La negociación para formar Gobierno

Podemos desacredita el Gobierno a la portuguesa y exige a Sánchez que tome ejemplo de los pactos autonómicos

La nueva presidenta de Navarra, María Chivite (PSOE), elegida este viernes con el apoyo de Geroa Bai, Podemos e IU y la abstención de EH Bildu.

Poco más de una semana después de que fracasara la investidura de Pedro Sánchez para revalidar su cargo de presidente del Gobierno, PSOE y Unidas Podemos siguen manteniendo un diálogo de sordos. Tras su revés de hace una semana, Sánchez ha vuelto a la casilla de salida y ha pasado de aceptar compartir el Consejo de Ministros con la coalición morada a ofrecer un "Gobierno a la portuguesa", un gabinete únicamente compuesto por ministros del PSOE y apoyado desde fuera por Unidas Podemos a partir de un programa conjunto. Pero la formación liderada por Pablo Iglesias rechaza tajantemente esta posibilidad y apuesta por el modelo que ha permitido a la socialista María Chivite ser elegida este viernes presidenta de Navarra: un acuerdo en el que el poder se comparta entre los dos partidos.

Tras la ruptura de las conversaciones la semana pasada y el fiasco que supuso la votación de investidura fallida de Sánchez, PSOE y Unidas Podemos no han dejado de lanzarse reproches mutuos y no han retomado aún la negociación. El líder socialista ha iniciado una ronda de contactos con colectivos sociales con el fin de presionar a la formación morada para que renuncie a su pretensión de entrar en el Gobierno, y los mensajes que ha transmitido tanto el PSOE como el Ejecutivo van en esa misma dirección: una vez fracasada la investidura, la oferta de coalición ya no sigue en pie y lo único que Sánchez está dispuesto a negociar para obtener el apoyo de Unidas Podemos a su reelección es un programa conjunto.

El propio Sánchez, en una carta a su militancia, lo dejaba claro hace unos días: el modelo por el que apuesta es el de países como "Portugal" o "Dinamarca", donde "gobiernan partidos socialdemócratas, como fuerzas más votadas", "pero contando con el apoyo externo de fuerzas progresistas". La posibilidad de un Gobierno de coalición, señaló este mismo jueves Sánchez, "no ha funcionado", y la única fórmula que se plantea el PSOE a la hora de "cooperar" con Unidas Podemos es "construir un programa abierto progresista", pero no compartir Consejo de Ministros.

Pero ese modelo portugués, que en su momento Iglesias puso como ejemplo de entendimiento de la izquierda –llegó a afirmar en 2018 que le gustaría "hacer algo parecido en España con el PSOE"–, ha sido rechazado tajantemente por Unidas Podemos. Este mismo viernes, el responsable de Acción de Gobierno y líder de la comisión negociadora de Podemos, Pablo Echenique, denunciaba que "en Portugal los 'socialistas' pactaron con la derecha precarizar a los trabajadores y no reconocer los derechos de los profesores de la educación pública". Y el jueves, era la portavoz parlamentaria, Irene Montero, quien insistía en el argumento de que un gobierno a la portuguesa es "ideal para pactar una reforma laboral con la derecha y en contra de los trabajadores" y se preguntaba si "de verdad ésta es la propuesta del PSOE para España".

 

Podemos exige a Sánchez que mire a las comunidades

A preguntas de infoLibre, el partido guarda silencio sobre los motivos que le han hecho cambiar de posición de un año para otro sobre las bondades de un gobierno a la portuguesa. Por el contrario, con la elección este viernes de María Chivite como presidenta de Navarra con el apoyo y la entrada en el Gobierno de Geroa Bai y Podemos, así como el pacto de coalición que permitió la investidura de Javier Lambán el pasado miércoles en Aragón, Podemos se ha visto reforzado para insistir en su posición. El argumento que utiliza la coalición morada es sencillo: si tras las elecciones autonómicas ha sido posible en cinco comunidades –Baleares, Canarias y Comunitat Valenciana, además de Navarra y Aragón– que Podemos esté presente en gabinetes liderados por el PSOE, no hay razón para que ese pacto no se pueda hacer a nivel estatal.

