El Tesoro robado de Villena, un patrimonio único para comprender la Edad del Bronce
La Guardia Civil busca desde el jueves gran parte del Tesoro de Villena, uno de los conjuntos arqueológicos más importantes de la Edad del Bronce en Europa, después de que varias personas accedieran de madrugada al Museo de Villena (MUVI), en Alicante, y se llevaran la mayor parte de sus piezas en cuestión de minutos.
El aviso de la alarma del museo llegó a la Guardia Civil a las 5.23 horas. Cuando los agentes accedieron al edificio comprobaron que una de las cristaleras había sido fracturada y que los asaltantes habían sustraído las piezas originales. Las imágenes de las cámaras muestran la participación de varias personas y vehículos, mientras todas las líneas de investigación permanecen abiertas. Tras el robo, según explicó el alcalde, Fulgencio Cerdán, del tesoro habían quedado en el museo únicamente las tres vasijas de plata, un brazalete y buena parte de los adornos del bastón.
Su valor económico es considerable. La cifra de referencia utilizada para cuestiones relacionadas con los seguros alcanza los cinco millones de euros, mientras que únicamente los cerca de 9,7 kilos de oro que contiene el conjunto tendrían un valor de mercado superior al millón. Pero esas cantidades apenas permiten medir el alcance de la pérdida. El verdadero valor del Tesoro de Villena reside en que constituye un testimonio único para conocer cómo vivían, comerciaban y se organizaban las sociedades de la Península Ibérica hace más de tres mil años.
El tesoro fue descubierto en diciembre de 1963 por el arqueólogo José María Soler y sus colaboradores dentro de una gran vasija enterrada en el lecho de la Rambla del Panadero, en Villena. El Museo de Villena lo fecha tradicionalmente en torno al año 1000 antes de Cristo, aunque investigaciones posteriores han planteado que algunas de sus piezas podrían ser anteriores.
Su excepcionalidad llevó a la Generalitat Valenciana a declararlo Bien de Interés Cultural en 2005. El propio decreto utiliza un término poco habitual para definirlo: un unicum, un conjunto sin equivalente por su peso, composición y características. La resolución lo considera además el segundo tesoro de vajilla de oro más importante de Europa, después del encontrado en las tumbas reales de Micenas, en Grecia.
Una ventana a las élites de hace más de 3.000 años
Más allá de su valor material, los objetos ofrecen pistas sobre quién podía poseer semejante riqueza y cómo se organizaban las sociedades que la acumularon. Una de las principales interpretaciones vincula el tesoro con el entorno de Cabezo Redondo, un importante poblado prehistórico situado en Villena y ubicado en una posición estratégica entre las rutas que comunicaban la meseta con el Mediterráneo y el sureste con el interior valenciano.
Las investigaciones desarrolladas en ese yacimiento han llevado a interpretar el Tesoro de Villena como una prueba de que en la zona existió una sociedad jerarquizada, con grupos capaces de controlar un territorio estratégico y acumular una enorme cantidad de bienes valiosos. El arqueólogo Miquel Tarradell llegó incluso a plantear tras su descubrimiento que se trataba de un “tesoro real”.
No existe, sin embargo, una explicación definitiva sobre por qué acabó enterrado. Se ha planteado que pudo pertenecer a un dirigente o a un grupo privilegiado que lo escondió ante algún peligro, pero también se han propuesto usos ceremoniales o políticos. Los cuencos y recipientes, por ejemplo, podrían haber formado parte de una vajilla de lujo o de carácter religioso, mientras que los brazaletes serían adornos personales.
Las semejanzas con otros hallazgos peninsulares y europeos aportan además información sobre las redes de intercambio y circulación de técnicas e ideas. Lejos de tratarse de sociedades aisladas, el tesoro refleja contactos que podían extenderse a grandes distancias y conecta el sureste peninsular con tradiciones metalúrgicas presentes en otros territorios europeos.
Una vajilla de oro prácticamente única en Europa
La composición del tesoro ayuda también a explicar por qué fue capaz de ofrecer tanta información sobre aquellas sociedades. Según la descripción oficial incluida en su declaración como BIC, reúne 53 objetos de oro, con más de nueve kilos de peso, además de tres recipientes de plata y varias piezas realizadas con hierro, oro y ámbar. El oro alcanza una pureza estimada de 23,5 quilates.
Entre las piezas destacan 11 cuencos de oro, 28 brazaletes y dos recipientes del mismo metal, además de las tres botellas de plata. A ellos se suman fragmentos de láminas de oro que probablemente formaron parte de guarniciones de armas y objetos que combinan diferentes materiales. El conjunto reúne así vajilla, adornos personales y posibles elementos vinculados a armas, una variedad poco habitual dentro de un mismo depósito.
Los brazaletes son uno de sus elementos más característicos. Algunos presentan superficies lisas, mientras otros incorporan molduras, púas y complejos calados, y muchos conservan señales de desgaste que muestran que llegaron a utilizarse. Sus características fueron tan particulares que dieron nombre a una tipología propia, la orfebrería de estilo Villena-Estremoz, que permite relacionarlos con objetos encontrados en otros puntos de España y Portugal.
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El estudio de estas piezas ha permitido además conocer el nivel técnico alcanzado por los orfebres prehistóricos. Investigaciones realizadas sobre los brazaletes detectaron el uso de procedimientos como la fundición a la cera perdida y el torno de eje horizontal, indicios de un grado de desarrollo metalúrgico considerable durante la Edad del Bronce.
Dos piezas fabricadas probablemente con material de un meteorito
Entre las piezas más singulares del Tesoro de Villena hay un brazalete y un objeto semiesférico de hierro cuya antigüedad desconcertó durante décadas a los investigadores. Un estudio publicado en 2023 en la revista científica Trabajos de Prehistoria, del CSIC, concluyó que ambos fueron fabricados probablemente con hierro procedente de un meteorito.
De confirmarse, pertenecerían al Bronce Tardío, antes de que se generalizara la producción de hierro a partir de minerales terrestres. El hallazgo muestra además que, en aquella época, el hierro podía ser un material extraordinariamente escaso y prestigioso, asociado a objetos de las élites.