Crisis en Ceuta
Los aliados de Sánchez le piden más firmeza con Marruecos y un discurso propio sobre seguridad
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, acudía este jueves al Congreso con la intención de zanjar la tormenta política abierta tras la entrada masiva de migrantes en Ceuta los pasados 30 y 31 de julio. Sin embargo, la comparecencia del socialista no sólo no ha logrado calmar del todo las aguas, sino que ha certificado la distancia con la mayoría parlamentaria que sostiene al Ejecutivo. Todos los socios de investidura, en boca de sus distintos integrantes, coincidieron en considerar insuficientes sus explicaciones y, con distintos grados de dureza, reclamaron al Ejecutivo que vaya más allá tanto en su respuesta a Rabat como en las medidas para aliviar la situación de la ciudad autónoma.
Sánchez protagonizó un discurso centrado en la "complejidad" de la gestión fronteriza, la defensa del trabajo de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y el mantenimiento de las relaciones diplomáticas con Rabat. Insistió en que la respuesta del Estado fue "proporcionada y garantista" ante la dimensión de los flujos de entrada en la ciudad autónoma y en que no hubo ninguna alerta que permitiera prever un fenómeno de las dimensiones que terminaron produciéndose.
El presidente mantuvo además que no existen “evidencias sólidas” que permitan atribuir al Gobierno marroquí el diseño y ejecución de la operación, y aseguró que el Ejecutivo actuará si aparecen esas pruebas. Al mismo tiempo, reconoció que “fallaron cosas” a nivel organizativo, prometió esclarecer por qué el informe policial del CENIF no llegó a la cadena de mando de Interior y defendió que, después de lo ocurrido, la cooperación con Marruecos “tiene que ser diferente”.
Fuentes del Gobierno admitían después, en privado, que hay un "enfado considerable" tras la filtración del dosier de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad porque no comprenden que no se facilitara previamente al ministerio del Interior esa información. Si bien califican el documento del CENIF como "valioso", en Moncloa enfrían su trascendencia jurídica al sostener que los vídeos no aportan pruebas concluyentes contra la gendarmería porque “falta el contexto".
Explicaciones insuficientes para Sumar, PNV y Bildu
Los argumentos de Sánchez no han aplacado el malestar de sus principales socios. Los diputados de Sumar Enrique Santiago y Aina Vidal afirmaron que “Marruecos organizó” la entrada masiva, que esta tuvo "claras intenciones políticas y geoestratégicas” y que la política de apaciguamiento de Marruecos había “fracasado”. Sin embargo, el ministro de Derechos Sociales, Pablo Bustinduy, trataba de rebajar tensiones después y calificaba las palabras de Sánchez sobre la necesidad de modificar la cooperación con Rabat como una “rectificación”.
La opinión de Bustinduy no es compartida de manera general dentro de Sumar. Fuentes de la dirección del partido creen que Sánchez no ha dado “las explicaciones ni las soluciones que la situación de Ceuta requiere" y que el discurso ha sido "el mismo en lo esencial". Estas fuentes exigen también al Ejecutivo que deje de negarse al traslado inmediato de las personas migrantes a la Península y reclaman una posición "mucho más firme" frente a la actuación de Marruecos.
Un malestar explicitado además por otras formaciones. El PNV, al que el resto de los socios definen como el “termómetro” de la legislatura, reprochó al presidente haber llegado “tarde” a las explicaciones. Su portavoz, Maribel Vaquero, advirtió de que “Marruecos no puede quedar exculpado de la crisis” y acusó al Ejecutivo de haber desaprovechado la oportunidad para despejar las incógnitas acumuladas durante las últimas semanas. EH Bildu compartió parte de ese diagnóstico y su portavoz, Mertxe Aizpurua, puso el acento en que lo ocurrido en Ceuta continúa siendo, ante todo, una “crisis humanitaria”, pero admitió que la gestión gubernamental ha sido criticable y que el Ejecutivo “no ha estado a la altura”.
