Marine Le Pen desbarata la apuesta de la patronal francesa por Bardella para las presidenciales

Jordan Bardella y Patrick Martin, presidente del Medef.

Martine Orange (Mediapart)

Están desorientados. Todo había empezado tan bien. La “unión de la derecha” que tanto deseaban y en la que trabajaban con ahínco estaba en marcha. Tenían a su candidato, cuyo programa económico esperaban redactar tras haberle inculcado “la pedagogía de los negocios”, que reforzaría sus intereses.

Dicho candidato incluso había empezado a respaldar sus reivindicaciones, especialmente en materia de pensiones, lo que provocó fuertes tensiones en el seno de su partido. Su popularidad en las encuestas iba en aumento, preparando a la opinión pública para un desenlace inevitable en la primera vuelta de las presidenciales.

Y entonces llegó el 7 de julio. La justicia condenó a Marine Le Pen en el marco del caso de los asistentes parlamentarios de Agrupación Nacional (RN), pero sin impedirle presentarse a las elecciones presidenciales. En las horas posteriores a la sentencia del Tribunal de Apelación, la expresidenta de RN confirmó su candidatura, dejando de lado sin más a Jordan Bardella, ese candidato por el que parte de la patronal había apostado todo.

Una decisión judicial de "gran perversidad", según un allegado al Medef (Movimiento de Empresas de Francia). “Los círculos empresariales no habían previsto esta situación”, reconoce uno de sus asesores de confianza. “Pensaban que la justicia confirmaría la condena de Marine Le Pen en apelación y dejaría el campo libre a Bardella”.

“La moraleja de la historia es que RN es ‘inoperable’. Es una empresa familiar al servicio exclusivo de los Le Pen. Todos los que han intentado hacerse con el partido han fracasado y han sido expulsados. La patronal debería haberlo sabido. Pero carece por completo de cultura política”, analiza un observador familiarizado con los círculos de poder en un tono falsamente contrito.

¿Qué hacer ahora? Con cierta inquietud, algunos esperan las jornadas de verano del Medef, los días 26 y 27 de agosto, momento de gran comunión entre la patronal y una parte de la clase política. Se trata de ver cómo se reposicionarán los círculos empresariales antes de la campaña presidencial, pero también qué dirá el presidente Patrick Martin, de quien se espera que haga de nexo entre todas las corrientes patronales.

Creciente contestación

“Nos da igual la misa mayor del Medef: no es eso lo que esperamos de la patronal”, responde sin rodeos el director de una pyme. “Se ha olvidado por completo de su papel”, continúa, preocupado “por la desaparición de nuestros grandes grupos, las deslocalizaciones y la desindustrialización del país”. “Hoy en día, los problemas de las empresas son los costes energéticos, el acceso al crédito, la competencia desleal —incluso dentro de Europa— y la dificultad para encontrar mano de obra cualificada, sobre todo en los sectores científicos y técnicos desde las reformas de Blanquer… Pero el Medef no dice ni una palabra al respecto. Prefiere sus jueguecitos políticos”.

Las críticas hacia la organización patronal no son de ahora. Llevan más de cuarenta años existiendo. Pero en los últimos años no ha dejado de ampliarse la brecha entre la institución oficial y la realidad sobre el terreno. Para muchos, el Medef está “completamente a la deriva” y ha dejado de asumir su papel de socio económico y social. “Desde la presidencia de Geoffroy Roux de Bézieux [de 2018 a 2023 —ndr], no es más que un órgano de presión política al servicio de unos pocos grandes intereses privados”, afirma un observador cercano a este ámbito.

Desde hace más de un año, los dirigentes del CAC 40 y de los círculos financieros solicitan reunirse con Jordan Bardella. Ha habido muchos almuerzos y citas más o menos discretas

Al considerar inútil luchar contra una instancia que solo se representaba a sí misma y que no les concernía, una parte de los dirigentes decidió ignorar esa evolución. Sin embargo, el reconocimiento público de RN —que puso fin a décadas de exclusión de la extrema derecha por parte de los círculos empresariales— y su apoyo poco disimulado a la candidatura de Jordan Bardella les han impulsado a romper su silencio. Pocas veces las críticas hacia el Medef han sido tan numerosas y virulentas.

