El futuro del PSOE

La presión de los barones socialistas tumba el nuevo protocolo con el PSC

Pere Navarro, primer secretario del PSC, durante su intervención ante el Comité Federal del PSOE, ayer sábado en Ferraz.

Era el último paso para cerrar con éxito la larga crisis del PSOE con el PSC: la firma del protocolo que pusiese al día las relaciones entre los dos partidos y que reemplazase el viejo acuerdo de 1977, en plena Transición. Faltaba muy poco, pero no hubo forma. Ese nuevo documento se quedó en un cajón, aparcado por las presiones ejercidas por los barones socialistas, que evidenciaron sus reticencias con un borrador que reflejaba por escrito la posibilidad de que los diputados del PSC votaran de modo diferenciado a sus compañeros de grupo en el Congreso en temas sensibles para Cataluña. 

La recomposición de las horas previas al Comité Federal celebrado ayer sábado, 13 de julio, en Ferraz, dibuja un escenario de tiras y aflojas y de negociaciones que se prolongaron hasta la madrugada. El equipo de Alfredo Pérez Rubalcaba, que había canalizado las conversaciones sobre este asunto con el PSC a través de la número dos, Elena Valenciano, llevó a las seis de la tarde del viernes, a la reunión de la Comisión Ejecutiva Federal, los avances del diálogo con el PSC. Según varias fuentes consultadas por este diario, el núcleo duro advirtió de que nada estaba cerrado aún, no distribuyó borrador alguno pero sí contó cuáles eran los aspectos más importantes. A saber, la constitución al inicio de cada legislatura del Grupo Parlamentario Federal Socialista y la creación, en su seno, del "subgrupo catalán", integrado por los diputados del PSC, "que se dotará de la estructura interna que consideren más conveniente".

También se aseguraba –como consta en la copia a la que ha tenido acceso infoLibre– que en aquellos asuntos legislativos "que afecten exclusivamente al ámbito de la acción política del PSC", intervendría, en pleno o comisión, un parlamentario catalán. Con eso, se cedía a la "voz propia" que defendía Barcelona. En el punto 5, se hacía constar que los diputados del PSC obedecerían "la disciplina" de voto, pero "en aquellos asuntos de particular importancia que afecten al autogobierno o presenten un interés singular para Cataluña, en los que exista una posición diferenciada de los diputados del PSC, el Comité de Coordinación Política PSOE-PSC analizará y decidirá el voto definitivo de los miembros del PSC y del PSOE integrantes del Grupo Parlamentario Federal Socialista". 

En esa ejecutiva del viernes se visualizaron ya las primeras resistencias. La intervención más contundente –"cañera", según la definieron diversos dirigentes presentes en la reunión– fue la de la extremeña Marisol Pérez. "Lo que percibimos varios es que muchos no teníamos ninguna información previa al respecto, si bien Elena [Valenciano] nos advirtió de que nada estaba cerrado y de que no sabía si se darían las condiciones para llevar el documento al Comité Federal y que este lo aprobara". 

Jiménez, Vara, Page, Gómez, Díaz...

Justo después comenzaron las conversaciones cruzadas entre varios barones, siempre según las fuentes consultadas por infoLibre. "La conclusión es que nadie lo veía, que si ese borrador se llevaba al Comité habría votos en contra, que el tema no estaba lo suficientemente maduro", aseguraron en el entorno de un importante secretario general. Sin embargo, en la dirección de Rubalcaba sostuvieron que la negociación había sido siempre muy "dinámica", en la medida en que todo avance logrado con el PSC se consultaba con los barones, y a la inversa: toda sugerencia de estos era a su vez adelantada a Pere Navarro y a su interlocutor, Antoni Balmón. Pura "orfebrería", como lo definió un máximo responsable del aparato federal.

Las llamadas se sucedieron hasta bien entrada la madrugada. PSOE y PSC comprobaron cómo el camino del protocolo "no llevaba muy lejos", que había "dificultades" evidentes en la negociación. Así que se pasó al plan B. Se desgajó la referencia que se hacía en el borrador al Comité Permanente de Coordinación Política PSOE-PSC y se le confirió a ese nuevo órgano más empaque y funciones. Se saltó "por encima del protocolo" para tirar "por elevación".

Ya en la mañana de ayer, por si quedaba alguna duda de las reticencias de los barones, varios, de las federaciones de mayor peso, se manifestaron ante los medios en tromba: Mario Jiménez –número dos del PSOE andaluz–, Emiliano García-Page (Castilla-La Mancha), Tomás Gómez (Madrid) y Guillermo Fernández Vara (Extremadura), el más tajante de todos: "Yo siempre me hago una pregunta ¿el PSC representa al PSOE en Cataluña, sí o no? Si la respuesta fuera que sí, no tendría ningún sentido que se pudiera votar de forma diferente. Y si la respuesta es negativa, significa que aceptamos que el PSOE no existe en Cataluña y no estoy de acuerdo con eso. Susana Díaz, la mano derecha de José Antonio Griñán en la Junta y la favorita a sucederle, también secundó el bloque de oposición. Sólo Ximo Puig (Comunitat Valenciana) se mostró más favorable a las tesis del PSC.