Una de las reflexiones que lanzan, en privado, desde la izquierda abertzale es la de que Sánchez “ha ido con el piloto automático” durante su comparecencia pero también en las réplicas “escritas por sus asesores” y consideran que no “está sabiendo dimensionar bien” las consecuencias de la crisis de Ceuta. “Esto es un mazazo no sólo para el PSOE sino para la izquierda si no se gestiona bien, porque al final le das todo el campo a la derecha”, señala un parlamentario de Bildu en conversación con este periódico.
Rufián intenta disputar a la derecha el concepto de seguridad
El portavoz de ERC, Gabriel Rufián, comparte esa reflexión. En su intervención, apuntó directamente a uno de los debates que atraviesan a la izquierda europea ante el auge de la extrema derecha. El de que si la izquierda se limita a responder que toda preocupación sobre inmigración o seguridad procede de prejuicios reaccionarios abandona una parte del terreno político y social en manos de quienes ofrecen respuestas basadas en el miedo y la exclusión.
“La gente lo que quiere son soluciones y esto es un problemón”, afirmó Rufián al referirse a la llegada de decenas de miles de personas a una ciudad de las dimensiones de Ceuta. Acto seguido resumió la posición que, a su juicio, debería asumir la izquierda en términos de seguridad: “Quien la hace, la paga”, independientemente del origen de quien incumpla las normas.
Una política migratoria progresista, según su razonamiento, debe garantizar una acogida digna y combatir el racismo, pero también asegurar el cumplimiento de las normas, disponer de recursos suficientes y responder a las inquietudes de los ciudadanos que afrontan situaciones excepcionales como la vivida en Ceuta. “O la izquierda mira a la realidad o los traidores a su patria se inventarán una”, resumió.
Junts y Podemos dan por amortizado el Gobierno
Junts y Podemos han evidenciado, además, otro problema para Sánchez. Son dos de los apoyos parlamentarios más difíciles de asegurar y, aunque desde posiciones políticas diferentes, ambos aprovecharon la crisis de Ceuta para poner directamente en cuestión la credibilidad del presidente y la viabilidad de la legislatura.
Junts volvió a situarse en el límite de la mayoría que sostiene a Moncloa. Su portavoz, Míriam Nogueras, concluyó que si Sánchez conocía las alertas estaba “mintiendo a la gente para proteger a Marruecos” y que, si no las conocía, también “mentía” cuando afirmaba que el Ejecutivo controla la seguridad nacional. Su conclusión fue la misma: “Las dos opciones le inhabilitan para seguir gobernando”.
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La formación independentista no deja caer a Sánchez de forma clara porque no apoya una moción alternativa de la derecha, pero ha convertido su capacidad para garantizar o retirar mayorías en su herramienta de negociación. La crisis de Ceuta le permite ahora ensanchar esa distancia y cuestionar al socialista en uno de los terrenos más sensibles para cualquier Ejecutivo: el control de la seguridad del Estado. Así, defendió que Cataluña no puede asumir indefinidamente nuevas llegadas y volvió a reclamar para la Generalitat las competencias en inmigración.
En el extremo opuesto del arco ideológico que sostiene al Gobierno, Podemos volvió a demostrar que su apoyo tampoco puede darse por descontado. Su líder, Ione Belarra, utilizó la comparecencia para atacar simultáneamente la política migratoria, la relación con Marruecos y la propia versión de Sánchez sobre lo sucedido. Belarra acusó al Gobierno de “claudicar” ante Rabat y calificó de “gran mentira” el intento de desvincular al régimen marroquí de la crisis. A su juicio, la política europea de externalización de fronteras ha entregado a Marruecos una capacidad de presión que ahora utiliza contra España.
La distancia de Podemos con el PSOE tiene una naturaleza distinta a la de Junts, pero resulta igualmente incómoda para Moncloa. La formación morada ya no comparte el Gobierno y compite abiertamente con Sumar por el espacio situado a la izquierda de los socialistas. Eso le permite elevar el tono contra Sánchez sin asumir la disciplina de una coalición y convertir cada discrepancia con el Ejecutivo en una oportunidad para marcar perfil propio. Y, según aseguran en privado, “Sánchez está en el tiempo de descuento”.