Vox

Serrano endosa a un subordinado su diatriba sobre la violación y se coge una baja con sueldo hasta las vacaciones

El portavoz del Parlamento andaluz, Francisco Serrano.

Tras darle alas durante años –al menos desde 2014, cuando se afilió–, ahora Vox le corta las alas a su juez estrella, al azote del feminismo, al negacionista de la violencia de género que el partido había elevado a la categoría de héroe civil. Francisco Serrano, magistrado en excedencia y parlamentario andaluz, presentó este miércoles un justificante médico para pedir la delegación de su voto en el pleno de esta semana y en los dos del mes de julio. En principio, no volverá al antiguo Hospital de las Cinco Llagas hasta septiembre, aunque seguirá cobrando su sueldo de parlamentario.

El juez se da de baja por enfermedad, angustiado por las repercusiones de su valoración sobre la sentencia de La Manada y la desautorización de su partido, al que no le ha bastado con verlo en casa para frenar la ofensiva abierta contra su candidato en 2015 y 2018 a la presidencia de la Junta. El juez, apartado de sus 11 compañeros de grupo, ha sido formalmente situado bajo advertencia: o cesa en sus críticas a la sentencia o se considerará un “desafío” y el partido tomará “medidas”. De repente sus mediáticos arranques contra la “corrección política”, que lleva diez años prodigando, ya no hacen gracia entre los jefes de su partido, que le ha entreabierto la puerta de salida.

No se puede decir que políticamente Francisco Serrano haya engañado a nadie. Ha dado lo que prometió, ni más ni menos. Fue reclutado por Vox en calidad de héroe de la resistencia contra la “dictadura de la ideología de género” impuesta por el “lobby LGTBi”, por usar sus propias palabras. Y Serrano ha actuado en todo momento como ese héroe, a la vez víctima y redentor. Serrano, al parecer convencido de su condición de represaliado, ha llegado a decir que su condena por prevaricación en 2011 –como juez favoreció injustamente a un padre en un régimen de visitas para que el niño saliera como paje en la Semana Santa de Sevilla– y su inhabilitación constituían nada menos que un moderno caso Dreyfus. Ahora Serrano había dicho basta. "Represento a los que están hasta el gorro y la gorra del lenguaje inclusivo. Nosotros, a partir de ahora y de este discurso, hablaremos de andaluces y españoles, no vamos a referirnos a andaluzas y españolas'", dijo, como cobrándose una vieja venganza, en el debate de investidura, el único en el que desempeñó el papel del portavoz, el pasado 16 de enero.

Tras aquella intervención, sin mayores explicaciones, fue relegado a un cargo simbólico, el de presidente del grupo. Se le alejó lo posible de la prensa. Comenzó su cuesta abajo política. Este miércoles tocó fondo, cuando su partido lo declaró en rebeldía.

¿Qué ha pasado? Vox ha ido marcando distancias progresivamente con él, mientras Serrano se veía cada vez más aislado, sin ocultar que no podía hablar con la prensa todo lo que quisiera. Pero hay que insistir: habrá cambiado Vox, no Serrano. Su obsesión política ha sido siempre la misma: el combate contra el feminismo, la denuncia de los abusos de la “corrección política” de los “progres”, el desvelamiento de las denuncias falsas de las mujeres maltratadas, el adoctrinamiento homosexual en las aulas. Serrano se ha ceñido milimétricamente a ese guion, que lleva interpretando desde hace una década. Y que conocía Santiago Abascal cuando lo incorporó en 2014 a su proyecto para aprovechar su tirón mediático. Ahora, sin embargo, el suelo se ha abierto bajo los pies de Francisco de Asís Serrano Castro (Madrid, 1965), que este miércoles culminó su semana de pasión solicitando una baja por enfermedad durante “más de 30 días”.

Lo de “darse de baja” es una forma de hablar. Técnicamente Serrano no se ha dado de baja en el Parlamento. No puede, porque no tiene un contrato con la institución. Lo que ha hecho es solicitar la “delegación de voto” para este pleno y para los dos que se celebrarán en julio, entre ellos el de presupuestos, aportando para ello un justificante médico, explican desde el Parlamento. Si a esto sumamos que en agosto no hay pleno, Serrano dice adiós a la Cámara andaluza hasta septiembre. Eso sí, seguirá cobrando puntualmente su sueldo de diputado.

Serrano se quitó de en medio confesándose anímicamente hundido por el “linchamiento” –afirma– que ha sufrido a raíz de sus diatriba contra la sentencia del Tribunal Supremo condenando por agresión sexual a los jóvenes de la pandilla conocida como La Manada. El señalado por ese “linchamiento” es, como es lógico, su enemigo natural: ese impreciso contubernio de feministas –“las del pelito morado”, como decía el juez en sus días de gloria–, lobbistas LGTBi y “progres” de diverso pelaje.

