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LOS FALLOS DEL MERCADO LABORAL

El empleo precario crece desde enero cuatro veces más que el de calidad

El Gobierno convierte ahora la lucha contra la dualidad en un “objetivo a medio y largo plazo”

“Cada vez existe menos dualidad en el mercado de trabajo”, presumió ante los micrófonos de la Cadena Ser la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, tres días antes de que las estadísticas de la Seguridad Social revelaran la destrucción de 134.000 empleos en el mes de agosto. Acabar con la dualidad, la brecha entre puestos de trabajo de calidad –contratos indefinidos, salarios suficientes– y precarios –contratos temporales, a tiempo parcial, sueldos escasos–, era uno de los objetivos declarados de la reforma laboral de 2012. Desde entonces, el Ministerio de Empleo repite que el abaratamiento del despido y la flexibilización laboral han reducido esa fisura. También asegura que en el mismo sentido han empujado los incentivos a la contratación indefinida, las tarifas planas puestas en marcha en los dos últimos años.

Sin embargo, la creación de empleo que acompaña a la reactivación económica, con un crecimiento previsto del PIB superior al 3% este año, desmiente las afirmaciones de los responsables del Gobierno. El empleo temporal y a tiempo parcial, el más precario, ha crecido un 4,76% desde enero hasta el pasado agosto, medido como el número de afiliados que la Seguridad Social tiene en sus registros. Casi 1,44 millones de personas trabajan con esas condiciones. En ese mismo plazo, el empleo de calidad, los cotizantes con contrato indefinido y jornada completa, sólo han aumentado un 1,18%. Es decir, la cifra de trabajadores más precarios crece cuatro veces que la de asalariados estables.

Y eso ocurre pese a los 3.000 millones de euros con que Empleo subvenciona los contratos indefinidos. Esas ayudas no cambian el patrón de conducta de las empresas a la hora de contratar. Los contratos temporales a jornada completa son los preferidos: han aumentado un 24,76% desde enero.

Si se obvia el tipo de jornada, los afiliados con contrato indefinido, han crecido un 5,1% hasta agosto, pero los temporales han experimento un alza del 16,3%, crecen al triple de velocidad. En cifras absolutas, en ocho meses los asalariados temporales han aumentado en 530.349 personas, pero sólo hay 78.731 indefinidos más.

El núcleo duro del mercado, cada vez más reducido

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Con ese ritmo los trabajadores con empleo estable y de calidad, el núcleo duro del mercado laboral, han dejado de ser la mayoría. En enero, quienes tenían puestos de trabajo fijos y con jornadas de ocho horas aún eran el 50,17% de los 12,22 millones de afiliados a la Seguridad Social en el Régimen General –el de los asalariados–. Ocho meses más tarde, son sólo el 48,44%, han sufrido un descenso de casi dos puntos. Los trabajadores con contrato temporal, por el contrario, han pasado del 26,6% en enero al 29,5% de los cotizantes en agosto: 3,78 millones. De ellos, trabajan ahora a tiempo parcial 234.696, tres décimas más que en enero. Si se les añaden los empleados que con esa misma jornada poseen un contrato indefinido, el total de los asalariados por horas en España asciende a 2,82 millones, un 3% más que en enero.

En cualquier caso, el estallido del empleo temporal se produce siempre en el mes de julio, con el boom del turismo y la hostelería. Los asalariados con contrato temporal sumaron entonces 3,84 millones, y los fijos a tiempo completo se quedaron en el 48%, cuatro décimas por debajo de las cifras de agosto, cuando llegan a su fin muchos de los contratos de verano.

Los expertos cuestionan la eficacia de las subvencionescuestionan la eficacia de las subvenciones a los contratos. No sólo por el coste que tiene para los ingresos de la Seguridad Social –los empresarios se ahorran las cotizaciones–. También porque, cuando desaparece la subvención, también desaparece el contrato. Además, las bonificaciones y deducciones sólo han beneficiado a la mitad de los contratos que el Gobierno había previsto en el real decreto que creó la primera tarifa plana, en marzo de 2014. A la vista de los datos de empleo, ni la reforma laboral –que, en teoría, abarató y facilitó el despido para incentivar la contratación– ni las subvenciones han cambiado la querencia de las empresas por el contrato temporal. Y desde luego, lo que no ha variado un ápice es el modelo de producción: una economía dominada por el turismo y la construcción, dos sectores muy estacionales y enganchados a los contratos breves.

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