El pacto aragonés, llegó a afirmar Echenique el pasado miércoles, "marca el camino", ya que la coalición es la "mejor" fórmula "para que se cumplan los acuerdos programáticos y que haya estabilidad, para que los gobiernos no duren poco y no haya que convocar elecciones de nuevo al cabo de un tiempo". Y, al menos por el momento, la dirección se mantiene firme en esta posición, pese a que hay sectores de Unidas Podemos que no ven con malos ojos limitarse a negociar un acuerdo programático con el PSOE sin entrar en el Gobierno si eso evita la repetición de elecciones. Esa es la tesis que defienden IU, para el caso de que no sea posible pactar una coalición. o la dirección andaluza de Podemos, principal feudo de la familia anticapitalista que lidera Teresa Rodríguez.

No obstante, los acuerdos de coalición suscritos por PSOE y Podemos –junto a otras fuerzas según la comunidad– en Navarra, Aragón, Baleares, Canarias y la Comunitat Valenciana han tenido un desarrollo diferente al que se ha producido a escala estatal. Para empezar, en estas comunidades las conversaciones han terminado fructificando después de semanas de intercambio de propuestas, mientras que a escala nacional la negociación efectiva entre PSOE y Unidas Podemos apenas duró unos días. Y en la mayor parte de los casos, el orden ha sido el inverso al de la negociación estatal: primero se cerró un acuerdo programático y, posteriormente, se pasó al reparto de carteras.

Primero, acuerdos de programa

El caso navarro es uno de los más paradigmáticos. Chivite fue elegida este viernes presidenta en segunda votación con el apoyo del PSOE (su partido), Podemos, Geroa Bai e IU y la abstención de EH Bildu, con quien se ha negado a negociar. Las tres primeras formaciones compartirán un Gobierno en el que los socialistas controlarán ocho carteras; Geroa Bai, cuatro; y Podemos una, y cuya estructura terminó de cerrarse el pasado 26 de julio: casi tres semanas después de que esos tres partidos alcanzaran junto a IU un acuerdo de programa.

En Aragón el pacto también ha sido a múltiples bandas: nada menos que cuatro partidos –PSOE, Podemos, Chunta y PAR– estarán presentes en el Gobierno liderado por el socialista Javier Lambán, que también ha recabado el apoyo externo de IU. El PSOE comenzó firmando un acuerdo con el PAR y, posteriormente, suscribió otro con la Chunta, aunque el pacto con Podemos ha sido el más costoso y la negociación solo se desbloqueó cuando el PAR levantó su veto a que los morados pudieran estar en el gabinete de Lambán. Finalmente, esas tres formaciones ocuparán una consejería cada una.

Tampoco fue sencillo el pacto en Canarias, donde las cuatro formaciones que componen el nuevo Gobierno liderado por el socialista Ángel Víctor Torres –PSOE, Nueva Canarias, Podemos y Agrupación Socialista Gomera (ASG)– consiguieron alcanzar un acuerdo a finales de junio tras varios vaivenes por parte de ASG, que amagó con apoyar un eventual pacto de PP, Coalición Canaria y Ciudadanos. El pacto sobre el reparto del Gobierno se produjo días después, a principios de julio: los tres partidos minoritarios controlan una consejería cada uno y el PSOE, siete. Torres fue investido el 12 del mes pasado.

Los acuerdos en Baleares y la Comunitat Valenciana fueron los que primero se consiguieron. En el archipiélago, tras cerrar primero un acuerdo programático, se terminó alcanzando un pacto de coalición por el cual la socialista Francina Armengol fue elegida presidenta el 27 de junio con el apoyo de PSOE, Unidas Podemos y Més, que controlan dos consejerías cada una. En la Comunitat Valenciana, por su parte, se renovó a mediados de junio el acuerdo de gobierno entre PSOE y Compromís añadiendo al mismo a Unidas Podemos, aunque el pacto no fue fácil: una vez alcanzado un consenso programático, el reparto de puestos estuvo a punto de dar al traste con la negociación, que finalmente se salvó cuando Podemos consiguió acceder a una vicepresidencia.

La única comunidad donde PSOE y Podemos no han alcanzado un acuerdo para compartir gobierno –a excepción de Asturias, donde los socialistas han sumado con IU– ha sido La Rioja. Raquel Romero, la única diputada autonómica morada en esa comunidad, rechazó apoyar a mediados de julio la investidura de la socialista Concha Andreu tras la negativa de ésta a integrarla en su gabinete. Andreu únicamente ofreció a Podemos dos viceconsejerías y una dirección general, una oferta considerada suficiente por la diputada de IU –que sí votó a favor de investir a la candidata del PSOE pese a compartir la coalición Unidas Podemos con Romero– pero no por su homóloga morada.

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