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Buzón de Voz

El 'establishment', que no cesa

En su intervención ante la junta de accionistas de Prisa, su presidente Juan Luis Cebrián explicó este miércoles el plan de sucesión de sí mismo recurriendo a un verso de Miguel Hernández: “Me voy, me voy, me voy, pero me quedo”. No es un caso aislado si hablamos de negocios, y no de amor como pretendía el poeta. Caracterizan el gen de los poderosos su tendencia a acumular poder y su resistencia a perderlo, cueste lo que cueste… a los demás.  Si abordamos con perspectiva lo que viene ocurriendo desde el 15-M hasta hoy, uno de los hechos más relevantes es el esfuerzo permanente del establishment para aparentar una disposición al cambio sin mover en el fondo un solo mimbre que ponga en riesgo los intereses prioritarios del poder económico, financiero, mediático y político ostentados desde hace décadas por un grupo limitado de nombres y apellidos.

Es obvio que el movimiento de la indignación visibilizado en el 15-M tuvo el efecto político directo de romper el dibujo parlamentario fundamentalmente bipartidista para transformarlo en un puzle de cuatro grandes fuerzas, sin mayorías claras y dependientes además de los escaños nacionalistas. Pero el 15-M, inexplicable sin una crisis económica profunda gestionada con las recetas insolidarias de los mismos sabios neoliberales que la habían provocado, suponía sobre todo una impugnación sistémica. Lo que se exigía de forma masiva y transversal ideológicamente era poner fin a las prácticas de dominación social ejercidas por grupos poderosos insaciables en su voracidad sobre beneficios y privilegios. ¿Ha sido derrotado el establishment? ¿Están hoy más vigilados, controlados y regulados esos poderes corporativos y financieros causantes del crack de 2008 que sirvió para justificar el austericidio y derivó en el crecimiento de la desigualdad?

La respuesta es que no. Y el grave conflicto institucional y social provocado desde Cataluña no puede ser utilizado como “banderón de humo” para ocultar esa contundente realidad. Abundan estos días los indicios de que el estallido del independentismo y la respuesta desde el Estado pueden dañar gravemente las posibilidades de un cambio real al que aspiraban las masas simpatizantes del 15-M. El 21-D y las citas electorales posteriores (anticipadas o no) irán plasmando el cumplimiento o no de los augurios. Lo cierto a día de hoy es que los mimbres que temblaron ante los movimientos indignados no sólo se mantienen firmes sino que incluso acarician la tentación de plantear respuestas regresivas en lugar de transformadoras.

En su exitoso ensayo El Establishment, el provocador escritor británico Owen Jones citaba a un exasesor de Margaret Thatcher y autor de un exitoso blog político que sin ningún pudor afirmaba: “El capital siempre encuentra formas de protegerse de los votantes”. Así es. Se trata de un fenómeno transnacional, como lo es la certeza de que una gran parte del negocio de los magnates empresariales (aquí o en el Reino Unido) tiene su origen en los recursos públicos, vía adjudicaciones, concursos, contrataciones a dedo o subvenciones. Muchos de los que denuestan todo lo público y defienden a gritos privatizar hasta el aire no mantendrían su cuenta de resultados sin la inestimable ayuda de los Estados.

La cruda realidad

Por no aburrir a la audiencia, sólo sugiero repasar algunas de las portadas recientes de infoLibre más allá del día a día del conflicto catalán. Hemos sabido que las tres grandes eléctricas españolas han ganado 4.300 millones en nueve meses mientras el recibo de la luz sube casi un 13%; que los beneficios de las grandes corporaciones están ya en los niveles previos a la crisis, pero que el salario medio de los españoles cayó en 2016 por primera vez desde hace una década; que la gran banca ha ganado casi 80.000 millones de euros desde 2009, un 40% más de lo que costó a los contribuyentes el rescate del sector financiero (principalmente las cajas); que Fomento considera razonable pagar a auditoras privadas para establecer las condiciones de la relicitación de las autopistas de peaje rescatadas por los contribuyentes; o que la Comisión Nacional del Mercado de Valores denuncia la opacidad de las grandes empresas sobre los sueldos e indemnizaciones que pagan a sus consejeros. (De hecho no es posible calcular con exactitud los millones de euros que el propio Juan Luis Cebrián va a cobrar por irse de presidente de Prisa para quedarse como presidente de El País).

