15M | ELECCIONES EN CASTILLA Y LEÓN
Castilla y León va a las urnas con el PP asumiendo que Vox superará el 20% y con un PSOE que busca ser primero
El Partido Popular lleva 39 años gobernando interrumpidamente en Castilla y León. Y, salvo sorpresa mayúscula, lo seguirá haciendo tras las elecciones de este domingo. Sin embargo, su candidato y actual presidente, Alfonso Fernández Mañueco, podría obtener el peor resultado del partido en su historia si, finalmente, las predicciones más pesimistas para los conservadores se cumplen y baja de los 31 escaños actuales. El temor del PP, incrementado en la recta final de campaña, es que se mantenga la tendencia al alza de la extrema derecha que se vio en las elecciones de Aragón y Extremadura y que eso haga perder posiciones a Mañueco.
La campaña de los grandes partidos ha estado dominada por asuntos en clave nacional y, salvo las organizaciones regionalistas, las problemáticas que afectan a la comunidad como la despoblación han estado en un segundo plano. A esa 'nacionalización' que ya se vio en campañas autonómicas anteriores, ha contribuido el despliegue de los líderes estatales como el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, y el presidente de Vox, Santiago Abascal, que se volcaron el viernes en Valladolid, donde coincidieron los grandes actos finales y donde cada candidatura se presentó como el "voto útil" de su bloque.
Las encuestas publicadas dejan abierto el escenario. La de 40dB para El País y la Cadena SER apuntaba que el PP lograría entre 28 y 33 escaños —ahora tiene 31— mientras que Vox superaría el 20% de los votos, llegando a los 18 escaños. Es decir, 5 más que en las últimas elecciones, cuando ya obtuvieron más del 17% del total. Entre ambas sumarían el 52% de los votos y superarían de manera holgada los 41 escaños de la mayoría absoluta. La misma encuesta señala que el PSOE obtendría el 28,4% de los votos, un punto y medio por debajo del resultado de 2022, cuando consiguió el 30%. En ese caso, la caída no sería tan pronunciada como en los anteriores comicios autonómicos. Es más, los socialistas aspiran a captar 'voto útil' y ser primera fuerza, por delante de PP y Vox.
La encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), publicada el 20 de febrero, dibujó precisamente ese escenario. El organismo pronosticó un empate técnico entre PP (33,4%) y PSOE (32,3%), con amplias horquillas de escaños para ambos partidos. De entre 28 y 38 para el PP y entre 26 y 35 para el PSOE. Aun así, el propio sondeo apuntaba a la misma conclusión que el resto de estudios: la gobernabilidad dependería del papel de Vox, que obtendría entre 11 y 19 escaños.
Mañueco aspira a mejorar por poco el resultado de 2022
El Partido Popular, si se cumplen estos pronósticos, se va a encontrar con una situación endiablada como le pasó en Extremadura y Aragón, porque vuelve a quedar en manos de Santiago Abascal, que quiere hacer valer la fuerza en votos. Las derechas viven su propia lucha interna sobre la correlación de poderes. En las últimas horas de la campaña, las dos formaciones tuvieron duros enganchones y se acusaron mutuamente de guerra sucia, después de que los ultras votasen en contra en dos ocasiones de la investidura de la extremeña María Guardiola. Eso, a juicio de Génova, demuestra que Vox no es una formación "patriota".
Desde el PP, tanto a nivel nacional como autonómico, tratan de instalar el mensaje de que ellos representan la estabilidad y el 'status quo', un mensaje que ha funcionado en las últimas cuatro décadas en una comunidad envejecida y muy conservadora. Mañueco también ha presumido de gestión frente a una ultraderecha que abandonó el Gobierno autonómico con la excusa a nivel nacional de la distribución de plazas para menores migrantes no acompañados. Sin embargo, en los días previos al fin de la campaña el nerviosismo del PP ha ido en aumento, asumiendo en privado que sus competidores por la derecha superarán el 20% de los votos.
Un pronóstico que únicamente habían verbalizado algunos cuadros medios del partido, pero no la dirección nacional. En las últimas horas, sin embargo, fuentes cercanas a Feijóo asumían en conversación con infoLibre que los de Abascal superarían esa barrera por primera vez en unas elecciones autonómicas, pero que habían llegado a estar "cerca" del 25%, por lo que también han retrocedido. Un retroceso que las citadas fuentes achacan a las purgas internas dentro de la formación y al bloqueo en Extremadura. Otros cargos del PP son menos optimistas y consideran que son ellos los que han perdido fuelle en campaña. "Se nos ha hecho larga", resumen. Una de las preocupaciones que tienen en Génova 13 es el daño electoral que puede tener en esta autonomía tan agrícola el pacto alcanzado en Bruselas sobre el acuerdo comercial con Mercosur, que está aprovechando la ultraderecha.
