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María Neira: “Nunca sabremos todo. El origen del virus probablemente sea un salto de especies”

La experta en Salud Pública de la OMS María Neira.

Karmentxu Marín

La Directora de Salud Pública y MedioAmbiente de la OMS (La Felguera, Asturias, 1962) está convencida de que no habrá salida de la crisis sin proteger al planeta. Dice que pensar y hacer en verde reduce el estrés, la depresión y las enfermedades mentales, además de crear empleo. La OMS no se pronuncia sobre países concretos, pero a ella le gustaría que España destacara por hacer bien las cosas.

¿Por qué cree que algunos se empeñan en plantear el dilema entre salud y economía?

Yo evitaría esa dicotomía y me concentraría en el bienestar general y en un sentido de Estado. A la sociedad le beneficia tener un sistema sanitario muy fuerte. Obviamente, necesitamos también una economía fuerte. Por tanto, hay que elegir las mejores inversiones económicas para asegurarnos de que tenemos el sistema sanitario acompañado de un buen sistema de previsión de los riesgos para la salud de las personas. Crear un ambiente saludable es una de las mejores inversiones. Separar esas dos cosas, saber dónde empieza una y dónde termina la otra resulta a veces muy difícil.

El FMI, además de asegurar que los confinamientos estrictos no solo no dañan a la economía, sino que la favorecen si ello hace salir antes de la situación, propone subir los impuestos a los ricos y apoyar a los más débiles. ¿No es el mundo al revés? ¿El FMI es más progresista que muchos políticos y no pocos Gobiernos?

No corresponde a la Organización Mundial de la Salud pronunciarse sobre la política económica de un país. Pero hemos hecho un manifiesto con prescripciones sobre cómo asegurar una recuperación saludable después del covid-19, y una de ellas pasa por recuperar la relación con el medioambiente. Estamos contaminando los océanos y el agua que bebemos, tenemos contaminado el aire que respiramos. La inversión en ecosistemas y parar de destruir el medioambiente están en la buena dirección. La segunda recomendación es la transición a energías limpias, porque ahora mismo el uso y la combustión de combustibles sólidos, fósiles, nos está llevando a siete millones de muertes prematuras cada año debidas a la contaminación del aire. Por lo tanto, invertir en hacer lo más rápido posible esa transición a combustibles renovables va a ser una decisión buenísima, rentable, porque va a generar empleos verdes. Está demostrado que genera empleo. Y, en tercer lugar, va a contribuir enormemente a reducir riesgos sanitarios para la población, a reducir esos siete millones de muertos y el coste que tienen para el sistema sanitario todas esas enfermedades crónicas causadas por la exposición al aire contaminado. La otra prescripción que hacemos es sobre el sistema de producción de alimentos, que tiene que ser mucho más sostenible, con una agricultura menos agresiva, con menos uso de pesticidas y fertilizantes, y con una buena gestión de los residuos de los alimentos, residuos en los que ahora mismo perdemos el 30% de la producción alimentaria.

¿Los Gobiernos les suelen hacer caso?

Bueno, estamos insistiendo en esto muy intensamente, porque ahora mismo no se trata solo de una crisis sanitaria, sino sociosanitaria, económico-política, histórica, que requiere una serie de estrategias un poco más ambiciosas, y que la OMS sola no puede dirigir en cuanto a tratamiento de enfermedades. Tenemos también que asegurarnos de que haya prevención de esas enfermedades y de que esta sea una sociedad que propicie ambientes saludables. Lo cual va a generar, además de salud y economía, menos estrés, menos depresión, menos problemas de salud mental y, por supuesto, empleo. También hay que invertir en ciudades, ver cómo se van a diseñar. Hay que sacar de ellas los coches y tener un transporte público sostenible; hay que ver cómo eliminar los residuos, cómo vamos a gestionar la calefacción y el aire acondicionado en los edificios para hacerlo de la manera más eficiente. Todo eso son inversiones que tienen beneficio para la salud y un beneficio económico importante. No vemos esa dicotomía que se está debatiendo. No puede disociarse lo uno de lo otro.

¿En España tenemos clara la prioridad de apostar por el tipo de salud que la OMS propone?

Pues no lo sé, pero intentaremos que lo tengan claro. Ahora mismo muchos Gobiernos están dedicando estímulos económicos y recursos muy importantes para esta recuperación post covid, además de los fondos de la Unión Europea. Nuestra recomendación, a través de este manifiesto para una recuperación saludable y verde, es que esas inversiones sean lo más estratégicas posible, que no cometamos los mismos errores del pasado, por ejemplo con la utilización de pesticidas y fertilizantes y de plásticos, con la destrucción del medioambiente, y el uso continuado de combustibles fósiles que nos están matando. Hay que dejar de pagar subsidios a los combustibles fósiles y usar ese dinero para invertir en energías renovables, que van a tener un beneficio importante para la salud. 

A tenor de nuestro comportamiento, ¿creemos de verdad que el medioambiente es cuestión de salud?