"He vuelto a sufrir las consecuencias del linchamiento en prensa y redes sociales", afirmó en una carta remitida a Europa Press. Pero lo cierto es que Serrano ha sufrido ataques por sus afirmaciones de tinte homófobo, xenófobo y antifeminista muchas otras veces. De hecho, ese era su combustible político. En eso consistía su perfil: el adalid de la “incorrección política” que sacaba de quicio a “los progres”. La diferencia es que esta vez su partido le hizo el vacío.

Incorrecciones, condenas y negocios

Serrano fue condenado en 2011 por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía por prevaricación culposa. Concretamente, y siempre según la sentencia del TSJA, por alterar indebidamente el régimen de custodia de un niño de 11 años a favor de su padre y en detrimento de su madre, sorteando la competencia que sobre la decisión tenía un juzgado de violencia contra la mujer (donde se seguía el procedimiento de divorcio). El proceso estuvo plagado de irregularidades, según la sentencia. La condena fue de dos años de inhabilitación, aunque el propio TSJA acordó solicitar al Gobierno el indulto parcial y dejarla en seis meses. Esta condena firme jamás ha sido tumbada. No obstante, el Constitucional sí anuló otra sentencia del Supremo de 2012 que lo condenaba a diez años de inhabilitación. Al conocerse el fallo del Constitucional, en octubre de 2016, el titular sobre la “rehabilitación de Serrano” corrió como la pólvora, ignorando que seguía pesando sobre su trayectoria un fallo firme por prevaricación y que Serrano había intervenido en el caso del niño cofrade pese a que el propio juez compartía abogado con el padre.

Pero todo eso quedó en peccata minuta. Serrano convocó a los medios en un hotel de Sevilla y proclamó: "Yo era un juez molesto que se atrevió a criticar la ideología de género. Yo quiero ser un juez independiente y crítico. Y no puede ser [con este sistema]. Volver a la carrera judicial me pondría en una situación de riesgo total y absoluto".

Era su forma de anunciar que seguía ejerciendo la abogacía, que no volvería a ser juez a pesar de que ya había cumplido su inhabilitación. Serrano se centró en su actividad como abogado y empresario. Sí, empresario. Entre 2012 y 2015 entró a formar parte como administrador de un total de cinco compañías y de otra más como consejero. Su actividad principal se desarrolló en el campo de la abogacía, a través de despachos legales. No obstante, también hizo incursiones en el mundo de los medios de comunicación (con el periódico ultraconservador XYZ, ya liquidado) y el negocio de la biomasa. De todos sus proyectos empresariales se fue apeando desde finales de 2017 hasta principios de 2019. Ahora simultanea su actividad de parlamentario con la de abogado en ejercicio, tras obtener el reconocimiento de la compatibilidad por parte del Parlamento andaluz. Serrano conserva participaciones por valor de 62.252 euros en el Despacho Serrano Abogados, en el que cesó como socio profesional y administrador único en junio de 2016. La administradora única es ahora la abogada María José Mestre, su esposa, a la que Serrano transmitió más de 5.000 participaciones coincidiendo con su cese.

Una década de titulares

Tras la anulación de la sentencia del Supremo, la proyección de Serrano cogió cierto brío. Las elecciones autonómicas de 2015 habían sido un fracaso, con poco más de 18.000 votos para Vox. Hizo cierta fama por su desmesura un vídeo en el que, con la excusa de responder a una propuesta de Podemos de integrar a la Giralda en el patrimonio público, Abascal afirmaba junto a Serrano: “No queremos una España con burkas ni que a las mujeres no se les deje conducir. No queremos que desde la Giralda se arroje a los homosexuales o se les ahorque".

Serrano añadía que Podemos realizaba un ataque a “la base de nuestra cultura, de nuestras tradiciones y de nuestra esencia”. Pero Serrano perseveró. Jamás dudó de su compromiso con Vox tras el batacazo de 2015, señalan personas que lo han conocido. Es más, correligionarios suyos de La Revuelta, un espacio cultural que es punto de encuentro de sectores especialmente conservadores de Sevilla –una ciudad ya de por sí rica en sectores conservadores–, lo convencieron de que su marca tenía el tirón suficiente para impulsar un periódico propio, XYZ, finalmente un fiasco. No obstante, Serrano siguió en sus trece. Y su camino siempre fue el mismo, incluso desde antes de su condena, cuando era colaborador habitual en medios.

