Calma tensa en Ceuta: sin protestas, pero con nuevos incidentes y miles de migrantes a la espera
Ceuta ha pasado este sábado en una tensa calma después de varios días de protestas, incidentes y creciente tensión en las calles. Los movimientos vecinales que habían convocado las últimas movilizaciones han decidido suspenderlas durante el fin de semana, mientras cientos de migrantes continúan acampados en la playa del Trampolín y en las inmediaciones del Centro de Estancia Temporal de Extranjeros (CETI), a la espera de que se resuelva su situación.
La pausa llega a pocos días del Día de la Autonomía, que Ceuta celebra el próximo 2 de septiembre, y responde, según fuentes vecinales citadas por EFE, al intento de impedir que los mensajes racistas y los grupos ultras terminen apropiándose de unas protestas que comenzaron como expresión del malestar de una parte de la población.
La manifestación del viernes había vuelto a desembocar en las inmediaciones de las playas del Trampolín y Benítez, donde se concentra buena parte de los migrantes llegados durante la crisis. Los participantes avanzaron al grito de “No somos racistas, somos realistas” hasta encontrarse con un fuerte cordón policial, desplegado después de los episodios violentos registrados el jueves.
La marcha terminó con algunos momentos de tensión, también con periodistas, y durante el recorrido se escucharon consignas que han encendido las alarmas entre los propios movimientos vecinales. Sus responsables temen que las protestas terminen identificándose con el discurso de grupos ultras desplazados hasta la ciudad desde otros puntos de España y han optado por dejar pasar al menos el fin de semana para rebajar los ánimos.
Detenidos por apedrear a una patrulla militar
La tensión, sin embargo, no ha desaparecido. Cuatro personas han sido detenidas por apedrear durante la madrugada del viernes al sábado a una patrulla militar en la playa del Chorrillo. Un sargento sufrió una brecha al caer al suelo y resultó herido leve.
Horas después, la Guardia Civil arrestó además a un hombre marroquí sin documentación por presuntos delitos de desobediencia y atentado a la autoridad después de que, según fuentes del instituto armado, se negara a identificarse y golpeara a un agente.
Estos hechos se producen apenas dos días después de que otras doce personas fueran detenidas por una emboscada a una patrulla de regulares. Once de ellas serán expulsadas a Marruecos tras ser condenadas.
La Asociación de Tropa y Marinería Española ha denunciado lo que considera una “nueva emboscada” y ha reclamado que los militares desplegados sean reconocidos como agentes de la autoridad, además de solicitar apoyo psicológico para los efectivos destinados en la ciudad.
Con este escenario de calma aparente, vigilancia constante y convivencia sometida a presión, Ceuta afronta ahora unos días decisivos hasta el próximo martes, cuando se conmemora el Día de la Autonomía.
Será también entonces cuando vuelva a subir el tono político. El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, ha anunciado este sábado que su partido se personará en la causa abierta en la Audiencia Nacional para investigar la entrada masiva de migrantes y ha acusado al Gobierno de haber dejado a Ceuta “abandonada”.
Feijóo, que acudirá el martes a la ciudad y posteriormente a una concentración en Madrid convocada por la Federación Española de Municipios y Provincias, ha anunciado además que el PP pedirá la comparecencia en el Senado de la directora del CNI, Esperanza Casteleiro, para esclarecer las discrepancias dentro del Gobierno sobre si los servicios de inteligencia habían avisado previamente de la llegada masiva de migrantes a Ceuta.
El PSOE ha respondido que Casteleiro no puede comparecer ante el Senado, sino únicamente ante la Comisión de Secretos Oficiales del Congreso, y ha acusado a Feijóo de seguir los pasos de Vox, que ya había solicitado el viernes esa misma comparecencia en la Cámara Alta. El portavoz socialista en el Senado, Juan Espadas, ha atribuido el anuncio del líder del PP a la “incompetencia, mala fe o ignorancia”.
Una batalla política que continúa mientras, sobre el terreno, Ceuta trata de evitar otra mucho más delicada: que la crisis migratoria termine abriendo una grieta permanente entre sus propios vecinos.