Con dificultad, pero la idea se está haciendo camino. Hasta ahora había mucha gente que pensaba que esto del medioambiente era una cuestión de ecologistas o de gente muy motivada por cuestiones planetarias y ambientales, pero yo les digo siempre que piensen en nuestros pulmones. Cuando hablamos de medioambiente hablamos del aire que respiramos. Y cuando las personas entienden la relación de la contaminación del aire con el asma, por ejemplo, ahí se vuelven activistas ambientalistas inmediatamente. Hay que atraer mucho más las cuestiones ambientales a la salud: quien paga toda esta contaminación son mis pulmones. Independientemente de políticas de derechas, de izquierdas, ambientalistas, ecologistas o activistas, se tiene que entender que esto es una cuestión de salud. Si destruyes el medioambiente, te destruyes a ti mismo. No hay ninguna duda, porque todo lo que necesita nuestra salud viene de la naturaleza: el agua, la comida y el aire que respiramos. Si eso lo destruimos, no me parece una inversión muy inteligente.

En la crisis del covid-19, ¿la OMS ha estado siempre a la altura de las circunstancias?

Decir algo así sería muy arrogante y pretencioso. Siempre hay que ser mucho más ambiciosos en cuanto a la visión positiva de cuál podría haber sido nuestro papel. Obviamente, hubiéramos querido que fuera mucho mejor, e incluso tener un mandato más amplio para tomar una serie de medidas. 

¿Los chinos nos lo contaron todo y desde el primer momento?

Nunca sabremos todo. El origen del virus es muy probable que sea un salto de especies, un animal huésped que lo transmitió a un humano. La cronología que damos es la que a nosotros nos consta y que hicimos pública inmediatamente. Iremos viendo otras informaciones que vayan saliendo. En fin, tener acceso a un panorama completamente claro y certero será siempre muy difícil. Pero lo que sí creo es que todos tuvimos el virus y pudimos intercambiarlo con los laboratorios y centros colaboradores con los que trabajamos para identificarlo, y que vimos también en directo en todo el mundo, no solo la OMS, cómo estaba China el mes de enero, qué tipo de medidas estaban tomando, cómo estaban cerrando. Eso fue muy transparente porque estaba en la televisión 24 horas al día.

Hasta el 8 de septiembre, su organización incluía, entre las vacunas candidatas, 34 en fase de evolución clínica y 145 en fase de evolución preclínica. Dicen que alguna está a punto de llegar a puerto. Pero, si no hay vacuna contra el sida en 40 años, ¿por qué hemos de creer que la del covid está al caer? 

Primero, porque nunca en la historia de la medicina ha habido tantos recursos, tanta voluntad política, tanta presión, tantos científicos colaborando, y eso creo que nos da ya una pequeña respuesta. Segundo, porque en este tipo de virus teníamos ya una investigación que había avanzado, con el SARS, con el MERS. Es probable que haya una vacuna precisamente por todo ese esfuerzo titánico sin precedentes que se está haciendo a nivel mundial. Pero habrá que ver los tiempos. Y el día que salga será con todas las garantías. Si no, no podrá salir. Con respecto al sida, tiene otras dificultades añadidas sobre este coronavirus.

 ¿Usted se vacunaría en cuanto llegue la primera? Hay quienes temen que pueda ser precipitada, que se incrementen los conejillos de indias. 

Si esa vacuna que se pone en el mercado tiene el sello de que ha sido precualificada por la Organización Mundial de la Salud, sí.

¿Quién se va a beneficiar de la vacuna? Porque igual no hay para todos.

La OMS está trabajando en un plan masivo gigantesco, precisamente para asegurarse de que haya una distribución lo más equitativa posible. Claro que los primeros meses, el primer año, se vacunará a grupos de riesgo. Pero hay un esfuerzo mundial, y se están poniendo sondas en el Covax [coalición de 172 países que busca garantizar la vacuna a los países más pobres], para asegurarse de que haya fondos disponibles para la distribución de la vacuna en los países menos favorecidos. Va a ser una cuestión logística a escala masiva, de producción primero y distribución después. Pero ya hay unos acuerdos firmados con los países para que dispongan de una parte de la producción de esa vacuna.

Habrá para todos.

Cuánto tiempo será la cuestión. Llevará algún tiempo. Pero sí, habrá vacuna para todos.

Fernando Simón y usted son las caras de la pandemia, a nivel nacional e internacional. ¿Se ve bien acompañada? 

Yo tengo mucho respeto profesional por Fernando, a quien no conozco mucho, pero con quien he tenido la oportunidad de intercambiar opiniones. Me parece una persona sólida desde el punto de vista profesional.

¿Y usted también va loca por los deportes de riesgo: buceo, escalada?

No, no [ríe]. Yo hago yoga.

Bueno, la escalada no se le da mal. Empezó analizando esputos de mineros en la cuenca del Nalón, en Asturias, y ha llegado hasta su actual ocupación.