Su historial de afirmaciones polémicas es largo. Ha dicho que las denuncias falsas al amparo de la Ley con la Violencia de Género provocan un "genocidio" de hombres. Hace casi una década ya decía que con dicha norma “una discusión de pareja” se podía considerar “maltrato”, una afirmación que va en la misma línea que su valoración de la sentencia de La Manada. Poco antes había afirmado: "Es muy triste que un niño se tenga que ver sin padre y sin madre porque mate a la madre y también se tenga que matar el padre después porque se suicide. Hay que evitar esas situaciones, pero sin medicina quirúrgica, porque si tengo un padrastro y me corto el brazo, no tengo padrastro pero tengo un brazo amputado". De las mismas fechas son su comparación de la Ley de Violencia de género con Guantánamo. Fue todo este carrusel de excesos el que le dio fama. Eso y su condena “por enfrentarse a la dictadura de la ideología de género”, como se repetía constantemente entre sus admiradores.

Pérdida de protagonismo

Serrano fue formalmente candidato a la presidencia de la Junta en 2018, pero no fue el protagonista de la campaña, que aprovechó el tirón de su líder nacional, que iba hacia arriba tras el mitin de Vistalegre. Vox vivía de la marca. Tras su irrupción con 12 diputados en el Parlamento andaluz, Serrano fue desplazado en las negociaciones para la investidura de Juanma Moreno (PP), en parte porque Vox es un partido dirigido con mano de hierro desde Madrid, en parte porque Abascal encontró su hombre de confianza en Andalucía en el abogado Alejandro Hernández, parlamentario cordobés, un recio conservador que pone más énfasis en la inmigración y el españolismo que en los temas de género. Cuando, tras el debate de investidura, Serrano fue fulminantemente apartado de la portavocía, el juez asumió el cese con deportividad. Dijo que quería centrarse en la portavocía de la Comisión de Igualdad Políticas Sociales y Conciliación. Ahí podría dar rienda suelta a su obsesión política: la familia, la identidad, el género, la violencia. Una obsesión que jamás ha ocultado. “Se da ayuda a 100 mujeres maltratadas cuando sólo tres son reales”, declaró en enero a El Mundo. No hubo la menor desautorización.

Recluido en la casi siempre desapercibida actividad en las comisiones, Serrano se las ha ingeniado para seguir dando titulares. Algunos, a través de su cuenta de Twitter. Otros, con afirmaciones que eran un imán para los telediarios y los clicks en Internet. En los colegios andaluces, dijo en un debate en mayo, “se promueven relaciones homosexuales entre niños menores de diez años". Madres musulmanes que pretenden que a su hijo no se le hable del jamón, menores inmigrantes que llegan a España deliberadamente no acompañados para beneficiarse de nuestro laxo sistema de ayudas, embarazadas que abortan tras sucumbir a la propaganda feminista... Ha sido el menú habitual de obsesiones de Serrano. Y la violencia de género, por supuesto. Quienes lo han conocido afirman que no hay tacticismo en sus posiciones políticas, que está totalmente convencido de lo que dice. También afirman que le supera el afán de protagonismo.

El comunicado final

El pasado sábado encontró ese protagonismo. Primero con un tuit, que luego borró, en el que afirmaba que la sentencia sobre La Manada está "cargada de condicionantes políticos y mediáticos". El portavoz de Vox, Alejandro Hernández, lo desautorizó con un mensaje en el que expresaba el “máximo respeto” del partido por los tribunales y pedía penas más duras para los violadores. La aclaración que de su posición hizo Serrano en Facebook lo empeoró todo. Decía que con la sentencia del Supremo "la relación más segura entre un hombre y una mujer será únicamente a través de la prostitución”, añadía que “hasta un gatillazo o no haber estado a la altura de lo esperado por la mujer podría terminar en prisión" y señalaba que "se nota que es una sentencia dictada por la turba feminista supremacista".

Era una versión especialmente desatada de Serrano, pero era Serrano, al fin y al cabo. En cambio, esta vez no pasó.

Desde el sábado Vox ya mostraba, sin excesiva diplomacia, su descontento con las palabras de Serrano. Pero este miércoles los mensajes hacia él fueron ya directamente cortantes desde primera hora. Al portavoz de Vox, Alejandro Hernández, le preguntaron si Serrano iba a perder su puesto como presidente del grupo. La respuesta fue que “en principio, nada indica que no vaya a seguir en su puesto”. Las dobles negaciones no suelen transmitir excesiva confianza. El teletipo de Europa Press con las declaraciones de Hernández salió a las 11.42 horas. A las 13.02 Vox confirmaba que Serrano se ha “cogido baja por tiempo superior a 30 días por motivos de salud”.

