Escasez emocional con Ceuta

El conjunto de las crisis humanitarias apenas nos conmueve. El genocidio de Gaza desembocó en una vida mísera para más de dos millones de personas, muchas de ellas niños y niñas. Por allí experimentan los desastres nunca imaginados (sin sanidad, sin educación, sin comida, sin cobijo). A una vida moribunda deben añadir el olvido del resto del mundo. Los medios de comunicación arrinconaron este magnicidio, como tantos otros que hay repartidos por el mundo: Sudán, Yemen, Mali, Congo, Somalia, las mujeres en Afganistán, etc. Se nos nubla el intento de construir un mundo mejor en el año 2030, que en tiempos marcó nuestras quimeras.

Da la impresión de que quienes vivimos fuera de Ceuta postergamos la proximidad emocional con todo aquello que no nos toca nuestro bienestar. Antes nos importaba más empatizar con los demás, en especial con los que más sufren. En Ceuta todos padecen limitaciones de vida, tanto sus ciudadanos (con un evidente trastorno cotidiano) como quienes arribaron sin permiso en la oleada en la que un centenar largo de personas perdieron la vida. Desde la península miramos para otro lado, hasta el miércoles pasado. ¿Dirá algo de este suceso la Historia de España dentro de unos años?

Las escenas que las cadenas televisivas han mostrado en agosto deberían mover a los espíritus nobles. Da la impresión de que todo falló, porque la situación a primeros de septiembre no resiste las preguntas con buena intención. El Gobierno no vio venir lo que se adivinaba; le falló el principio de precaución, lo cual es grave en una democracia que aspira al bienestar de sus ciudadanos. Gestionó bien el retorno inmediato a Marruecos de una mayoría de los “invasores”. Pero un mes después de la arribada mantiene desparramados a varios miles por las calles de la ciudad, sin procurarles simplemente un techo donde guarecerse. Conmueve verlos hacinados esperando no se sabe qué; un clamoroso fallo del estado de derecho. Probablemente, de haberse tratado de un evento deportivo o musical se hubieran montado enseguida enormes carpas climatizadas, con suficientes letrinas y puntos de agua potable.

Frente a esta contención, dos partidos políticos (PP y Vox) han caído una vez más en la utilización del menosprecio humanitario como arma de batalla

La ciudadanía de Ceuta soporta fallos de gobernanza que deterioran su malestar acumulado, así lo han expresado sus habitantes en las manifestaciones pacíficas del mes pasado. Frente a esta contención, dos partidos políticos han caído una vez más en la utilización del menosprecio humanitario como arma de batalla; incluso algunas portavoces del PP no vieron mal que unos pocos ceutíes se tomaran la justicia por su mano. Afortunadamente el partido reculó. Los exabruptos deshumanizadores de Vox se califican por sí mismos.

Escasez emocional en esas personas que han acorralado a las ONG locales o foráneas que ayudan a malvivir a esos “invasores de la soberanía nacional” que deambulan por la calles de Ceuta y lastiman la vida de sus vecinos. Tanto que mucha gente tiene miedo, expresa su preocupación de que todo vaya a peor. Pero sepan que aun se puede actuar para mejorar las cosas, si se quiere.

Escasez emocional, o desvergüenza política, de aquellas CC.AA. que ni siquiera acudieron a una reunión en la que se iba a debatir el acogimiento temporal de 500 niñas muy vulnerables en el resto de España; alguna que sí acudió también se negó previamente a acoger ni una sola. La fiscal jefa de Ceuta alerta de que se produce más de una violación al día; a la vez que urge sobre la necesidad del reparto temporal. Mal porvenir el de estas niñas pues nadie las quiere: parece que sus familias no las reclaman, en donde están ahora y cómo viven no pueden seguir. Porque perdieron el favor del entorno, la sanidad y la educación que como sujetos de derecho tienen. Un mes después de su llegada siguen padeciendo el abandono del resto de España, no solo de su Gobierno, y la UE. 

Ahora el Gobierno de España acude con mucho dinero a restañar una parte de lo que entre todos se pudo resolver antes; sin embargo se tardará en volver al estado previo. Como respuesta se encontró el miércoles con grandes manifestaciones “apolíticas” convocadas por la FEMP, entidad que parece que no socorrió a Ceuta con recursos y disposición de acogida durante este agosto tan complejo. Desearíamos que a partir de ahora fluyan sus ayudas con destino a Ceuta; se formalicen grupos de apoyo. La solidaridad no sirve si solo se predica; es preciso practicarla.

Abundancia emocional en las masivas concentraciones ante los ayuntamientos de España. La ciudadanía está en su derecho de mostrar su malestar. Nos gustaría conocer si la proximidad humanitaria motivó las asistencias; o estas se incentivaron mayormente como protesta “patriótica” contra el Gobierno. Es probable que pasados unos días sigamos cultivando el olvido hacia los demás, quizás perdamos parte de la esencia moral de la convivencia. Con estos rasgos asociales dañaremos la democracia, que siempre debería ser ética, porque el rencor acumulado puede no tener vuelta atrás. Algunos políticos y medios de comunicación alientan sin tapujos el odio al inmigrante, con la excusa de la catástrofe de Ceuta. ¿Quién sabe hasta cuándo, o pase qué?

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Carmelo Marcén Albero es doctor en Geografía por la Universidad de Zaragoza y especialista en educación ambiental.

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