Un PSOE que sueña con ser primera fuerza
En el caso del PSOE, los socialistas se han volcado en el cierre de campaña con la presencia de Sánchez junto a Carlos Martínez, el expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero y al ministro de Transportes, Óscar Puente. El objetivo de los socialistas es insuflar ánimo en el seno del partido tras las duras derrotas en las elecciones de Extremadura y Aragón. Y, aunque el objetivo no es fácil, aspiran incluso a ser primera fuerza la noche del domingo o a quedar muy cerca del Partido Popular, lo que permitirá a la calle Ferraz respirar algo más aliviada. En el PP admiten que el PSOE está "mejor" y más "estabilizado" que en otros comicios, pero dan por seguro que no sorpassarán a Mañueco. "En Castilla y León va a ganar y gobernar el Partido Popular y quedará una autonomía con más derecha y menos PSOE", es el pronóstico de Génova 13.
En el PSOE creen que los temas de la campaña les han beneficiado. Por ejemplo, con el “No a la guerra” enarbolado por Sánchez contra el presidente estadounidense Donald Trump, aunque nadie se atreve a vaticinar qué beneficios para la izquierda puede suponer en las urnas. La lucha entre las derechas también ha beneficiado a la formación, entienden, porque frente al "caos" y el "desacuerdo" entre PP y Vox, aparece un partido que no tiene problema alguno en pactar a su izquierda. Eso sí, ante la ausencia de una izquierda nacionalista con peso, como ocurría en Aragón, tienen más fácil capitalizar todo ese voto útil.
El PSOE se presenta esta vez con Carlos Martínez, el exalcalde de Soria. Un 34,5% de los ciudadanos, según el CIS, no lo conocían en febrero antes de que comenzara la campaña de las elecciones del 15 de marzo. Tomó las riendas del partido en la comunidad en el último congreso después de unos años de luchas internas en la federación y de pulsos con Ferraz por parte del anterior líder, Luis Tudanca, que fue uno de los pilares de Pedro Sánchez en las primarias con Susana Díaz. Su baza ha sido el aspecto municipal, cercano, de pueblo a pueblo y en las últimas dos semanas ha realizado una maratoniana campaña en territorios como León, donde compite con un UPL que apela a la 'autonomía' leonesa.
Abascal, el ‘jefe’ infiltrado en Castilla y León
El líder de Vox ha protagonizado una campaña muy territorial y personalista, centrada en el voto rural y de protesta. El ultraderechista ha dejado claro que a él no le interesa tanto la gestión como el voto emocional y se ha recorrido la comunidad autónoma como si él fuera el candidato. Es decir, la misma estrategia que siguió en Extremadura y Aragón, con un discurso de confrontación contra el Partido Popular, el PSOE, Bruselas. Frente al PP, ha intentado explotar una contradicción al presentarse como socio necesario pero no subordinado, por lo que ha endurecido mucho el discurso contra Feijóo y Mañueco.
En clave discursiva, Vox se ha centrado en las políticas del campo, criticando el acuerdo con Mercosur y el 'abandono' de los agricultores, además de poner el foco en la inmigración y la inseguridad, dos de sus principales banderas. Abascal también se ha dirigido a los jóvenes, que se han convertido en otro de sus graneros de voto, presentándose como quien puede "devolver" oportunidades a la juventud castellana y leonesa.
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En la dirección de Vox se muestran convencidos de que no les pasará factura a nivel electoral la ruptura definitiva con Javier Ortega Smith, fundador y ex número dos del partido, ni sus graves acusaciones sobre que Abascal está en política por el dinero y que ha perdido sus valores y tampoco la crisis territorial en Murcia que terminó con el relevo del líder regional, José Ángel Antelo.
La difícil situación de la izquierda transformadora
El espacio de la izquierda transformadora va de nuevo por separado con listas de IU-Movimiento Sumar y de Podemos, además de la competencia con fuerzas como UPL (que aspira a ser primera fuerza en la provincia de León), Por Ávila y Soria Ya. En el caso de la izquierda estatal, han contado en campaña con la presencia de la vicepresidenta Yolanda Díaz en Valladolid —pocos días después de anunciar que no se presentará como candidata— para apoyar al cabeza de lista de la coalición que reúne a IU, Movimiento Sumar y Verdes Equo, Juan Gascón. También lo hizo el ministro de Derechos Sociales, Pablo Bustinduy, además de la eurodiputada Irene Montero y la secretaria general de Podemos, Ione Belarra, para hacer lo propio con su candidato, Miguel Ángel Llamas.
La situación de este espacio es crítica en Castilla y León y, según las encuestas, ambas formaciones podrían quedarse sin representación institucional. En los comicios de 2022, Unidas Podemos logró un procurador en las Cortes, el de Pablo Fernández con Podemos, pero ahora todo apunta a que no lo conseguirán. El citado barómetro de 40dB otorgó al partido que coordina Llamas un 1,8% del voto frente al 5,1% que obtuvo la candidatura unitaria hace cuatro años. En el caso de Gascón, llegaría al 3,6% del apoyo y podría entrar por Valladolid. Todo se decidirá por un puñado de votos.