Cristina Monge: "Hay una ola de derechización, pero no hay nada escrito para las elecciones"

“A las constructoras y constructores de futuros”. La dedicatoria de Contra el descontento es toda una declaración de principios de Cristina Monge, que ha ganado el Premio Paidós con este ensayo que es una disección minuciosa del mundo en el que vivimos. Con una llamada a escuchar el malestar y a buscar una salida de manera colectiva.

La politóloga –columnista semanal en infoLibre– se sumerge en los movimientos políticos y sociales que imperan en estos días y en esa sensación de desconfianza que genera la clase dirigente para muchos ciudadanos. De los desafíos de la revolución digital y la transición ecológica a la gestión de la migración pasando por la crisis de los varones jóvenes y las tareas pendientes del feminismo. La sociedad tiene su futuro en sus manos.

¿Vivimos en la España del descontento?

Vivimos en el Occidente del descontento. Si es que eso de Occidente sigue existiendo. Europa está sometida ahora a una ola de descontento, al igual que Estados Unidos. 

¿Por qué hay, como señala en el libro, esa desafección hacia la clase política?

Mi hipótesis es que se percibe que la política no es capaz de solventar los problemas a corto plazo y los desafíos a largo plazo. Como me dijo Alfredo Pérez Rubalcaba en una entrevista para mi tesis, la política tiene que ser útil. Es la clave, ya que a día de hoy no se siente así. Pero esto no responde a la realidad. Imaginemos una ciudad en la que no exista un ayuntamiento: cómo se recogerían las basuras, quiénes abrirían las guarderías, cómo se gestionaría el transporte público… Claro que la política da respuesta a muchos temas, pero no a todos. Sin embargo, la ciudadanía, sobre todo, cree que la política va a ser incapaz de dar respuesta a los desafíos de futuro.

La ciudadanía ve la política incapaz de dar respuesta a los desafíos de futuro

Está creciendo en todo el mundo la extrema derecha, con Donald Trump ahora al frente de Estados Unidos. ¿Se trata de una moda pasajera ante esta sensación o esta ola ha llegado para quedarse?

El fin de la historia no se produjo cuando Fukuyama lo decretó en su libro ni se va a producir ahora. La historia está sometida a vaivenes. Y pensar que esta ola llegó para quedarse no tiene ninguna evidencia ni ahora ni en la historia. Ahora bien, pensar que va a ser una moda pasajera y que luego volverá a brillar la luz tampoco está escrito en ningún sitio.

Todo está sometido a un cambio continuo. Creo que lo fundamental es ver si esa ola de la extrema derecha es capaz de dar respuesta a estos descontentos o no. De momento lo que estamos viendo en los sitios donde estas formaciones han conseguido cotas más o menos altas de poder es que tampoco dan con la tecla de hacer frente a los descontentos y a los malestares. No saben cómo gestionar la crisis climática ni el fenómeno migratorio ni la revolución digital de una forma acorde al bienestar de la ciudadanía. Por lo tanto, mi intuición me dice que esa moda pasará. Ahora bien, lo que vendrá después no tiene por qué ser más luminoso. Va a depender de lo que hagamos. Y ese es el mensaje fundamental del libro: que los descontentos y los malestares que tenemos hoy se podrán gestionar de una u otra forma en función de lo que hagamos con ellos.

¿Está en crisis el sistema democrático?

¿En los países occidentales? ¿Qué consideras democracia?

Por ejemplo, el sistema común que hemos visto en la UE.

Si consideramos la democracia como representación, creo que formalmente no está en peligro. Pero los valores democráticos de convivencia sí que están en peligro ya. Estamos viendo cómo la ultraderecha está defendiendo clarísimamente posiciones xenófobas, de aporofobia y machistas. Y una parte de la derecha no ultra está asumiendo estos postulados. Por ejemplo, el documento que el Partido Popular acaba de presentar para negociar con Vox.

Los valores democráticos de convivencia sí están en peligro ya

¿Se ha derechizado la sociedad española?

Sí. De acuerdo a todos los indicadores que tenemos, no solamente del CIS, sino del resto de encuestas, estamos viendo que efectivamente hay un proceso de derechización. Ahora bien, en realidad, lo que está pasando es que hay una parte de la derecha que se ha ido a la ultraderecha. Y eso lo que hace es modificar toda la escala. Pero yo creo que hay un problema de derechización y, sobre todo, de ultraderechización. 

¿Da por amortizado el ciclo de las izquierdas en España o cree todavía que tienen posibilidades el PSOE y su espacio a la izquierda de renovar la coalición el año que viene? 

