Netanyahu intensifica los ataques a Palestina en busca de su reelección en las legislativas de octubre
El lunes 24 de agosto, ataques aéreos y disparos israelíes mataron a siete personas en la Franja de Gaza, entre ellas un niño pequeño y una niña. Hassan al-Hafi, de 4 años, murió cuando su casa, situada en el campo de refugiados de Al-Bureij, fue blanco de un ataque. Amal Nash’at Abu Khater, cuya edad no se ha precisado, falleció a causa de las heridas provocadas por disparos israelíes en la zona de Jan Yunis. Los adultos fallecieron en distintos ataques israelíes y en diversos lugares: unas tiendas de campaña cerca del hospital Nasser, en Deir al-Balah, en el centro del enclave; una mezquita, también en Deir al-Balah; una planta desalinizadora de agua; y un almacén de suministros humanitarios.
El día anterior, el domingo 23 de agosto, el ejército israelí había matado a otras tres personas. El 19 de agosto, el objetivo fue la sede de la policía, en la ciudad de Gaza. Nueve muertos, entre ellos la jefa de la policía femenina.
Todo ello en un territorio donde el espacio que se deja a la población palestina se ha reducido a lo estrictamente necesario, ya que el ejército israelí ocupa hoy entre el 60 % y el 70 % del mismo, donde el agua potable, los alimentos básicos y la asistencia sanitaria son un lujo. Un territorio que, en teoría, debería beneficiarse de un alto el fuego y de la apertura de los pasos fronterizos a los cargamentos humanitarios desde octubre de 2025.
Pero se han reanudado las órdenes de “evacuación” forzosa. Cuatro, solo durante la jornada del lunes. “Todos en Gaza esperamos un aumento de los ataques hasta las elecciones legislativas israelíes y el nombramiento de un nuevo primer ministro, ya que las autoridades militares y políticas israelíes intentarán matar al máximo número de personas que figuran en sus listas de personas buscadas”, asegura a Mediapart Eyad Amawi, miembro del comité de socorro de Gaza, desde el enclave palestino. Netanyahu y sus aliados quieren complacer a su base electoral.”
También con fines electorales —continúa Eyad Amawi— el primer ministro israelí y su ministro de Defensa amenazaron, en un comunicado conjunto publicado el 23 de agosto, con intensificar los ataques sobre la Franja de Gaza si se siguen lanzando “drones, globos y cometas” desde el enclave costero hacia Israel. Las elecciones legislativas están previstas para el 27 de octubre.
La caballería contra las cometas
Según las autoridades israelíes, cuatro cometas aterrizaron en el lado israelí de la valla hermética y altamente protegida, lo que ha causado revuelo en Israel, reavivando el recuerdo de las cometas incendiarias lanzadas en el verano de 2018. Y el de los drones y los parapentes durante el ataque del 7 de octubre. El Gobierno ha aprovechado el incidente para calificarlo de “provocación” de Hamás y garantizar que hará todo lo posible para evitar un nuevo 7 de octubre. Aunque los informes sobre el 7 de octubre no mencionan ninguna cometa y aunque ninguna de las cuatro cometas en cuestión llevaba carga explosiva.
Para la población de la Franja de Gaza, el Gobierno israelí ha aprovechado un pretexto más para bombardear aún más. Los niños del enclave costero fabrican tradicionalmente, cada verano, cometas que llenan el cielo de Gaza. “Desde hace unas horas circula un chiste entre los gazatíes”, comenta Eyad Amawi. “Dice así: ‘No dejéis que vuestros hijos jueguen con cometas, porque si no, volverán a venir a jugar con sus F-16’, refiriéndose a los aviones de combate israelíes”. Los testimonios recabados por periodistas palestinos —las autoridades israelíes siguen prohibiendo la entrada de periodistas extranjeros en la Franja— confirman que los padres están siguiendo la consigna.