El malestar y cabreo de los jefes territoriales era más palpable aún sin los micrófonos y las cámaras delante. La queja extendida era la escasa comunicación de Ferraz y el rechazo a que se pusiera, negro sobre blanco, que el PSC en ciertos casos podía tener derecho al voto propio. Gómez llegó a afirmar que si ese borrador se mantenía, él lo votaría en contra. 

La decisión de la retirada, previa a la salida en tromba

Fuentes oficiales señalaron que la decisión de retirar el protocolo estaba tomada "antes" de que se pronunciaran los secretarios generales citados, desde primera hora. Varios dirigentes contactados por este diario dijeron eso mismo: que en las carpetas que se entregaron a los miembros del Comité Federal el borrador no estaba incluido. Otros responsables indicaron, sin embargo, que la rebelión se culminó durante la mañana. De cualquier modo, la presión del poder territorial del PSOE hizo que se desinflara el globo y se optara por apurar los márgenes que ofrecía el plan B, el Comité Permanente de Coordinación Política. Y eso fue lo que aprobó el máximo órgano entre congresos y lo que tuvieron que explicar a fondo las cúpulas del PSOE y del PSC a la prensa. 

En síntesis, lo que se crea es una comisión paritaria de los dos partidos para definir "una estrategia compartida" entre ambas organizaciones, impulsar el debate de "propuestas sociales, económicas y territoriales" y, sobre todo, resolver las "discrepancias que puedan surgir".

Se da vida a un canal de comunicación continuo entre Madrid y Barcelona, para "evitar" que se produzcan capítulos como el que dio origen a la fisura y al replanteamiento de los acuerdos de 1977: la votación distinta en el Congreso. Eso ocurrió, por primera y única vez en 36 años de convivencia no exenta de tiranteces, el pasado febrero, cuando 13 diputados del PSC apoyaron sendas mociones de CiU e ICV a favor del derecho a decidir en Cataluña. La diputada 14, Carme Chacón, no votó, pero no le libró de recibir una sanción como a sus otros compañeros

"Donde antes había un problema, hoy hay una solución"

En realidad, nada impide que los diputados del PSC puedan votar distinto a partir de ahora, porque si en el Comité Permanente no cuaja el acuerdo, los socialistas catalanes podrían reivindicar su "autonomía" y hacer lo mismo que en febrero pasado. Pero esa eventualidad no figura por escrito, en un texto "con valor de ley" como son todos los que salen del máximo órgano del PSOE. Y, como reiteraban con denuedo las fuentes oficiales de ambas fuerzas, la "praxis" del diálogo continuo dificultará que se llegue al choque.

Porque otro elemento capital que diluye las tensiones es la Declaración de GranadaDeclaración de Granada, el documento aprobado la semana pasada por el Consejo Territorial del PSOE, al que se sumó con entusiasmo el PSC, y que implica la apuesta por una reforma de la Constitución que haga de España un Estado federal. En definitiva, y según resumió el secretario de Organización, Óscar López, los socialistas se dotan de una poderosa "herramienta" para trabajar con sus correligionarios catalanes y reforzar su coordinación. "Donde antes había un problema, hoy hay una solución", remachó, refiriéndose al doble acuerdo de Granada, el 6 de julio, y de Madrid, ayer.

Alfredo Pérez Rubalcaba y el presidente del partido, José Antonio Griñán, ayer sábado durante la reunión del Comité Federal del PSOE, en Ferraz | INMA MESA.

En el seno del Comité Federal, no se escuchó una lluvia de críticas directas a Pere Navarro. Él había pedido a sus compañeros que hicieran el esfuerzo de transmitir que el PSC "no es un partido independentista", y les dibujó el enmarañado escenario político que vive Cataluña, secuestrado por las tentaciones rupturistas y las recentralizadoras. Entre las intervenciones algo más hostiles, las del extremeño Ramón Ropero y la del vasco José María Txiki BenegasTxiki , que preguntó qué ocurría si no había acuerdo en el Comité Permanente. Rubalcaba contestó que todos los acuerdos son refrendados, en última instancia, por el Comité Federal. 