Amortizado para nada. Una de las cosas que defiendo con mayor vehemencia es que el futuro no está escrito, que va a depender de lo que hagamos. Hace unos meses veíamos encuestas donde el Partido Popular se distanciaba mucho del PSOE. Luego empezamos a ver cómo entraban en un empate técnico. Y la diferencia era que la ultraderecha iba muy al alza y el espacio de la izquierda socialista estaba en retroceso. Ahora vemos cómo ese espacio se está recomponiendo. No sé cuánto queda para que volvamos a votar, pero lo que sí sé es que, quede lo que quede, van a seguir pasando cosas. ¿Hay una ola de derechización? Sí. ¿El conjunto de las fuerzas progresistas parten de una posición peor? Sí, también. Pero aquí no hay nada escrito. Muchos de mis colegas dieron por amortizadas las elecciones del 23J para la izquierda y ahí tenemos a Pedro Sánchez gobernando.

Hay un debate ahora muy interesante sobre la formulación de las candidaturas de izquierdas, con una llamada de Gabriel Rufián al entendimiento. El ministro de Cultura, Ernest Urtasun, en el acto de refundación de Sumar señaló que no se gana solo con aritmética sociológica, sino que hay que tener también un proyecto ganador. ¿Sería efectivo si las izquierdas se organizan para maximizar escaños por provincias?

Son dos debates distintos, lo que es interesantísimo. Si ese espacio de la izquierda quiere recuperar fuerzas, necesita dos cosas. Lo primero: un proyecto político. También hay que tener presente que cualquier coalición electoral siempre pierde votos. Es menos que la suma de las partes porque se generan vetos cruzados. Por lo cual, dos y dos siempre son tres. Salvo que se sea capaz de plantear un proyecto político que genere un movimiento de ilusión que supere esa pérdida. Es decir, que la suma sea más que la división de las partes. Y para eso hace falta un proyecto político, que es lo más urgente que en este momento se tiene que hacer.

Una vez que ese proyecto político está, efectivamente hay que ir al punto de vista de la estrategia puramente electoral, que consiste en reconocer el terreno de juego y que no tiene que ver tanto con la ley D’Hont como con la circunscripción provincial. 

Ya no vale con intentar movilizar contra la ultraderecha, porque ya no da miedo

Una de las grandes incógnitas ahora mismo es la fortaleza o debilidad del PSOE. La situación del partido se ha agravado por los casos de corrupción o de machismo. En cambio, algunas voces en Moncloa y en la calle Ferraz dicen que pueden aspirar a ser primera fuerza en las generales. ¿Han tocado fondo los socialistas o pueden crecer?

El Partido Socialista ahora mismo no está ni en su techo ni en su suelo. Por lo tanto, tiene margen para subir y para bajar. Si es primera fuerza, probablemente será porque Vox se ha disparado. Y eso hace que el Partido Popular se quede por debajo. En cuyo caso, al final, la suma del bloque de la derecha seguiría siendo mucho mayor. Por supuesto, el PSOE tiene capacidad de recuperarse, pero tiene que ser capaz de conectar con el descontento de la sociedad. Ya no vale con intentar movilizar contra la ultraderecha, porque ya no da miedo. Es un elemento fundamental que cambia respecto al 23J. Ahora Vox está en el 20% del voto declarado.

¿Vox tiene techo en España? ¿Podría ser perfectamente primera fuerza como hemos visto en otros países? 

No lo sabemos. Va a ser importante el resultado de Castilla y León, que fue la primera comunidad autónoma hace cuatro años en la que Vox experimentó un crecimiento muy importante. Pero todavía es pronto para saberlo.

Alberto Núñez Feijóo llegó al liderazgo del PP con todo el viento a favor. En el último barómetro del CIS, se recoge que hay más españoles que prefieren a Santiago Abascal de presidente que a él. ¿Es un problema para el Partido Popular? ¿O es la marca la que no funciona?

El Partido Popular se está enfrentando a una crisis existencial tremenda. Hace muchos años que el conjunto de los conservadores europeos tiene una enorme pregunta por resolver: qué relación quieren tener con la ultraderecha. El Partido Popular Europeo lleva años jugando a la confusión. Pero siempre que puede pactar con la ultraderecha, lo hace. El documento de los populares para negociar con Vox es crucial porque asume ya negro sobre blanco buena parte de los postulados de los ultras. Y lo hace, además, con una rendición absoluta.

El PP por dentro, lógicamente como en todos los partidos, tiene distintas sensibilidades que están tirando de forma diferente. Y los resultados no les están acompañando. Feijóo se quedó el 23J fuera de Moncloa. Asimismo, en el peor momento del bloque de la izquierda en términos electorales no se está aupando el PP.

