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Dos elecciones en 28 días

Del efecto arrastre al castigo por el pacto: así determinarán las generales el voto del 'superdomingo'

El líder del PP, Pablo Casado, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, reunidos en la Moncloa.

Ángel Munárriz

En plena crisis política, nos adentramos en un torbellino electoral. Nunca se ha visto en España un calendario similar. Primero, unas elecciones generales, el 28 de abril, coincidentes con las autonómicas valencianas, adelantadas por Ximo Puig. Obtendrán grupo propio en el Congreso hasta cinco partidos de ámbito estatal, con la novedad de la ultraderecha de Vox, a los que se sumarán las formaciones nacionalistas, quizás determinantes. Tras los comicios estatales, marcados por el conflicto político en torno al procés y que podrían arrojar una composición parlamentaria sin mayoría clara para formar Gobierno, vendrá un superdomingo electoral, el 26 de mayo, con urnas para Europa, los ayuntamientos y 12 de las 17 autonomías (salvo Andalucía, Cataluña, Galicia, País Vasco y Comunidad Valenciana). "No hay experiencias anteriores para comparar. En España hace tiempo que hemos perdido el manual de instrucciones, pero es que además ahora carecemos de elementos del pasado en los que fijarse", constata el politólogo Pablo Simón.

Serán cinco papeletas en total: dos el 28A (Congreso y Senado) y tres el 28-M. Entre ambas fechas, sólo 28 días. El fenómeno plantea dificultades políticas y hasta logísticas. Ambos procesos se solapan. La presentación de candidaturas para las autonómicas y municipales está fijada entre el 17 y el 22 de abril, en plena campaña electoral de las generales. Antes, entre el 3 y el 13, hay que comunicar las coaliciones para el 26M, hito delicado para Podemos, IU y las confluencias, que deberán resolver una cuestión crucial para las autonómicas y municipales en la antesala del 28A.

La proximidad es tal que incluso puede dificultar hipotéticas crisis de liderazgo derivadas de malos resultados, dado que los partidos suelen evitar –si pueden– esos traumas en campaña electoral. Es previsible que el debate en torno a la formación de Gobierno en España lastre el debate local, autonómico y europeo. De hecho, ya en la campaña de las elecciones andaluzas del 2 de diciembre fue difícil hablar de Andalucía. Lo nacional lo devora todo. Y esa clave identitaria impulsa a la derecha, mientras los partidos progresistas intentan que se abra paso en la agenda la cuestión social.

Si las encuestas presentan siempre un apreciable margen de incertidumbre, en tiempos de convulsión aún más. Y son tiempos de convulsión. La fuerza del fenómeno Vox aún no está calibrada.fenómeno Vox Tampoco el peso del factor catalán, ni si se impondrá en la agenda al vector social. Es una incógnita la traducción electoral del reverdecimiento nacionalista y la batalla por el voto conservador en España. También lo es el impacto en escaños de la inédita división de la oferta desde el centro hasta la extrema derecha, que en las generales podría penalizar su representación. Está por ver si se cumple la previsión del retroceso del "espacio del cambio", ahora concretado en la marca Unidas Podemos. Y si el electorado progresista, donde la abstención fue elevada en las elecciones andaluzas, vota o no masivamente.

Los sondeos sólo coinciden grosso modo en unos trazos generales: el PSOE sube a costa de Unidas Podemos, irrumpe Vox con fuerza, el PP es claro favorito para encabezar el campo derecho, Ciudadanos no descuella o incluso retrocede... Y hay una importante bolsa de indecisos (18%, según el CIS) que además deciden su voto cada vez más cerca de la bocina. Es decir, la campaña cuenta.

Siendo importante qué partido obtiene el mayor número de papeletas, lo es más aún cuál encabeza el bloque con mayoría. A priori –sólo a priori– las dos grandes hipótesis son que PP, Ciudadanos y Vox alcancen los 176 diputados de la mayoría absoluta o que lo haga el PSOE con posibles aliados que van desde Unidas Podemos hasta los nacionalistas catalanes y vascos. Cuanto más dependa una hipotética investidura de Pedro Sánchez del PDeCAT –sobre todo con Carles Puigdemont en planteamientos maximalistas– y ERC, más difícil será. Si bastara con Unidas Podemos y el PNV, el camino se allanaría. Al menos en teoría. Y hay otra duda razonable: llegado un caso extremo, entre la espada de Vox y la pared del PSOE, con la espada de Damocles de una repetición electoral, ¿podría llegar Albert Rivera a incumplir su palabra de no pactar con Sánchez?

