90 años después, no se acabó la fiesta... de Blas

La exdirigente de Adelante Andalucía, Teresa Rodríguez, sobre un retrato de Blas Infante.

A 90 años del asesinato por el fascismo de Blas Infante, hay motivos para estar de fiesta. La comparsa “El Patriota" fue una de las revelaciones del Carnaval de Cádiz 2026. 15 Blas Infantes dedicaron todo un repertorio al padre de la patria andaluza. Un habitual en los festivales de música alternativa, Califato ¾, lleva años concluyendo sus conciertos con una versión break beat andaluz del himno que Infante estrenó en la Alameda de Hércules pocos días antes de ser detenido y fusilado por orden de Queipo de Llano.

La cantante mainstream Lola Índigo puso a bailar a toda la fachosfera cuando, junto a 35.000 fans, en el Estadio de la Cartuja de Sevilla, cantó la versión cañera del Himno de Andalucía, que sustituye a España por “los pueblos y la Humanidad”. Más recientemente, un programa de televisión llamado El Perro Andaluz es líder de audiencias en Televisión Española con el Manu Sánchez más ladrador y mordedor que conocíamos. Da igual dónde mires, el andalucismo de izquierdas está de moda en un momento de repliegue reaccionario de cojones.

Las elecciones andaluzas fueron la traslación institucional de esta tendencia. Una fuerza prácticamente desconocida como Adelante Andalucía, nítidamente soberanista y anticapitalista, cuadriplicó sus resultados sin tocarle ni un pelo ni escaño al matrimonio mal avenido de Izquierda Unida y Podemos, pero sorpassándolo ampliamente, que también hay que decirlo después de todos los golpes recibidos. Y el dato más interesante: Adelante Andalucía fue segunda fuerza entre la juventud andaluza, casi empatada con el PP y con casi un 28% del voto juvenil. Y toda España, de izquierda y derecha, dibujando estereotipos sobre la juventud andaluza como quintaesencia del fachapobre. Po toma. Si no hay motivos para bailar este año en el kilómetro 4 de la carretera de Carmona, que venga Blas y lo vea.

A Abascal le tiembla la barba de califa cuando habla de Infante, y lo ha hecho muchas veces

La vida es muy corta para no saber celebrar las victorias. La izquierda triste no tiene futuro. “Dientes, dientes que es lo les jode”. Sobre todo a los fachas. Jajajajaja. A Abascal le tiembla la barba de califa cuando habla de Infante y lo ha hecho muchas veces. “Santón del islamismo”, “zumbado que quiso que Andalucía fuese un país islámico”, “tarado”, representante de una autonomía que es un “engendro”, un “invento”... Jajajaja. Más quisiera. Blas Infante les emberrenchina hasta la pataleta porque representa todo lo contrario de lo que la extrema derecha quiere implantar en el alma del pueblo andaluz, como medio para reconquistar a la inversa.

Quieren imponernos una especie de alienación en la que la propia conquista, subordinación y sometimiento colonial sean vistos como la gran liberación. Nos quieren en una especie de alzhéimer inducido en el que no nos reconozcamos a nosotras mismas, en el que olvidemos que aquí ocurrió el primer Renacimiento europeo y que Al-Ándalus fue capital cultural y científica de Europa. Invierten muchos esfuerzos en intentar que olvidemos todo eso porque les destroza la curva de crecimiento.

La fiesta de Blas sirve gazpacho, cuscús, berza gitana, patacón pisao y arroz con coco, y se pone chilaba para reivindicar las cinco fuentes de nuestra cultura si le da la gana

Se empeñan en tratar de implantarnos la idea de que Andalucía, tras la conquista castellana, se convirtió en un inmenso solar sin alma. Quieren que olvidemos, pero seguimos imprimiendo lo que Antonio Manuel Rodríguez llamó La Huella Morisca (Almuzara, 2010), una Arqueología de lo Jondo (Almuzara, 2018) que sigue habitando nuestras vidas. Y es que ellos aprietan el culo y sacan el pecho dentro de sus trajes de dos tallas menos hablando de los Reyes Católicos, mientras nosotras seguimos aliñando las aceitunas, endulzando los pestiños, pariendo flamenco, seseando, ceceando y heheando con cada vez más orgullo (orgûyo, en EPA), presumiendo de la Alhambra, la Mezquita, la Giralda, los alcázares y las alcazabas, ganando la partida a sus estereotipos de mierda con la poesía de Wallada o el recuerdo de haber sido la cuna de la cirugía moderna, mientras ellos en el norte se lavaban menos que un deo malo. Y quieren que se nos olvide. ¡No les queda na!

Y a nosotras también nos queda, que ellos quieren que “se acabe la fiesta”, pero nosotras queremos que la fiesta no pare. La “Fiesta de Blas”, como la llama Manu. Que siga la fiesta de Blas. Que, como ya hacen los gallegos, los vascos y los catalanes, consigamos condicionar las políticas del Estado español porque nos hace más falta que a nadie y porque, además, como en el feminismo, las reivindicaciones del andalucismo son buenas para el conjunto de la clase obrera.

