FOOTBALL LEAKS

La declaración judicial del presidente de Doyen Sports, investigada en España por blanqueo, alimenta las dudas sobre el origen de sus fondos

El exjugador del Atlético de Madrid Juanma López y su pareja, Rocío del Carmen Sánchez, a su llegada a la Audiencia Nacional.

Miguel Prado (Expresso)

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Desde que se creó Doyen Sports Investments Limited en mayo de 2011 en Malta, muchas cosas han cambiado, pero no el accionista mayoritario, el ciudadano turco Malik Ali. Primero hubo modificaciones a través de la sociedad Benington Group Assets y, más recientemente, desde junio de este año, de forma directa e individual. Pero en una empresa que invierte decenas de millones de euros en el fútbol europeo, ¿quién es el verdadero propietario? ¿Quien figura formalmente como accionista mayoritario? ¿O quien financia realmente el negocio, sin que su nombre aparezca en los registros?

Doyen, que ha hecho negocios con el Atlético de Madrid y el Sevilla, entre otros clubes, y gestionaba los derechos de imagen de Xavi Hernández, Neymar, Beckham y Usain Bolt, está siendo investigada en España por el Juzgado Central de Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional, hasta ahora en manos de José de la Mata. Como resultado de la operación Dean, la Fiscalía acusa a su expresidente, Nélio Lucas, y a los socios de éste, los agentes de de futbolistas Juanma López y Mariano Aguilar, de fraude a Hacienda y blanqueo de dinero. Sólo en 2013 el volumen del fraude al fisco supera los cinco millones de euros, pero están en entredicho más ejercicios. Según el juez, todos ellos utilizaron sociedades interpuestas para ocultar su actividad real: simulaban que ésta se realizaba en Malta para no pagar impuestos, cuando su negocio se desarrollaba en España. En concreto, la investigación menciona la compraventa de derechos del colombiano Radamel Falcao, los franceses Guilavogui y Geoffrey Kongdobia y el senegalés Babá Diawara. Doyen también concedió un préstamo de 2,5 millones al Atlético de Madrid, de 3,65 millones al Sevilla, de 3,5 millones al Getafe y de medio millón al expresidente del Sevilla José María del Nido. Entre 2013 y 2016, cuantifica el juez de la Mata, Doyen Sports facturó 22 millones de euros.

Además, mientras Mariano Aguilar aseguraba ser residente en Reino Unido, Juanma López afirmaba ante el fisco que vivía en Suiza. El primero no presentó declaraciones del IRPF entre 2013 y 2016. El segundo omitió en las suyas no sólo los ingresos que recibía de Doyen sino también las que le pagó el Real Madrid como agente del jugador Álvaro Morata.

Su negocio eran básicamente los llamados TPO (Third Party Ownership). El mecanismo consistía en que los clubes acudían a un tercero –como Doyen– para conseguir dinero con el que hacer fichajes, o bien ese tercero adquiría un porcentaje de los derechos económicos del jugador, que recibía al ser traspasado. Como resultado, el tercero tenía capacidad de influir en las decisiones de los clubes para vender a sus jugadores.

Ni un fondo ni un banco

El Parlamento Europeo decidió en 2015, en el marco de la lucha contra el blanqueo de dinero y la financiación del terrorismo, que todos los Estados miembros de la UE pusieran en marcha registros que obligaran a las empresas a revelar quiénes son los UBO (Ultimate Beneficial Owners) los verdaderos propietarios. Para ser considerado tal no es necesario poseer más del 50% del capital de una sociedad, bastaba con el 25%. En el caso de Malta, que en 2018 adoptó una legislación sobre los beneficiarios efectivos, se estipuló que esta condición se aplique a las personas físicas que directa o indirectamente posean al menos el 25% de las acciones de una empresa o que ejerzan el control sobre ella por otros medios.

