únicamente ese cuerpo colectivo que se desplaza, ocupa y amenaza. En el discurso contemporáneo, términos como "invasión" u "hordas" producen un efecto parecido al atribuir una misma naturaleza e intención a quienes llegan. Las consecuencias políticas son distintas ante una u otra lectura. Ante una entrada irregular masiva caben el control fronterizo, los retornos conforme a la ley, la acogida, la cooperación internacional o la protección de menores. Presentarla como una fuerza invasora desplaza la discusión hacia la defensa territorial, la militarización y la búsqueda y señalamiento de responsables internos que habrían permitido la coacción. La diferencia es que un marco que en tiempos de Raspail necesitaba años para extenderse puede hoy atravesar fronteras en cuestión de minutos.

El autor galo publicó una novela que tardó años en consolidarse como hito de la extrema derecha francesa y décadas en alcanzar espacios políticos más amplios. Las redes políticas transnacionales y, sobre todo, las plataformas digitales han reducido drásticamente esos tiempos. Un mismo marco puede ser reconocido, adaptado y amplificado casi inmediatamente por actores y públicos de otros países. Durante la crisis de Ceuta, imágenes, cifras sin verificar y mensajes sobre una supuesta "invasión" circularon en minutos por plataformas y comunidades digitales de distintos Estados. La Moncloa sostiene que redes vinculadas a Rusia, Israel y sectores de la ultraderecha internacional difundieron desinformación sobre lo ocurrido. Pedro Sánchez ha relacionado esas acusaciones con información del Servicio Europeo de Acción Exterior y ha descartado, a partir de los datos disponibles de los servicios de inteligencia españoles, la participación de las autoridades marroquíes. Moscú y Tel Aviv rechazan esas imputaciones. La circulación transnacional de todo tipo de contenidos, en cambio, ha acompañado el episodio desde sus primeros días.

Cada nueva emergencia migratoria permite a los admiradores de Le Camp des saints presentar a Raspail como un visionario. Condensó en ella ideas anteriores sobre amenaza demográfica, incompatibilidad cultural, debilitamiento de Occidente y responsabilidad de unas élites que impedirían defender Europa. Esos elementos reaparecen, con diferencias nacionales y adaptados a contextos distintos, en el RN francés, el universo MAGA estadounidense y el discurso actual de Vox sobre Ceuta. No es necesario establecer una filiación directa entre ellos para comprobar la continuidad del marco. Raspail no predijo Ceuta. Su legado está en haber dado forma literaria a un relato capaz de presentar acontecimientos migratorios muy diferentes como episodios de una misma amenaza. Lo ocurrido en la ciudad autónoma fue una crisis descomunal. Pero "la invasión" es la construcción que la incorpora a una historia mucho más antigua, habitada siempre por una masa exógena que avanza, un pueblo atenazado y unos responsables internos acusados de haberlo dejado inerme.

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David Alvarado es doctor en Ciencia Política, profesor universitario, periodista y consultor.

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