Mejores empleos en mejores empresas

Desde 2018, la mayor estabilidad del empleo —el contrato indefinido es ahora la norma— ha venido acompañada de una mejora muy significativa en la propia calidad de los puestos de trabajo. 

Donde más crece el empleo es en las actividades de mayor valor añadido, en las categorías profesionales de mayor cualificación y en las empresas de mayor tamaño. 

También desde hace ocho años la dinámica laboral es sensiblemente diferente a la que fue habitual de nuestro país durante décadas: ya no son la hostelería y el comercio los sectores que tiran del empleo, sino la educación, la información y comunicaciones, las actividades profesionales, científicas y técnicas, la sanidad y los servicios sociales. 

Estas son las actividades que más empleo generan. De hecho, el 50% del empleo creado en los últimos siete años procede de las ramas con mayor valor añadido

Sirva como ejemplo de este cambio en la dinámica del empleo que la afiliación en la sanidad y los servicios sociales aumentó en 375.000 personas desde 2018, mientras que en el comercio lo hizo en 108.000. 

Todas las ramas de actividad aumentan su nivel de empleo, pero las ramas en las que la ocupación crece con más intensidad son las actividades de los servicios avanzados. Un aumento de la afiliación que, además, se concentra en el sector privado, que aporta más del 76% de los nuevos empleos. 

Este mayor peso de las actividades de más valor y complejidad lleva aparejado un aumento del empleo en las categorías profesionales más altas: las que implican un mayor nivel de formación, con mayor responsabilidad y con los salarios más altos. 

Desde desde 2018, el grupo 1 de cotización a la Seguridad Social —el de ingenieros y licenciados— se incrementó un 42%, mientras que los grupos de cotización de los oficiales, especialistas y peones, apenas lo hizo el 11%. Esto es, el número de personas que trabajan en la categoría más alta creció casi cuatro veces más que el de la categoría más baja. 

De hecho, el número de cotizantes del grupo 1 (ingenieros y licenciados) y del grupo 2 (ingenieros técnicos y peritos) se incrementó en cerca de un millón de personas: más de uno de cada tres de los nuevos afiliados se incorporó a las dos categorías más altas. 

Esto es muy relevante por lo que significa como cambio de modelo y también por la enorme diferencia de salarios. La base media de cotización de los titulados superiores en diciembre de 2025 fue de 3.807 euros frente a los 1.804 euros de los grupos de salarios más bajos. 

El empleo crece, sobre todo, en las empresas de mayor tamaño, lo que permite avanzar de forma relevante en corregir una de las debilidades históricas de la estructura empresarial española: el reducido tamaño medio de nuestras empresas en términos comparados con la media europea. 

En 2025 había más empresas en España, pero sobre todo eran más grandes y empleaban a más personas. El número de empresas de más de 50 trabajadores en plantilla ha crecido un 15% desde 2018, hasta alcanzar los 33.692, la cifra más alta de la serie histórica. 

En este proceso tienen un papel especialmente destacado las empresas más grandes, aquellas con plantillas superiores a 250 personas, que aumentaron un 28% en estos años.

De hecho, las empresas de mayor dimensión han incorporado a 1,9 millones de nuevos empleados, de tal forma que en 2025 el 44% de las personas asalariadas en España ya trabajaba en una empresa de más de 250 empleados. 

Gracias a este mayor dinamismo, el tamaño medio de las empresas se ha incrementado un 20%. Sigue estando lejos de la media de países como Alemania, pero la evolución es muy positiva, porque la dimensión empresarial está directamente vinculada a variables clave como las economías de escala, la inversión en general y la I+D+i en particular, todas ellas determinantes para la productividad.

Hay más personas trabajando en las categorías laborales más altas, empleadas en empresas de mayor tamaño y desarrollando su actividad productiva en sectores de mayor valor añadido

En síntesis, hay más personas trabajando en las categorías laborales más altas, empleadas en empresas de mayor tamaño y desarrollando su actividad productiva en sectores de mayor valor añadido. Y eso implica más productividad y mejores salarios.

Es, sin duda, un incipiente proceso de transformación de nuestra estructura productiva, que aún está en una fase inicial, pero que ya es cuantificable, y que va en la buena dirección, que tiene como fuerza motriz el cambio en el paradigma laboral: pasar de la precariedad como norma al empleo estable y con derechos

La mejora de las condiciones laborales y de los salarios hace inviables los negocios basados en la sobreexplotación laboral. El espacio que dejan lo ocupan empresas más eficientes, dentro de una estrategia que puede resumirse así: mejores empleos en mejores empresas.

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Manuel Lago es economista y diputado en el Congreso por Sumar. 

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