Blas Infante les emberrenchina hasta la pataleta porque representa todo lo contrario de lo que la extrema derecha quiere implantar en el alma del pueblo andaluz

Y es que lo que es bueno para la Andalucía subalterna es bueno para el currante de Móstoles. De verdá de la buena. Y, por favor, izquierda española, dejad de intentar aguarnos la fiesta, que si no gobierna la extrema derecha todavía en Moncloa es gracias al crecimiento de las izquierdas periféricas que reivindican su autonomía de Ferraz y de Madriz, como dice mi Pilar González, porque el problema nunca fue el pueblo de Madrid sino el aparato de Madriz. En Andalucía, conseguimos ocho escaños sin restarle ninguno a IU-Podemos, ampliando el espacio de la izquierda y no dividiéndolo. Dejad de darnos la turra con la “unidad de la izquierda frente a la extrema derecha”, que lleváis años sin que os salgan las cuentas.

Y eso, ese andalucismo identitario vinculado a valores progresistas, libertarios, de mestizaje y clase obrera, es la mejor manera en Andalucía para parar a la extrema derecha, para vacunarnos contra la epidemia reaccionaria, liberticida, racista y oligárquica de la extrema derecha identitaria española. Y, justo eso, se lo debemos a Infante: el hecho de que andalucismo y derecha sean un oxímoron, para entendernos, una patraña imposible que se inventó Moreno Bonilla para sobreponerse a las encuestas.

Lo que es bueno para la Andalucía subalterna es bueno para el currante de Móstoles. De verdá de la buena

La lucha contra el extractivismo, con su nueva versión en forma de turistificación, latifundismo y centralismo, sigue siendo las banderas que hay que levantar después de 90 años en una España en la que Madrid, que solo produce poder, acumula casi el doble del PIB de Andalucía. Y es que hasta el Puerto de Algeciras cotiza en la Madrid de Ayuso, que dijo que los madrileños nos pagan la sanidad. Y es que no, en 90 años no ha nacido quien nos haga olvidarnos de nuestra propia agenda, y eso hay que celebrarlo por todo lo alto y a pesar de todo.

Al nuevo andalucismo no lo achantan ni quienes miran con sus gafas supremacistas cualquier expresión cultural de nuestro pueblo y siguen tratando de acomplejarnos por fanáticos y analfabetos, poco homologables en su España progre, biempensante y burguesa. Ni mijita. Un pueblo orgulloso de sí mismo exige respeto porque tiene autoestima. Andalucía es body positive, nos gustan nuestras curvas, nuestras canas, nuestras arrugas y nuestras cicatrices, porque somos un pueblo viejo con un acento sabio, que no se acompleja cuando habla de la Generación del 27, pero tampoco cuando habla de la romería del Rocío. Ya está bien de tener que estar bonitas siempre para los demás. Anda, mujer.

Juanma, Feijóo, Blas, Federico, Pedro… ¡y  Vox a por todas!

Juanma, Feijóo, Blas, Federico, Pedro… ¡y Vox a por todas!

Dijo Blas Infante: “mi nacionalismo, antes que andaluz, es humano”. Andalucía, gracias a Blas, lleva la Humanidad en el escudo y en el himno, sabe que las invasiones normalmente vienen del norte en forma de fondos de inversión que nos privan de la tierra, de la salud, de la energía y de la vivienda, y sabe que andaluz es todo el que vive en Andalucía, se llame Manuel, Mohammed o Aicha. Andalucía recuerda también lo duro que fue, y sigue siendo, emigrar. Lo duro que es soportar los mismos estereotipos de delincuentes y vagos que teníamos que soportar por toda Europa.

Y es que, frente a las mentiras de la extrema derecha, los emigrantes españoles —la mayoría andaluces— no eran mejor vistos que los marroquíes o senegaleses de hoy. En Suiza llegó a haber un referéndum, qué democrática Suiza, qué buena gente, para expulsar a todos los españoles —la mayoría andaluces— porque eran “un peligro para las mujeres suizas y abusaban de los servicios públicos suizos”. Y no salió por los pelos.

Por eso, la fiesta de Blas sirve gazpacho, cuscús, berza gitana, patacón pisao y arroz con coco, y se pone chilaba para reivindicar las cinco fuentes de nuestra cultura si le da la gana, que vestirse de moro siempre ha sido un buen recurso en carnaval y “ole” sigue siendo “Alá”, aunque eso tenga a los fachas con las patas colgando. Por todo eso, y a pesar de las infames circunstancias en las que Blas Infante fue fusilado hace 90 años por los mismos que le disparan todavía hoy, porque no han conseguido rematarlo, yo creo que, en la fosa común en la que se encuentre, seguro que hoy está bailando.

Más sobre este tema
stats