Navarro protagonizó una segunda intervención. Alabó el documento como otra prueba más del "camino conjunto" que quieren recorrer los dos partidos. Pero a la vez distribuyó varios mensajes de consumo interno, dirigidos a los que más han afilado los cuchillos contra su partido: "Tened confianza en los compañeros del PSC, que también lo pasan mal –clamó–. No hay deslealtad, lo que hay es la necesidad de hacer frente a los que quieren romper en Cataluña. Ya basta de desconfianza hacia la política del PSC. El PSC necesita un espacio desde la lealtad". El primer secretario incidió en que su formación no trabaja en Cataluña para jugarle malas pasadas al PSOE, "sino para defender el socialismo en Cataluña en una situación muy complicada". 

Indignación con el momento buscado

Más allá de las quejas al protocolo, varios barones y responsables se quejaron de la oportunidad de llevar al Comité Federal de ayer sábado una discusión, como la del marco de relaciones del PSC, que no estaba "madura" y que al final eclipsó por completo la reunión. Máxime cuando el Consejo Territorial de Granada se había clausurado con optimismo, distensión y consenso y cuando la semana había deparado una montaña de informaciones comprometedoras para el PP por las revelaciones del caso Bárcenas. "¿Para qué demonios se trasladó este asunto si no estaba cerrado ni es urgente ahora mismo? El error es de quien lo puso en el orden del día", sentenció un secretario general de una federación de mucho peso. "La confusión la hemos creado nosotros al hablar del protocolo", reconocían desde el PSC. Un mea culpa por haber hinchado tanto el globo.

"La verdad es que nos hemos quedado un poco flipados. Lo más prudente habría sido no sacarlo, pero no creo que se pueda hablar de fracaso. Lo sería si el escenario hubiera sido de ruptura, y no ha sucedido eso", abundaba otra dirigente y diputada autonómica. "Error descomunal", sintetizaba una parlamentaria nacional. En el círculo de otro barón recordaban que lo importante en política es "manejar los tiempos", y poner soluciones, "no crear problemas". "No tiene sentido que nos disparemos al pie. ¿Para qué meternos en este jardín? ¿El único mensaje que tenía el PSOE para lanzar hoy [por ayer] era este, con la que está cayendo?", se preguntaba, indignada, esta última fuente.

No "trivializar" la moción de censura

Otro asunto que recorrió el día. La moción de censura. El tema colocado en primera línea en los últimos días por el silencio total de Mariano Rajoy. Rubalcaba advirtió, en su discurso inicial, difundida en abierto, de que no descartaba "ninguna" iniciativa contra el presidente del Gobierno. Durante el Comité Federal, ni una sola de las más de treinta intervenciones tocó este asunto, lo que para López significó que el PSOE "valida" la posición de su secretario general y conviene en que las estrategias "se aplican, no se explican". 

Antes, a la entrada, varios barones se habían manifestado contrarios a presentar ahora una moción de censura. Entre ellos, García-Page, Fernández Vara y el vasco Patxi López. Ximo Puig y Tomás Gómez, en cambio, sí hablaron de que se puede "estudiar" hacer uso de esa herramienta parlamentaria. 

Un pequeño sondeo a diversos dirigentes, desde el anonimato, conducía a esa misma sensación: que todavía no toca hablar de moción de censura, básicamente porque sería agotar una bala muy preciosa y porque ni aun así habría garantías de que Rajoy acudiera al Congreso a explicarse por el caso Bárcenas. "Por cinco minutos de gloria, desvirtuamos el instrumento. Debemos insistir en que vaya, denunciarlo, repetir que esto es insostenible, pero yo esperaría", analizaba un importante cargo andaluz. Desde el círculo de Page, coincidían en la idea de no "trivializar" una figura grave y avisaban de los riesgos que comporta: que el PP fijase la moción en periodo ordinario de sesiones, en el que Rajoy no puede escabullirse de la sesión de control –el impacto se diluiría– o de que el resto de grupos de la oposición, aun compartiendo la moción, no quieran votar a Rubalcaba como candidato a la Presidencia del Gobierno. "Entonces hacemos el ridículo". Otro barón incidía en que antes de la moción, existe todo un "recorrido previo que trabajar", como un impeachment o reprobación parlamentaria al jefe del Ejecutivo a través de una proposición no de ley transaccionada con los grupos

PSC, PSdeG, ratificación de las primarias andaluzas, moción de censura. La polémica residía en esas tres cuestiones. Y eso que el Comité Federal tenía como propósito fundamental dar el visto bueno a la ponencia marco que se discutirá en la Conferencia Política, sobre la que no hubo mayor controversia, más allá de algún tirón de orejas como el de Francesc Romeu, vicesecretario general del PSPV, que pidió un "discurso coherente y de izquierdas", "que afronte con valentía los retos" que los españoles demandan y que tenga "continuidad" en las acciones políticas diarias e impidan de caer en la "contradicción" de querer separarse del PP y luego pactar con él. Tampoco salió a flote el debate de las primarias para elegir candidato a la Moncloa. Todo eso, para el otoño. 

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