Podríamos continuar con ejemplos referidos al mantenimiento de unos privilegios ofensivos para cualquier contribuyente honesto y consciente de que en estos años de crisis la carga fiscal del trabajo sigue muy por encima de la del capital a la hora de contribuir al sostenimiento de las arcas públicas. Pero conviene no olvidar tampoco la gravedad de los hechos relacionados con la corrupción que pudre las estructuras del partido gobernante al tiempo que mantiene todas las expectativas de renovarse en el poder si los efectos del estallido independentista sacuden a las izquierdas en la medida que pronostican las encuestas. Hemos sabido que la propia fiscalía del primero de los juicios pendientes sobre la trama Gürtel considera acreditada “plena y abrumadoramente” la existencia y funcionamiento de una caja B del Partido Popular; que han sido localizados en Colombia 4,6 millones de euros supuestamente sustraídos por el expresidente de Madrid Ignacio González a la empresa pública Canal de Isabel II; que el responsable directo de la investigación policial de la Gürtel ha declarado en sede parlamentaria que “indiciariamente” Rajoy y otros dirigentes del PP recibieronsobres con dinero procedente de la caja B del partido” (el jefe de este jefe de la UDEF ha dicho días más tarde que no daba crédito a esos “indicios”).

Podríamos continuar con unos cuantos datos incontestables que establecen un nexo entre la Gürtel, la Púnica, la Operación Lezo, la trama valenciana, la balear… que certifica que durante los últimos treinta años el PP ha recibido financiación irregular y ha pagado actos de campaña mediante donativos de empresarios que de esa forma creían garantizarse adjudicaciones de contratos públicos de las administraciones gobernadas por el PP. En cualquier democracia homologable el máximo responsable de una formación política contaminada de arriba abajo por escándalos de corrupción habría visto finiquitada su carrera política el mismo día que se conocieron sus SMS de apoyo al tesorero con cuentas millonarias en Suiza. Aquí, sin embargo, Mariano Rajoy se declara en su “mejor momento”, dispuesto a repetir como candidato en las elecciones generales cuando él mismo decida que le conviene convocarlas. Pretender aplicar el ventilador a todos los partidos políticos o comparar esa fórmula de competencia electoral ilegal con los supuestos pagos “venezolanos” supuestamente recibidos por algunos dirigentes de Podemos y rechazados una y otra vez por los tribunales es simplemente ofensivo.

El establishment, también apodado casta, trama o 1%, goza de buena salud en sus ramas política, económica, empresarial, financiera o mediática. Mayormente porque hace ya tiempo que las distintas ramas se confunden en un mismo árbol. No se explica de otro modo ese “me voy pero me quedo” de Juan Luis Cebrián cuando los propios acreedores de Prisa reconocen que su retirada era la condición imprescindible para lograr la ampliación de capital necesaria que evite la quiebra del principal grupo de comunicación español o la posibilidad de que caiga directamente en manos de fondos buitre. El verso citado por Cebrián pertenece al libro de sonetos El rayo que no cesa. Pertenecer al establishment desde hace cuarenta años permite de algún modo no cesar nunca, hasta el punto que el mismo ejecutivo que provocó la ruina del grupo periodístico más influyente (quien quiera conocer detalles puede pinchar aquí) sea premiado indefinidamente con tal de que contribuya a la estabilidad del tinglado.

P.D. Para quienes desde posiciones progresistas sufran la tentación de caer en la melancolía o la resignación es recomendable la lectura del nuevo ensayo de Naomi Klein: Decir No no basta. Aunque su análisis se centra en la Norteamérica de Trump, muchas de sus reflexiones son perfectamente globales y trasladables a la realidad española. Hay alternativas al discurso único, y las más plausibles exigen "unidad en la resistencia y en la transformación". Incluye argumentos discutibles, pero se carga de razón cuando defiende que hay que superar la 'pantalla' de la indignación y pasar a una acción política, cívica, intelectual y social capaz de superar los miedos 'pantalla'que con tanta eficacia manipula el establishment

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Este artículo ha sido actualizado para corregir un error gramatical: había escrito "denostan" cuando lo correcto es "denuestan", como ha señalado un amable socio. Gracias. 

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