Política exterior

Los planes contradictorios para Marruecos de Feijóo y Abascal que amenazan con agitar la relación con Rabat

Santiago Abascal y Alberto Núñez Feijóo, los líderes de Vox y el PP.

Los planes del PP y Vox para Ceuta y Melilla y, en general, la manera que tienen estos dos partidos de enfocar la relación de España con Marruecos en el futuro no pasan desapercibidos en Rabat, en la medida en que las encuestas insisten en hacer viable un Gobierno de coalición de derechas en España a partir de 2027.

Durante su mandato, Pedro Sánchez se ha esforzado por mantener un delicado equilibrio para contentar al vecino del sur con tres objetivos: frenar los flujos migratorios que parten de las costas marroquíes, disponer de información de inteligencia que permita a la Guardia Civil y a la Policía Nacional prevenir la violencia islamista en territorio español y contener el narcotráfico.

A cambio, el Gobierno de Marruecos ha conseguido anotarse algunas victorias importantes; en particular, que España se haya sumado a la estrategia de Rabat para que la integración del Sáhara Occidental dentro de sus fronteras sea reconocida como la opción más viable para solucionar el conflicto, alejando el sueño del Polisario de celebrar un referéndum de autodeterminación.

El Gobierno marroquí es consciente de la presión que la inmigración ilegal ejerce sobre el debate político en España. Existen indicios de que, en 2021, promovió la llegada masiva de migrantes a Ceuta para castigar a Sánchez en el contexto del conflicto del Sáhara. También se ha hecho evidente que lo ocurrido el 30 de julio en la misma frontera, independientemente de su origen en las redes sociales, jamás hubiera tenido lugar si las autoridades marroquíes hubiesen decidido impedirlo.

Es ahí donde las propuestas de Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal, prometiendo una frontera en Ceuta y Melilla infranqueable para la inmigración ilegal sin la ayuda de Marruecos, cobran especial interés.

El líder del PP sostiene que quiere una relación con Rabat basada en el “respeto, la buena vecindad y la reciprocidad”, pero al mismo tiempo denuncia “chantajes” por parte de nuestro vecino del sur. Feijóo ha puesto en cuestión la piedra angular de la política exterior marroquí al prometer que el Congreso revisará la posición española sobre el Sáhara para decidir si se revierte, apostando por el referéndum y desandando la estrategia marroquí de apostar por una autonomía limitada que Sánchez reconoció como la salida más viable al conflicto.

Visita del rey

Al mismo tiempo, el PP está apostando por la presencia de Felipe de Borbón en las ciudades autónomas, a sabiendas de que Marruecos lo considera un acto de provocación, como ya ocurrió en el pasado con la única visita protagonizada por su padre, el hoy autoexiliado Juan Carlos I, en 2007. 

Feijóo asegura querer “una relación equilibrada” con Marruecos y Argelia, buscando estabilidad en el Magreb. Lo que no aclara es cómo planea conseguirla.

Para reforzar la frontera de Ceuta, la más permeable, Feijóo ha prometido multiplicar los medios humanos, sin precisar si habla de personal civil o militar; recurrir al uso de tecnología; establecer vigilancia marítima permanente; y prolongar el espigón del Tarajal, en Ceuta, para evitar entradas a nado. Su tesis es que Marruecos es un país seguro en términos de la Unión Europea y que, por tanto, nada impide que pueda recibir de vuelta a cualquier migrante irregular, incluidos los menores de edad.

Lo que el líder del PP no ha aclarado hasta ahora es cómo piensa impedir la llegada de migrantes por vía marítima si Marruecos decide dejar de actuar como el gendarme de los flujos de personas hacia España, o si está dispuesto a asumir el riesgo de que el Gobierno marroquí suspenda la colaboración en materia de prevención del terrorismo islamista. Tampoco ha explicado cómo pretende gestionar la devolución de migrantes si Rabat decide no colaborar, como hizo a comienzos de agosto, facilitando el retorno de la práctica totalidad de las decenas de miles de personas que habían cruzado hacia Ceuta.

Rabat apenas disimula el disgusto que le producen las posiciones del PP y Vox. El partido nacionalista Istiqlal, que no lidera el actual Gobierno pero sí forma parte de él, utiliza sus plataformas mediáticas para presionar a España. Ante la expectativa de un cambio de Gobierno en 2027, sus críticas se dirigen especialmente contra el PP, al que perciben como menos favorable a los intereses del reino que el actual Gobierno socialista. Una paradoja, teniendo en cuenta que ambos forman parte de la misma familia de partidos conservadores.

La posición del PP en relación con Marruecos plantea un equilibrio casi imposible. Y resulta difícilmente compatible con la que defiende Vox, que, a todas luces, si se dan las circunstancias, será su socio indispensable para formar Gobierno.

Máxima “dureza”

La formación de Santiago Abascal defiende una política de máxima “dureza” contra Marruecos. La ultraderecha española plantea decretar el cierre indefinido de la frontera y su militarización completa, tanto en Ceuta como en Melilla, con “reglas de enfrentamiento claras” para “impedir y repeler” cualquier intento de entrada en España, en tanto Rabat no reconozca la españolidad de Ceuta y Melilla, algo que está fuera de cualquier horizonte de posibilidad.

Con ese planteamiento, que en la práctica se acerca a la ruptura diplomática, el entendimiento con el PP parece improbable. Pero lo es aún más la posibilidad de cumplir la promesa de devolver a Marruecos a todos los migrantes irregulares, que Vox plantea, pero que no podrá nunca hacer realidad sin la colaboración de Rabat.

Abascal y los suyos insisten también en que Marruecos debe pagar la factura de la atención a estos migrantes en suelo español, bien mediante pago directo, bien recortando cualquier ayuda que pueda recibir por parte de la Unión Europea.

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Para someter al reino alauí y lograr que no pueda seguir utilizando la migración como mecanismo de presión, Vox propone aprobar sanciones económicas y promover la suspensión inmediata del Acuerdo Euromediterráneo de Asociación UE-Marruecos. Un primer paso, reclama, sería excluir a nuestro vecino del sur del Mundial 2030.

Las amenazas económicas de Vox, de llegar a concretarse, pondrían en riesgo contratos comerciales con empresas españolas. Al menos 350 compañías españolas tienen negocios en Marruecos, en particular en sectores como la construcción, la ingeniería o el material ferroviario.

De lo que PP y Vox no hablan es de la relación privilegiada de Marruecos con Estados Unidos e Israel y de la cobertura que esa doble alianza representa para sus objetivos de anexión del Sáhara y de reivindicación de la soberanía de Ceuta y Melilla.

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