Me costaría ver triunfando a Ayuso en Cataluña, País Vasco y Galicia

Siempre hay un debate presente sobre si Isabel Díaz Ayuso sería mejor candidata del PP. ¿Puede funcionar su figura fuera de la M30 y del ecosistema madrileño?

Hay gente que dice que, por ejemplo, a lo mejor funciona mejor que Feijóo en Andalucía. Pero allí a Juanma Moreno no le va mal y es un perfil opuesto a la presidenta madrileña. Es cierto que las últimas encuestas parece que indicaban que Ayuso empezaba a tener también buen eco no solamente en Madrid, sino en algunos territorios. Pero a mí me costaría verla triunfando en Cataluña, en el País Vasco o en Galicia. Quizá sí podría hacerlo en Castilla-La Mancha y en la Comunidad Valenciana. Pero tiene un proyecto muy madrileño y ha generado problemas de tensión con otras autonomías.

Más de la mitad de los varones jóvenes considera que el feminismo se utiliza como arma de manipulación y adoctrinamiento, según el recién publicado Barómetro de Juventud y Género. ¿Qué está pasando para que crezca ese pensamiento, también entre las mujeres?

Varias cosas. La primera, los jóvenes van a reaccionar siempre contra lo establecido, que ahora es la democracia, la ecología, el feminismo, la solidaridad y el bienestar. Por lo tanto, es normal esa reacción. A veces en la izquierda no somos conscientes de que hemos ganado. Y que nuestros avances, en definitiva, están generando una serie de reacciones y también de impugnaciones por parte de algunos de los más jóvenes.

Focalizándose en el feminismo, creo que los chicos, los varones jóvenes, en estos momentos están atravesando un periodo de crisis en el cual sienten que pierden poder en beneficio de ellas, que, además, sacan mejores notas y tienen mejores posiciones. Ellos pierden privilegios y, por otro lado, carecen de referentes en los que mirarse para esta nueva masculinidad que el feminismo propugna y que sus compañeras les piden. Por lo tanto, andan en una crisis de identidad. En este momento, cuando alguien dice que el feminismo es manipulación y lo que hay que hacer es volver a la familia tradicional, ese joven siente que es un espacio en el que sabe lo que se espera de él y se siente seguro. Es fácil abrazar eso. Ahí creo que ha habido un problema del feminismo y es que el feminismo no ha sido capaz de hacer entender que en una sociedad feminista, nosotras y vosotros, todos vivimos mejor. 

El feminismo no ha sido capaz de hacer entender que en una sociedad feminista todos vivimos mejor

Esta cuestión también se está trasladando en cierta manera al debate que tiene la propia izquierda. Emilio Delgado (Más Madrid) dice que los progresistas tienen que interpelar también a los varones jóvenes. Pero otros sectores señalan que eso supone comprarle el marco a la ultraderecha y ese relato sobre lo woke.

Y está bien que se dé el debate porque lo peor que puede hacer la izquierda es convertirse en una izquierda cobarde que niegue los problemas que existen. Plantear que existen problemas con los jóvenes que reaccionan contra el feminismo no es asumir los postulados de la ultraderecha, sino que es reconocer que existe una reacción. Hay que estudiarla, profundizarla y poder dar respuesta. Reconocer que existen problemas en el discurso ecologista en el mundo rural no es comprar los postulados negacionistas. Y plantear que en barrios o en municipios donde hay un nivel importante de inmigración viviendo en enorme desigualdad y en condiciones de lo más precarias, lo que puede generar problemas de convivencia, no es asumir postulados racistas ni xenófobos. Es entender que la desigualdad, unida a la diversidad, además puede generar problemas que hay que gestionar. Hay que entrar en esos temas.

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Es uno de los elementos materiales en los que se proyecta ese descontento. Es un problema real. Pero no es solo de jóvenes, sino de toda la sociedad. Es muy relevante porque hipoteca la posibilidad de una vida independiente. Y si no tienes un techo, es muy difícil que se pueda cumplir el resto de tus derechos. España ha sido el ejemplo más claro de cómo las políticas públicas no han sabido estar a la altura con Gobiernos de un color y de otro.

Si fuera presidenta del Gobierno de España, ¿cuál sería su primera medida en el Consejo de Ministros?

¡Dios no quiera! Poner en marcha una gran conversación pública para definir el futuro que queremos construir.

“A las constructoras y constructores de futuros”. La dedicatoria de Contra el descontento es toda una declaración de principios de Cristina Monge, que ha ganado el Premio Paidós con este ensayo que es una disección minuciosa del mundo en el que vivimos. Con una llamada a escuchar el malestar y a buscar una salida de manera colectiva.

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