El portugués Nélio Lucas fue hasta principios de 2017 el presidente ejecutivo de Doyen y también su socio minoritario, con un 20%. Después dejó la empresa, pero fue obligado a testificar en el juicio de Rui Pinto, el informante que filtró los documentos de Football Leaks, sobre el ataque informático a Doyen en 2015. Tras declarar el pasado día 5, Nélio Lucas será escuchado de nuevo en el tribunal este martes, en una sesión que promete ser animada: en las primeras horas como testigo el empresario se irritó y se mostró impaciente por la cantidad de preguntas que se le hicieron sobre lo que era Doyen y cómo funcionaba.

La abogada del fondo, Sofía Ribeiro Branco, expuso ante los jueces que Doyen funcionaba como cualquier empresa comercial, sujeta a las mismas normas de información que cualquier empresa, sin opacidad. A partir de 2015 la FIFA prohibió los TPO y el negocio de la empresa se resintió. En cualquier caso, la forma en que Doyen operaba en sus primeros años era dudosa: una empresa comercial con sede en Malta que firmaba contratos que se referían a ella misma como un fondo.

“No era un fondo y nunca lo fue, pero podría serlo en el futuro”, dijo Nélio Lucas el 5 de noviembre, admitiendo que en muchos contratos se mencionaba a Doyen de hecho como un fondo, aunque legalmente no lo era. “La propia prensa nos llamó fondo”, añadió. “La prensa puede ser culpable de muchas cosas, pero las propias cláusulas de los contratos se referían a Doyen como fondo”, replicó enseguida la jueza Margarida Alves.

No, Doyen no era un fondo, a pesar de que tomaba participaciones relevantes en los derechos económicos de los jugadores. Tampoco era un banco, aunque había firmado acuerdos que financiaban y daban liquidez a varios clubes desesperados por conseguir dinero. ¿Y estaba realmente controlado por Malik Ali, según consta en el Registro Mercantil de Malta?

Los bancos españoles no hacen preguntas

Los documentos a los que tuvo acceso el consorcio EIC (European Investigative Collaborations), del que son miembros tanto Expresso como infoLibre, muestran que aunque Malik Ali era formalmente el mayor accionista de Doyen –a través de Benington Group Assets, con el 80%; el 20% restante pertenecía a Wood Gibbins & Partners, una sociedad de Nélio Lucas–, la empresa sólo existía gracias a Refik Arif, miembro de la rica familia Arif, que hizo una fortuna en Kazajstán y Turquía, primero con el negocio de las materias primas y los productos químicos, y luego en la construcción y la hostelería. Incluso entraron en Estados Unidos de la mano de Bayrock, asociándose con Donald Trump. El negocio resultó ser un fracaso.

La creación de Doyen Sports Investments en 2011 marcó la entrada de la familia Arif en el negocio del fútbol. Fue Malik Ali, sobrino de Refik Arif, quien dio la cara –y el nombre– en el negocio, y fue el portugués Nélio Lucas, que ya entonces actuaba como intermediario en transferencias de jugadores –tiene ficha en la Federación Española de Fútbol–, quien contribuyó con su experiencia en el sector. Pero fue Refik quien financió la apuesta.

Ese año la entrada de Doyen en el fútbol se financió con un préstamo de hasta 100 millones de euros que Refik Arif concedió a Malik Ali, quien a su vez utilizó esos fondos para financiar a Doyen Sports Investments, con un contrato por el que Doyen pagaba a Benington Group Assets un interés anual del 4,5%. En los informes anuales de Doyen en Malta se asume la existencia del préstamo de los accionistas –de Benington– pero la empresa nunca reveló que el verdadero financiador de la empresa fuera Refik Arif.

En su primer testimonio en el juicio de Rui Pinto, Nélio Lucas nunca mencionó a los Arif, se refirió siempre a Malik Ali. “Los ingresos de mi socio vinieron de su familia. Mi única preocupación era si ese dinero era legal. Hicimos una evaluación y el banco Barclays, en Inglaterra, se aseguró de que el dinero era limpio. Sabía que esos fondos provenían de las inversiones de su familia, pero no tenía que saber exactamente de dónde. Para transferir grandes sumas de dinero, los bancos hacían sus propias gestiones”, declaró el agente portugués, de acuerdo con la cita publicada por el diario luso Público.