Pocas personas se han atrevido a expresarse públicamente. Excepciones como Stéphane Boujnah, director general de Euronext, denuncian “la falta de ética” que supone aliarse con la extrema derecha. En privado, algunos se desahogan y dicen estar “asqueados” por “el colapso moral y democrático de la patronal”. “No se pacta con la extrema derecha. ¡Nunca!”, exclama un miembro influyente del Medef. “La patronal vuelve a sus raíces: las de la colaboración”, lamenta con sarcasmo un exdirector de un gran grupo empresarial ya jubilado.

“Las críticas contra la patronal siempre han existido. No es un colectivo homogéneo. Hay corrientes, como en el PS”, matiza un responsable patronal. “Pero me parece un poco injusto el juicio que se le está haciendo a Patrick Martin. Hereda una tarea muy complicada. Lo que se le podría reprochar es no haber marcado un rumbo, estar siempre a la defensiva”.

Estos “disidentes” acogieron con malicia el fracaso en directo de la candidatura de Jordan Bardella, lo que viene a confirmar sus alertas sobre el supuesto cambio de naturaleza de RN. Repiten una y otra vez la advertencia de Alain Minc, el incombustible asesor de los círculos empresariales parisinos, que denuncia la ilusión de la patronal de querer ser el “titiritero de Jordan Bardella”. Los hechos acaban de darles la razón, según ellos. RN sigue siendo el partido de extrema derecha que siempre ha sido, a pesar de sus intentos de normalización. Y a la menor oscilación, la familia Le Pen vuelve a tomar el control.

Pero incluso entre los partidarios de la “unión de la derecha”, que reclaman un gobierno autoritario “para las reformas que el país necesita”, algunos cuestionan la pertinencia de la decisión empresarial de alinearse con Jordan Bardella.

“Marine [Le Pen] lo ha descartado, pero, de todos modos, no creo que hubiera aguantado el tipo. No da la talla necesaria para liderar una campaña presidencial, y mucho menos para estar en el Elíseo”, afirma un empresario. “Yo, por mi parte, nunca habría votado a Bardella”, admite un empresario que, sin embargo, reivindica sus vínculos con la extrema derecha. “No tiene ni 30 años”, explica. “Carece de experiencia, no tiene estudios y da la impresión de no tener ninguna base política ni económica sólida. Es un animal de la comunicación que solo sirve para hacerse selfies”.

Lidiar con Marine Le Pen

En un intento por recomponer las piezas de un mundo empresarial dividido y, sobre todo, por borrar el fracaso de la candidatura de Bardella, algunos intentan reescribir la historia. “No fueron el Medef ni los empresarios quienes fueron a buscar a Jordan Bardella. Fue él quien envió señales de apertura. Consideraron que había que aceptar su mano tendida y entablar el diálogo. No se puede ignorar a un partido político que obtiene un tercio de los votos y está a las puertas del poder”, afirma una eminencia gris del capitalismo francés. “En realidad, no ha habido un alineamiento de la patronal con Jordan Bardella. Todo esto forma parte de la política de normalización de RN”, añade otro dirigente.

“No estoy al tanto de los entresijos, pero no es ese el recuerdo que tengo”, cuenta un observador bien informado. “Fue a instancias de ciertas federaciones, entre ellas la de la UIMM [Unión de Industrias y Oficios Metalúrgicos —ndr] y de ciertos grupos de presión patronales, por lo que se decidió entablar relaciones con Jordan Bardella y darle protagonismo”.

En cualquier caso, desde hace más de un año, tanto los dirigentes del CAC 40 como los círculos financieros solicitan reunirse con él. Ha habido muchos almuerzos y citas más o menos discretas con el número dos del RN, que les parecía mucho más prometedor y atento que Marine Le Pen.

Pero, a partir de ahora, la patronal ya no tiene otra opción: tiene que lidiar con Marine Le Pen. “Basta con ver CNews para darse cuenta de la confusión. La cadena era el estandarte de la unión de la derecha, con Bardella al frente, tal y como quería Bolloré. Hoy en día, ya no sabe qué línea seguir”, ironiza una persona cercana a los círculos de poder.

