Ondara
En el número 5 del passage Louis Philippe de París, entre la rue de Lappe y el passage Thiéré, bajo una suave llovizna, junto a un muro negro sobre el que se desplegaban y camuflaban todos los paraguas, se hacía una pequeña fila en la que, salvo a los presentes en ella, a nadie quedaba nada claro para qué se conformaba, por qué se estaba allí o lo que pronto ocurriría.
Pero se abrió la puerta y el 'Alien de Minneapolis' dejó claro con su voz ser verdaderamente alguien de otro espacio y otro tiempo en el nuestro.
El Café de la Danse de París nos lo trajo, y él mostró que el talento y el amor por la literatura, la poesía y la música, hacen posible –mucho más que el americano– el sueño, traduciéndose todo ello en una realidad que lo mantiene vivo en cualquier parte.
El sueño americano se apartaba del que, en tantas ocasiones, imaginó a Dylan
Ondara no produce música, le nace dentro. Su cuerpo y su voz son sólo el medio que emplea para poder sacar, a través de vibraciones y un registro de voz inagotable, toda la vida queriendo salir fuera, manifestarse.
No es de extrañar, por tanto, que escuchándolo sea posible contemplar en su voz el naranja de un atardecer en Nairobi, o el rojo cálido, que contrasta con el negro frío del 'downtown de Tokio' en el escenario, y en el que 'lady blue' parece emerger mientras desaparece, dando luz a la noche en París.
Ondara llegó a Minnesota con su green card y su sueño. A la realidad política y social que encontró en Minneapolis, se unió el frío del inmigrante. El sueño americano se apartaba del que, en tantas ocasiones, imaginó a Dylan. A Ondara se le solaparon los sueños en un proceso vital y creativo, que continúa avanzando hacia el que será su cuarto álbum y en el que, lejos de detenerse en el folk y el rock, alumbra con sencillez profunda la poesía.
Ir a escuchar a Ondara permite contemplar la esencia humana, lo que nos une y dista de cualquier decorado.
Ondara transmite vitalidad y calma al mismo tiempo. Viajando en su voz, la velocidad en la que en tantas ocasiones nos encontramos inmersos se aminora y vuelve una pausa viva.
¿En qué participamos y para qué?; ¿con qué propósito y a qué contribuimos en las filas que ocupamos?
Podemos quedarnos simplemente alineados en la superficie. Acudir, tal vez, como zombis o autómatas y mera fachada a la fachada de una 'casita'…; pero también existen y se construyen los hogares, que pueden ser al aire libre, en el interior de un café bajo un cielo de estrellas, cabiendo en él, y en una, todas las ciudades…: "In the water, in the fire i’ll go wherever you go"…
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Elena Sánchez es socia de infoLibre.