Bueno, no empecé con esputos ni fue mi primer trabajo. Yo era una estudiante de Medicina y nos llevaron a hacer prácticas. Se me quedaron grabados esos esputos oscuros de los mineros, gente muy joven y que tenía los pulmones ya muy dañados. Después trabajé como médico, me fui a París a especializarme, después a campos de refugiados a entrenarme, que resultó una experiencia vital muy, muy dura, y luego he trabajado muchos años en la OMS. La vida me llevó adonde me llevó, pero mi intención desde el principio, y creo que tengo mucha coherencia, fue dedicarme a la salud pública, sea en un campo de 20.000 refugiados o ahora a nivel global, donde, efectivamente, los retos son mayores. Pero la epidemia no la dirijo yo. La dirige el Equipo de Emergencias y de Respuesta Epidémica. Nosotros, los de Salud Pública, tenemos otro rol un poco más discreto, de apoyar, de contribuir. Tenemos a Mike Ryan y a Maria Van Kerkhove, que sí están siendo la cara de la epidemia. 

¿Recomendaría un poco de su yoga a algunos políticos que demuestran no tener muy claro cómo llevar la pandemia?

Bueno, mi yoga no es de meditación. Es un yoga muy duro y me viene muy bien. Creo que todos necesitamos meditar en un momento tan histórico como este, porque es realmente una situación muy crítica para nuestra sociedad. No podemos frivolizar con nada de lo que estamos haciendo.

Pues tenemos notables casos de dirigentes frivolizando bastante.

Como médicos tendríamos que estar acostumbrados a tener una visión holística, integrada de un problema. Cuando tú le das a un paciente un medicamento para tratar la hipertensión, sabes que eso tal vez va a desestabilizar otra cosa, con lo cual tienes que tener una visión integrada de la persona. Creo que eso resulta muy importante en un momento como este, tener una visión clara de todas las repercusiones de este problema, de la estrategia entera, desde el principio hasta el final. Por ejemplo, si realizas un montón de test de detección tienes que tener una estrategia muy clara de qué hacer con las personas positivas, a quién remitírselas, qué medidas tomar. Y luego tener capacidad de pilotaje, de cambiar la dirección del timón si es necesario, porque tienes información de todos los elementos. Creo que se necesita serenidad, mucha sangre fría, mucha capacidad de visión de conjunto, una estrategia muy clara, una comunicación muy clara, una jerarquía clara también. En la gestión de emergencias hay que tener un sistema jerárquico importante y claro, aunque eso no quiere decir que no se consulte con todo el mundo. Y luego, la capacidad de tomar decisiones y adaptarlas, y que sean proporcionadas y dentro del contexto adecuado.

¿Cómo se están haciendo las cosas en España?

Creo que no nos corresponde juzgar o dar alguna evaluación al respecto. Estamos en medio de una situación difícil y confiamos en que cada Gobierno, con las informaciones, la experiencia y los expertos que tiene, tome las mejores decisiones según la evaluación de riesgo que tenga que hacer. Y hacerlo de forma eficaz, minimizando el coste para la sociedad y procurando que el impacto sea lo más positivo posible.

Confiese que, viendo la actuación de algunas de nuestras Comunidades Autónomas, se echa las manos a la cabeza.

Yo, como responsable de la OMS, quiero que todos los países lo hagan lo mejor posible; y, como española que soy, obviamente claro que me gustaría que España lo hiciera bien y que fuera señalada por ese papel positivo. Claro que me gustaría que lo hiciera lo mejor posible. 

¿Se veía de mayor en estos avatares?

Siempre quise ser médica. No sé por qué. Cuando era pequeña quería ser cirujana. Luego me di cuenta de que la cirugía no era lo mío y pasé a ser endocrinóloga, que es en lo que me formé. Me gustaba mucho precisamente el sistema de feedback, en endocrinología es fundamental. Ante un aumento de una hormona, hay un aviso de que va para atrás la glándula endocrina correspondiente y dice: no fabriques más, que de esto ya tenemos. Ese mecanismo de retroalimentación, de tener la información para tomar decisiones, me cambió la vida. Y luego, cuando empecé a hacer salud pública, de la que estoy enamorada, ya no hubo marcha atrás. Sí, de mayor quiero seguir siendo de salud pública. 

Reconozca que no era tan famosa desde que en 2007 fue pregonera de las Fiestas del Pote, en Asturias. Eso sí que es fama. No me diga que no lo echa de menos.

[Ríe] Claro que sí. El Pote. Y además son cosas que me encantan. Es importante estar en contacto con la gente, y yo soy una convencida de que el área rural será una respuesta positiva, tal vez una lección de esta crisis, que nos llevará a recuperar los valores de esas zonas, de los pueblos, y a vivir un poco más en contacto con la naturaleza y respirar un aire un poco más fresco en todos los sentidos.

Cocina la salud pública. Creo que también cocina otras cosas.

Sí. Lo que pasa es que tengo la suerte de tener un marido y un hijo que lo hacen mejor que yo. Pero me gusta cocinar, sobre todo porque me gusta comer lo que quiero que se coma en casa.

Fabada los domingos en Ginebra.

Pues mira, no. Como cosas un poquitín más ligeras. Pero cuando voy a Asturias, eso también.

*Esta entrevista está publicada en el número de noviembre de tintaLibre, a la venta en quioscos. Puedes consultar todos los contenidos de la revista haciendo clic aquí.aquí

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