Serrano, que tras ser desautorizado por su partido ya borró sus comentarios polémicos sobre la sentencia, había intentado capear el temporal afirmando que habló “a título personal”. Este miércoles abandonó ese discurso. En la comunicación remitida a Europa Press, Serrano culpa a un “colaborador” de sus manifestaciones en Facebook. El juez defiende el análisis "objetivo y jurídicamente riguroso" de Twitter, en el que se reafirma, si bien añade que solicitó a un colaborador “que lo publicara también en Facebook, lo cual derivó en una publicación completamente ajena a mí y manifiestamente incorrecta en las formas". El parlamentario afirma ahora: “En relación a la publicación en mi página de Facebook donde se hizo una vergonzosa apología de la prostitución y otras gruesas expresiones, a estas alturas creo que es evidente para todos quienes me conocen, que en absoluto son expresiones mías porque no responden a mi estilo de escribir, de pensar, ni de hablar en público, ni tampoco en privado". Y añade: "Mi principal mérito en la política es no ser político, huyo de la corrección política, pero sé medir dónde está el límite con lo que resulta irrespetuoso".

El juez también se muestra convencido de que "ese sector de la prensa" que ha proferido contra él "una batería de insultos y descalificativos jamás visto en España" dirá “que todo es un montaje”. "No he sido yo quien ha escrito esas expresiones", recalca Serrano, quien afirma que el día en cuestión estaba de descanso y que no controló la publicación. Serrano anuncia que en unos días quedará completamente desactivada, hasta nuevo aviso, su cuenta en Facebook. Agradece a sus compañeros de partido, a todos sus seguidores en las redes sociales y a su familia el "gran apoyo" recibido en estos días.

La puntilla de Vox

A las 13.48 Vox ya había avisado de la convocatoria de un canutazo de Hernández a la entrada del pleno del Parlamento. No hubo palabras amistosas, ni deseos de recuperación de esa “enfermedad” por la que se ha dado de baja el juez durante “más de 30 días”. Al revés, según Hernández es esta carta la que pone en riesgo su posición en Vox. “Si desafortunadas han sido sus publicaciones precedentes, pues esta última lo es más todavía. No es satisfactoria una explicación en la que se dice que se han dejado las publicaciones en redes sociales en manos de un inconsciente. Eso denota una grave irresponsabilidad que contraviene la normativa interna con respecto a cómo tenemos que manejarnos en redes sociales, en coordinación con nuestro secretariado de medios”, arrancó Hernández, en una clara humillación hacia Serrano. Y añadió, en tono de advertencia: “Si él sigue reiterándose en su crítica hacia la famosa resolución [del Supremo], esa actuación reiterativa no puede entenderse sino como un desafío, porque ya se ha dicho que la postura oficial del partido es el respeto máximo a todas las resoluciones de los juzgados y tribunales nos gusten más o menos. Si persiste en esta actitud, es probable que desde el comité ejecutivo nacional se tenga que adoptar algún tipo de medida”.

Hernández admitió que no había hablado con Serrano en todo el día. Y subrayó que esta posición era común a todos los miembros del grupo de Vox. Todos menos Serrano, que se queda solo, lo que recalca su posición de debilidad.

Un usuario de Facebook

En la tarde de este miércoles, en plena polémica, un usuario de Facebook llamado "Sebastián Alcorta" se atribuyó la autoría de la entrada de Serrano en la que aludía a la "prostitución" como medio "más seguro" de tener sexo. Escribió un mensaje que decía así:

"Por mi parte confirmar todo lo expresado por el Sr Serrano referente a mi publicación en su página de Facebook. Fue un error gravísimo por mi parte y siento muchísimo haber afectado la imagen pública de Don Francisco y de VOX. Decir también, que he colaborado en ocasiones como editor en otras páginas de VOX en Facebook sin ningún inconveniente, pero ya me he quitado de todas ellas. Destacar por encima de todas las cosas, la humanidad y valentía del Sr Serrano. Un caballero con todas las letras. Me encuentro aliviado de que esta situación por fin se haya aclarado. Lamento muchísimo la baja médica del Sr Serrano a quien los ataques le han afectado mucho a él y a su familia, indudablemente por mi culpa. Yo también estoy de baja médica, pero aquí estoy para dar la cara, porque seguro que la prensa manipuladora va a decir que han elegido un cabeza de turco a quien echarle la culpa , pero aquí estoy yo para desmentirlo todo, pues lo sucedido está todo perfectamente acreditado y documentado, y concuerda fielmente con lo expresado por el Sr. Serrano. El mensaje lo dirigí al otro administrador de la página, ya que por vergüenza no me he atrevido a dirigirme al Sr. Serrano, espero que me perdone. Una vez más lo siento muchísimo, arriba el juez Francisco Serrano Castro, viva VOX y viva España".

Alcorta no publicaba nada en abierto en Facebook desde 2014. Serrano compartió esta publicación en su propio muro.

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