Curiosamente, entre los documentos obtenidos por Football Leaks, se encuentra un correo de Lucas en el que se congratula de lo “rápido y fácil” que resulta hacer transferencias de fondos usando “bancos españoles” –en concreto, cita una sucursal de Barclays en España–, a diferencia de Credit Suisse, donde siempre les hacen “millones de preguntas” y les ponen millones de “dificultades”.

Poco después de que el blog Football Leaks publicara los primeros contratos de Doyen, en octubre de 2015, Refik Arif no estaba satisfecho con la forma en que la empresa llevaba a cabo sus negocios y quería más transparencia e información de Nélio Lucas y de la propia Doyen, donde hasta entonces Refik ya había inyectado 40 millones de euros –del total de hasta 100 millones de euros previstos en 2011–. Refik Arif quería un retorno de su inversión. Y quería un reembolso inmediato de 10 millones de euros. Como en muchos otros negocios, el dinero es el rey y quien financia manda. Aunque en el papel y en los registros oficiales Doyen nunca fuera propiedad de Refik Arif.

“Nada ilegal que ocultar”

En nombre de EIC y sus socios, la revista alemana Der Spiegel ha preguntado tanto a Doyen como a Nélio Lucas sobre el control efectivo de la empresa y la participación de Refik Arif en su financiación. “Doyen Sports Investments, sus accionistas e inversores siempre han actuado cumpliendo la ley y de acuerdo con asesoramiento especializado, con las normas y reglamentos de las diversas jurisdicciones en las que ha hecho negocios”, ha sido su respuesta, facilitada a través de la abogada Sofía Ribeiro Branco.

Doyen también dice que no tiene “nada ilegal que ocultar”. Y explica que, tras el ataque informático que sufrió en 2011, informó “inmediatamente a las autoridades competentes del intento de extorsión, que finalmente conduciría a la detención del hacker”. “Además, cabe destacar que la fuente de la información obtenida ilegalmente en la que se basan sus preguntas está siendo juzgada actualmente por múltiples delitos, entre ellos el acceso ilegítimo y la tentativa de extorsión”, concluye.

La posición de Nélio Lucas, que dejó Doyen a principios de 2017 y sigue viviendo en Londres, no es muy diferente. “La actividad de mi antigua empresa se realizó respetando la ley y las normas según los expertos que nos asesoraron”, respondió el agente portugués, negándose a confirmar las informaciones por la que le preguntó Der Spiegel, en nombre de EIC, pero repitiendo que “fueron obtenidas ilegalmente por un ciberdelincuente que está siendo juzgado por haber violado y expuesto la privacidad de varias partes”.

EIC pidió a Nélio Lucas que compartiera la evaluación que ante al tribunal dijo que se había hecho sobre el origen legítimo de los fondos que habían financiado a Doyen, y le preguntó si podía confirmar que el inversor era Refik Arif, mediante el préstamo de 100 millones de euros. Lucas rechazó hacer comentarios al respecto.

“El delito sólo puede combatirse denunciando las irregularidades a las autoridades competentes y, si es necesario, ayudándolas en las investigaciones. Tengo derecho a no hacer comentarios y debo abstenerme de hacerlo por respeto al tribunal. No comentaré ni compartiré las respuestas del testimonio dado en el contexto de un juicio en curso, especialmente cuando mi declaración aún no ha terminado”, argumentó Nélio Lucas a Der Spiegel.

Este martes el agente portugués se encontrará de nuevo con Rui Pinto en el Campus de la Justicia de Lisboa y con el tribunal que juzga a la fuente de Football Leaks desde septiembre. Portugal se halla en estado de emergencia, el fútbol necesita desesperadamente aficionados en los estadios y, cinco años después, las vidas de Lucas y Pinto son muy diferentes. El negocio de Doyen es una sombra de lo que fue.

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