En menos de un mes, dos grandes concentraciones con réplicas en casi todas las ciudades de España han pillado al Gobierno con el pie cambiado: la de los pensionistas reclamando unas pensiones dignas y las que sacaron a la calle a centenares de miles de mujeres coincidiendo con el 8 de marzo. La reacción del Ejecutivo ha sido la misma en ambos casos: primero, minimizar el alcance de estos movimientos llegando incluso a poner en duda su repercusión. Y, después, desdecirse improvisando anuncios o recuperando viejas promesas.