¿Para qué sirve dimitir? Ángela Rodríguez Pam
Cada mes de junio, las calles de muchas ciudades se llenan de celebraciones y reivindicaciones por el orgullo LGTBIQA+, aparecen escaparates decorados con los colores arcoíris y campañas publicitarias que celebran la diversidad. Grandes empresas, bancos, multinacionales tecnológicas y marcas de moda compiten por mostrar su apoyo a la comunidad LGTBIQA+. A simple vista, podría parecer una señal clara de progreso social. Sin embargo, detrás de esta aparente celebración de la inclusión surge una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto este apoyo responde a un compromiso real con los derechos LGTBIQA+ y no simplemente a una estrategia comercial?
El capitalismo cuenta con una enorme capacidad para aprovecharse de movimientos sociales y transformarlos en productos de consumo. Lo que comenzó como una lucha política contra la discriminación, la violencia y la exclusión ha sido, en muchos casos, convertido en una herramienta de marketing. El Orgullo nació de la resistencia y la protesta, especialmente tras los disturbios de Stonewall en 1969, cuando personas queer se enfrentaron a la represión policial. Su esencia era profundamente reivindicativa: exigir derechos, denunciar injusticias y desafiar estructuras de poder. Sin embargo, en la actualidad, gran parte de la atención mediática durante junio gira en torno a promociones especiales, colecciones temáticas y campañas corporativas.
La esencia del Orgullo era profundamente reivindicativa: exigir derechos, denunciar injusticias y desafiar estructuras de poder
Existe un fenómeno conocido como rainbow capitalism o "capitalismo arcoíris" que hace referencia precisamente a esta dinámica. Muchas empresas incorporan símbolos LGTBIQA+ a sus productos y estrategias publicitarias durante el mes de junio porque han identificado a la diversidad como un algo rentable. El apoyo a la comunidad se convierte así en una marca de modernidad y responsabilidad social que puede atraer consumidores, especialmente entre las generaciones más jóvenes. La bandera del Orgullo deja de ser solamente un símbolo político para convertirse también en una herramienta comercial.
Pero cuando se examinan las acciones de estas compañías más allá de sus campañas publicitaria aparece la realidad. Existen empresas que celebran el Orgullo en países donde la aceptación social es amplia, mientras mantienen silencio en mercados donde defender los derechos LGTBIQA+ podría afectar a sus beneficios. Otras financian campañas de inclusión a la vez que apoyan, directa o indirectamente, a organizaciones o partidos políticos que promueven políticas discriminatorias. En estos casos, la diversidad se convierte en un recurso estético y comercial y no una concienciación real.
El mes de junio debería ser una oportunidad para reflexionar sobre la diferencia entre apoyo y apropiación
Un problema importante aparece cuando la reivindicación se transforma en un evento patrocinado por corporaciones, porque existe el riesgo de que las demandas más urgentes queden relegadas a un segundo plano. La discriminación laboral, la violencia contra las personas trans, la situación de quienes sufren rechazo familiar o las desigualdades que afectan a personas LGTBIQA+ racializadas o en situación de pobreza reciben mucha menos atención que las campañas de marketing diseñadas para generar una imagen positiva de su marca.
Por ello, el mes de junio debería ser una oportunidad para reflexionar sobre la diferencia entre apoyo y apropiación. La comunidad LGTBIQA+ no necesita únicamente campañas publicitarias coloreadas de arcoíris, sino políticas concretas, derechos garantizados y una defensa constante de la igualdad durante los doce meses del año.
Por último, me resulta importante resaltar que la crítica al capitalismo en este aspecto no busca rechazar la visibilidad ni negar los avances alcanzados. Pretende recordar que los derechos no son una mercancía y que las luchas sociales no deberían reducirse a oportunidades para las empresas de hacer negocio con ellas. El Orgullo emergió como una protesta social, no como una campaña de marketing. Mantener viva esa memoria es fundamental para evitar que la reivindicación quede opacada por el consumo y para asegurar que la búsqueda de igualdad siga siendo un objetivo político antes que una estrategia comercial.
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Andrea Mezquida es psicóloga, formadora con perspectiva de género y experta en psicología afirmativa (LGTB).
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