Muchas incógnitas se empezarán resolver en la noche del 28 de abril, cuando concluya el recuento. El resultado marcará la campaña y previsiblemente también el comportamiento electoral el 26M. ¿Cómo? ¿De qué forma puede determinar el 28A al superdomingo?, ha preguntado infoLibre a cuatro analistas e investigadores. Tomando un símil futbolístico, las respuestas no desvelan por dónde aparecerá el balón, cosa imposible de saber ahora, pero sí al menos explican cómo es el terreno de juego en el que se disputará el partido.

  Arrastre, no compensación

"Podemos sacar lecciones de Francia, donde se celebran primero presidenciales y después legislativas. ¿Qué suele pasar? Que hay una contaminación de arenas electorales. Lo más frecuente es un efecto honey moon [luna de miel] que suele afectar a las legislativas, que son las consideradas de segundo orden. Es bastante sensato pensar que aquí puede pasar algo similar el 26 de mayo", señala Pablo Simón, profesor de la Universidad Carlos III de Madrid. Simón prevé un "efecto imitación" a favor del partido o partidos considerados triunfadores. "Siempre hay dos posibles efectos. El primero es el efecto arrastre o efecto carro ganador, y el segundo el efecto underdog, de compensación, que haría que en la segunda elección votases al que ha salido peor en la primera para compensar. La literatura apunta a que el primero pesa más que el segundo".

La llamada explícita o implícita al voto útil que están haciendo PP y PSOE no sólo despliega efectos de cara al 28 de abril, sino también al 26 de mayo. Simón cree que, si hay "deserción" de votos de Podemos-IU-confluencias al PSOE en las generales, serán aún mayores en las siguientes. "La diferencia es que el impacto puede ser menor porque las municipales y las autonómicas se hacen con sistemas electorales más proporcionales", señala.

  Viento favorable al PSOE

El voto útil puede impulsar al PSOE y al PP, primero y segundo en las encuestas. En una segunda elección, los que han caído, caerían más. Y los que salen fortalecidos, se fortalecerían más. Se produciría así una especie de recuperación –muy matizada– del bipartidismo, que se resiste a desaparecer del todo, aunque claro que ya no puede hablarse de bipartidismo como tal. El viento es favorable para el PSOE, opina Narciso Michavila, presidente de la consulta GAD3. Michavila, que antes de las andaluzas se apuntó el tanto de ser el que más cerca estuvo de anticipar la irrupción de Vox, proyecta ahora más de un 30% del voto para el PSOE, que podría tener opciones de gobernar sin necesidad del PDeCAT o incluso de ERC, valiéndose de Unidas Podemos y el PNV, a tenor de los resultados demoscópicos.

"El partido que más sale del hoyo es el PSOE. Veremos qué sucede al final, claro, pero se puede producir un efecto arrastre del partido ganador", coincide Michavila. Es decir, mismo pronóstico que Simón en este punto. El reforzamiento del PSOE como líder progresista de cara al 26M se produciría si lo que sus adversarios llaman las "tres derechas" suman 176, para buscar una compensación, o si se llega en un escenario de incertidumbre de cara a la formación de Gobierno. En cambio, analiza Michavila, si se formara lo que se conoce como "Gobierno Frankenstein", a la manera del salido de la moción de censura, el gran beneficiario electoral podría ser el más votado de la derecha, previsiblemente el PP. "Si al PSOE le salen las cuentas [para formar un Gobierno con alianzas nacionalistas antes del superdomingo], puede haber un reagrupamiento del voto conservador", afirma Michavila, que trabaja con la hipótesis de una participación en las generales y el superdomingo superior a la media, pero no históricamente alta.

El sociólogo cree que la llamada a la concentración del voto progresista del PSOE será en las primeras elecciones, el 28 de abril, más útil que la llamada a la concentración del voto conservador del PP. "Si las segundas elecciones [26 de mayo] son vistas como una segunda vuelta, podría pasar que hubiera voto útil en torno al PP y al PSOE. En el caso del PSOE, por haber ganado, en el caso del PP, por no haber ganado", resume Michavila, que afirma que en la derecha en esa "primera vuelta" puede imponerse un voto menos estratégico, en el que el elector se resista a dejarse guiar por criterios como la optimización de la papeleta y vote más lo que le pide el cuerpo. Un voto más con el corazón que con la cabeza, se podría decir. En cambio, en la "segunda vuelta", puede operar lo que Michavila llama "el voto del llanto". Traducción: si tras las generales el votante de Cs o Vox ve que por la dispersión del voto conservador el PSOE ha logrado los escaños que necesita para gobernar, es probable que en las autonómicas y municipales se sientan tentados de reforzar a la opción mayoritaria en la derecha.