“Netanyahu pone de relieve su firmeza frente a Hamás, que se mantiene firme ante los israelíes en las negociaciones, y su capacidad para responder a la más mínima provocación”, analiza Thomas Vescovi, investigador en historia contemporánea especializado en Israel y Palestina, adscrito a la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales de París y a la Universidad Libre de Bélgica. El primer ministro israelí ha rechazado de plano la hoja de ruta presentada por el Consejo de Paz, organismo creado por Donald Trump, y no ha cedido nada ante Jared Kushner, el enviado especial del presidente estadounidense, enviado para salvar lo que queda de su plan. Envía a la caballería contra los cometas. En resumen, está mostrando su fuerza.
“En el marco de las elecciones, Netanyahu será atacado por lo ocurrido el 7 de octubre. Pero, aunque reconozca la tragedia, destacará su postura como hombre que supo plantarle cara al mundo entero, a pesar de las condenas. Que impide que Hamás vuelva a afianzarse en la Franja de Gaza y sigue bloqueándola por completo”, añade Thomas Vescovi. “Se presentará como aquel que no cede en nada, para hacer que la oposición parezca débil. No deja, por ejemplo, de atacar a su principal adversario, Gadi Eisenkot, sobre este tema. Se burla de sus intervenciones públicas y asegura que, en consecuencia, lo dejarán en ridículo en la escena internacional. Aquí también hay un aspecto muy viril”.
La coalición gubernamental apuesta por la escalada ante una posición delicada en las encuestas de opinión. Tanto para seducir a su base y consolidarla, como para crear el máximo número de hechos consumados sobre el terreno. Pero nadie se deja engañar: “Encuesta tras encuesta, la mayoría de los encuestados comparte la opinión de que las motivaciones del primer ministro, ya sea en lo que respecta a Irán o a Gaza, son ante todo políticas y no se basan en consideraciones de fondo”, escribe Ofer Shelah, director del programa “Política de Seguridad Nacional de Israel” del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional (INSS) israelí y exdiputado, en el diario de centroizquierda Haaretz.
En otras palabras, todos los medios son válidos y se ponen al servicio de las ambiciones electorales de Benjamín Netanyahu y sus aliados.
Hechos consumados y provocaciones
La carrera por los votos se une a la ideología expansionista. En el Gobierno, los representantes de los colonos, en particular Bezalel Smotrich e Itamar Ben Gvir, insisten a toda costa en que se lleve a cabo la construcción del bloque de asentamientos “E1”, un viejo sueño de los partidarios de la colonización. Al unir los asentamientos de Cisjordania con Jerusalén, dividirá Cisjordania en dos, completará la transformación del territorio ocupado en 1967 en una sucesión de bantustanes y pondrá el último clavo en el ataúd de un posible Estado palestino.
La licitación publicada el 18 de agosto es tan precipitada que incumple la normativa israelí, según reveló Haaretz el 24 de agosto, además de ser contraria al derecho internacional. “El calendario permitirá anunciar el nombre del licitador seleccionado antes de la jornada electoral —el 27 de octubre— y de la formación del próximo Gobierno. Para entonces, ya se habrán sentado las bases jurídicas y administrativas del proyecto E1, aunque aún no haya comenzado ninguna obra de construcción”, escribe el periódico.
Al mismo tiempo, son incesantes las redadas del ejército israelí contra los pueblos y ciudades palestinos de Cisjordania, a pesar de que los grupos armados palestinos llevan meses desmantelados y en algunos de los campos de refugiados ya no hay nadie.
Ben Gvir y Smotrich creen que disponen de dos meses, hasta las elecciones, para sacar adelante su proyecto
Dima Mohammed Amin, una ginecóloga y obstetra de 55 años residente en Ramala, fue detenida en su domicilio durante una violenta redada de soldados el 18 de agosto, a causa de unas publicaciones en las redes sociales. Su familia estuvo treinta y seis horas sin saber nada de ella, hasta que, el 23 de agosto, se enteró de que un tribunal militar había prolongado su detención a pesar de que había sufrido problemas cardíacos que requerían hospitalización. Según Médicos Sin Fronteras (MSF), es la última víctima hasta la fecha de una campaña dirigida contra el personal sanitario palestino.