Se intensifican los contactos discretos con Sébastien Chenu y Jean-Philippe Tanguy, a quienes consideran los más perspicaces en materia económica

Vincent Bolloré, que marca la pauta en una parte de los círculos empresariales, no oculta sus desacuerdos con la presidenta del grupo RN en la Asamblea Nacional. Para él, una “socialista”. Volver a situar la edad de jubilación en los 60 años, tal y como ella se ha comprometido, es un tema espinoso tanto para el presidente de Vivendi como para muchos de sus homólogos. Al igual que sus posturas sobre Europa. “Marine Le Pen se apoya en un electorado popular. Está claro que no va a desmantelar el gasto público ni la protección social, y que solo modificará las pensiones de forma marginal”, opina un directivo.

Para otros, no son más que promesas de campaña sobre las que RN se replanteará rápidamente su postura. En primavera, la asociación Entreprises et Cités, fundada por Claude Bébéar en la década de 1990 —y de la que Bernard Arnault (LVMH) y Vincent Bolloré son miembros desde sus inicios—, organizó un encuentro que reunió a la flor y nata del CAC 40, con Bernard Arnault y Patrick Pouyanné (TotalEnergies) a la cabeza, en torno a Marine Le Pen. “No tiene contactos con los círculos económicos. Debemos hacerle comprender las urgencias del país”, se justifica en el entorno de uno de los participantes.

Al considerar que RN está “mal preparada” para asumir el poder, algunos empresarios parecen ya dispuestos a brindarles su apoyo para que dominen “la gramática de los negocios”. Entre bastidores, se intensifican los contactos discretos, sobre todo con Sébastien Chenu y Jean-Philippe Tanguy, a quienes consideran los más perspicaces en materia económica y a quienes Marine Le Pen presta atención.

Jordan Bardella, por su parte, parece haber sido "zapeado" [apartado], según la expresión de un miembro de la patronal. Aunque Marine Le Pen asegura que lo nombrará primer ministro si llega al Elíseo, los círculos empresariales no se lo creen. Para ellos, Bardella ya no les sirve de nada: ha perdido.

Relanzar la “unión de la derecha”

Ahora, todos se preparan discretamente para la llegada de RN al poder, que consideran inevitable. Algunos incluso parecen desearlo. “Puesto que los franceses quieren RN, probemos la experiencia. Al cabo de seis meses, será una catástrofe. Después darán un giro radical, como hicieron los socialistas en la época de Mitterrand”, pronostica un dirigente. “¡Todo esto es irresponsable!”, se queja un directivo de una pyme que no se resigna a esa posibilidad. "Ya se sabe lo que cuesta el aventurerismo político. A Estados Unidos le llevará años reparar los daños causados por las locuras de Donald Trump”.

En el letargo del verano, asesores y think tanks empresariales intentan elaborar escenarios para mantener el control venga lo que venga. Y para volver a poner en marcha esa famosa “unión de la derecha”, capaz de llevar a cabo las “reformas radicales” que han incluido en su programa.

Algunos especulan sobre las verdaderas intenciones de Marine Le Pen. Al fin y al cabo, ¿de verdad quiere llegar hasta el final, alcanzar el poder? ¿No prefiere más bien mantenerse en ese papel de copiloto, que le permite prosperar política y económicamente, dictar la agenda política, imponer sus ideas —sobre todo en materia de inmigración y seguridad— sin tener que asumir el día a día de la gobernanza ni las consecuencias de esas decisiones? Todo ello podría abrir el camino a posibles alianzas.

La partida, según ellos, no se decide únicamente en las dos vueltas de las presidenciales, sino también en las dos vueltas de las legislativas que vendrán a continuación para “salir del bloqueo político en el que se encuentra el país desde 2024”.

Marine Le Pen, un pie en el acelerador de las presidenciales y otro en el del freno judicial

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En el marco de la campaña presidencial, lo ideal sería reproducir el esquema de las presidenciales de 2017 y 2022: contar con un candidato de derechas frente a Marine Le Pen en la segunda vuelta que reavive el voto republicano, lo que permitió en ambas ocasiones que ganara Emmanuel Macron.

Y para las elecciones legislativas, forjar una alianza —al menos tácita— con RN, prometiéndole asumir parte de sus propuestas, o incluso concederle algunas carteras ministeriales para garantizar una coalición mayoritaria en la Asamblea. Pero, ¿qué candidato de derechas podría cumplir tal misión? Esa es la pregunta que se plantean en estos momentos los círculos empresariales parisinos.

Traducción de Miguel López

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