Las europeas –coinciden todos los consultados– son caso aparte, con su circunscripción única y con la extendida impresión de que se trata de unas elecciones de tercer nivel.

  Dificultades para el pacto

La politóloga Berta Barbet subraya que tienen más opciones de escapar de los influjos de la política nacional aquellas elecciones municipales o autonómicas en las que haya más competición, o debate propio, o fuerte polarización. Ahora bien, señala, el efecto segunda vuelta será difícil de evitar en cualquier caso si los partidos realizan pactos antes del superdomingo.

La campaña del 26M empezará previsiblemente el 28A por la noche, quizás con el PSOE exigiéndole a PP y Cs que no pacten con la ultraderecha, quizás con el PP y Cs exigiendo al PSOE que no pacte con el separatismo. Barbet también cree que el efecto arrastre o efecto bandwagon puede tener peso. O sea, que los partidos con mejores resultados en las generales podrían obtener un beneficio extra el 26M.

Al igual que el resto de entrevistados, insiste en el elevado grado de volatilidad de la situación, que puede afectar a la participación. "Cuando hay varias elecciones juntas, por pura cuestión de fatiga, se puede dar un descenso de la participación en las últimas, sobre todo si, como en este caso, son percibidas como menos importantes", señala Barbet. Eso puede cambiar en función de los pactos. Y eso, a su vez, hace difícil que haya pactos antes del 26 de mayo. En un panorama político marcado por el tacticismo de los líderes, es poco probable que nadie quiera asumir traiciones a sus promesas ni pisar sus propias líneas rojas antes del superdomingo.

Eso sí, hay una fecha impostergable: el 23 de mayo, sólo tres días antes del 26, es el último día para la elección de los miembros de la Mesa del Congreso y su presidente, una jornada que obliga a los partidos a retratarse. En Andalucía, por ejemplo, fue esa jornada la que evidenció ya de manera inequívoca el pacto entre PP, Ciudadanos y Vox.

  Memorias de Zapatero

"No sé si lo ha diseñado muy bien o ha tenido suerte, pero Sánchez se ha puesto todo a favor", señala el sociólogo Jaime Aja. No tiene dudas de que el calendario favorece al PSOE. "Como saquen un buen resultado, se va a producir en la izquierda un entusiasmo en torno a Sánchez. Ya pasó con Zapatero tras su triunfo en 2004. Pero es que, si no sacan buen resultado, el voto de izquierdas se puede ir al PSOE por voto útil", señala Aja, uno de los más reputados analistas electorales de Izquierda Unida, pero que no se deja llevar por sus deseos en el examen frío de las perspectivas.

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Aja subraya la posibilidad de que se produzca algo parecido al efecto ZP de 2004, cuando el presidente socialista cautivó a buena parte del electorado progresista. El CIS de abril de aquel año, después de su victoria, fue llamativo. El efecto luna de miel era evidente. Un 80,6% afirmaba que Zapatero había demostrado en su primer debate "conocimiento de los problemas del país" y un 82,2% "sensibilidad hacia los problemas de los españoles". Sólo un 4,8% de los encuestados habían empeorado su opinión sobre Zapatero desde su victoria de marzo. Al 76,8% le parecía bien la decisión de salir de Irak.

Aja cree que, a la hora de intentar atraer electorado progresista, Pedro Sánchez cuenta con la ventaja del elevado grado de rechazo que despierta la principal alternativa presidencial, Pablo Casado. Sólo un 11,5% preferiría que fuera presidente Casado, según el barómetro del CIS de febrero. Y ojo a la letra pequeña. Un 15,5% de los electores de Unidos Podemos en 2016 "preferirían" que fuera presidente Sánchez. En el caso de los votantes de En Comú Podem, el porcentaje se va al 31,5%, sólo 13 puntos por debajo de Pablo Iglesias.

A esto se suman problemas objetivos para Unidas Podemos, cuyos integrantes se enfrentan en muchas ciudades y comunidades, por ejemplo en Madrid, al reto de hacer campaña juntos para las generales a unas semanas de enfrentarse en el superdomingo, ya que la confluencia está lejos de ser generalizada. "El votante progresista necesita doble incentivo para votar a Unidas Podemos. Tiene que estar de acuerdo con Unidas Podemos y en desacuerdo con el PSOE. El problema es que se ha legitimado al PSOE, apoyando su Gobierno y sus presupuestos. Dar marcha atrás ahora es difícil. Y además las campañas siempre contribuyen aún más a una polarización que ya existe", concluye Aja.

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