Durante una redada en la localidad de Qabatiya, al norte de Cisjordania, el 17 de agosto, unos militares grabaron números en la piel de los hombres considerados sospechosos e interrogados. Aunque esta práctica no es nueva, este episodio ha agravado aún más la tensión. Esos hombres recibieron la orden, por parte del ejército, de no oponerse a los colonos si estos llegaban a invadir el pueblo.
“No fueron los colonos quienes hicieron esto. Fue el ejército, nuestros soldados, quienes lo hicieron, en el pueblo de Qabatiya, en Cisjordania. Detienen a la gente, los ponen en fila, les vendan los ojos y les marcan con números. No tienen nombre, ni humanidad, no son más que números. Insistimos en que esto también forma parte del sistema electoral”, dice indignado en X Alon-Lee Green, del grupo israelí judeo-árabe Standing Together.
Los supremacistas multiplican sus declaraciones y acciones incendiarias. Itamar Ben Gvir, jefe de la policía, está desatado: un día anuncia la construcción de la horca para las ejecuciones, ahora posibles, pero únicamente para los palestinos, y su retransmisión pública. “Cumplimos nuestras promesas”, exclama con jactancia. Otro día considera que habría que matar a “entre 30 y 40” palestinos cada noche en la Franja de Gaza.
“Ni Ben Gvir ni Smotrich han ocultado nunca su deseo de agudizar el conflicto en Cisjordania, de empujar a los palestinos a la revuelta. Porque, en su opinión, eso les permitirá acelerar mucho más las expulsiones, la apropiación de tierras y los desplazamientos de población. Y creen que tienen dos meses por delante, hasta las elecciones, para hacer avanzar su proyecto”, analiza Thomas Vescovi. “Porque, ¿quién sabe cuál será la actitud del próximo Gobierno hacia estos colonos si, tras el 27 de octubre, Ben Gvir ya no es ministro de Seguridad y Netanyahu ya no es primer ministro?”
Los colonos, que no paran de hacer incursiones en Cisjordania, protegidos por el ejército israelí, también forman parte de este juego electoral. Son el brazo armado de los supremacistas de la mayoría gubernamental y desafían a la oposición a que los condene, ya que nadie, en su seno, aboga por el fin de la colonización. “También quieren aumentar la tensión y aprovechar el miedo a la inseguridad que inspiran los palestinos y, de este modo, presionar a la oposición”, añade el investigador. “De hecho, le dicen: ‘Si realmente apoyáis la colonización, como afirmáis, no podéis condenarnos, porque eso es lo que hacemos: apoderarnos de tierras’”
Jugar con el miedo, demostrar su fuerza: viejas recetas de época electoral. Pero al servicio de una guerra genocida y de una limpieza étnica. Una vez más, Benjamín Netanyahu espera que los votos de los electores se decanten por él, quien, según cree, está en vías de reestructurar Oriente Medio y convertir a Israel en la única superpotencia regional.
Netanyahu no conoce el concepto de alto el fuego
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El bombardeo del aeropuerto militar sirio de Abu al-Duhur, el 18 de agosto, constituyó ante todo una advertencia a Turquía, considerada como la nueva rival.
Un cartel electoral del Likud, el partido de Netanyahu, muestra los rostros poco afables del iraní Mojtaba Jamenei, del neoyorquino Zohran Mamdani, del libanés de Hezbolá Naïm Qassem y del presidente turco Recep Tayyip Erdoğan. Su eslogan reza: “Quieren que Netanyahu pierda, no les dejemos ganar”.
Traducción de Miguel López