Entrevista
Franco Delle Donne, autor de 'Epidemia Ultra':"La extrema derecha infecta la política y también la vida diaria"
Franco Delle Donne (Buenos Aires, 1983) es doctor en Comunicación por la Freie Universität Berlin y se dedica desde hace años a estudiar y analizar cómo piensa, opera y se organiza la extrema derecha a nivel global. En 2020 lanzó su podcast 'Epidemia ultra' y cinco años después lo ha convertido en un libro con el mismo nombre. En 'Del fascismo europeo a Silicon Valley: anatomía de un fenómeno que está conquistando el mundo' (Ed. Península), Delle Donne rastrea los orígenes y la evolución de esta ola reaccionaria y analiza fenómenos como el de Donald Trump, Javier Milei o Giorgia Meloni para explicar por qué sus ideas llegan a tantos hogares. El experto lo compara con un virus que se contagia rápido y que, a tenor de lo que está sucediendo, parece difícil de detener.
¿Qué es 'Epidemia Ultra'?
Es un proceso contemporáneo que llevamos décadas arrastrando y que hoy está en su punto más alto, con la llegada de partidos de ultraderecha al poder, pero que comenzó antes, con la normalización de sus discursos. Esto no solo infecta a la política institucional, también contamina la vida diaria. Esos marcos y narrativas aparecen en el trabajo, en la familia, en conversaciones cotidianas… son más comunes y menos marginales que hace veinte años.
Usted realiza un recorrido sobre cómo se expande este 'virus' en distintos países. ¿Hay antídoto o solo nos queda la resignación?
Es una pregunta difícil porque estos días soy más bien pesimista. Lo primero es asumir que estamos viviendo un cambio de época y que aún no lo hemos interiorizado del todo. Lo vemos en la geopolítica y, por ejemplo, en Estados Unidos, donde se ignoran los derechos y garantías, con una dinámica en la que el Gobierno niega lo evidente y te dice que lo que ha pasado no es, en realidad, lo que viste. En ese contexto, no sirve pensar que vamos a discutir hasta llegar a la verdad.
Ni indignación, ni desprecio, ni insultos, ni paternalismo... eso no sirve contra la ultraderecha
Lo que sí puede ayudar es cambiar cómo discutimos en lo interpersonal: ni indignación, ni desprecio, ni insultos, ni paternalismo... eso no sirve. Hay que tener empatía y partir de la idea de que mucha gente que vota a estos partidos tiene razones para sentirse mal, ignorada o marginada. La clave es discutir el diagnóstico y, sobre todo, la acción que le corresponde. ¿El culpable es el otro, es decir, el migrante o el que se ve diferente o los problemas son estructurales y la solución va por otro lado? Y a la vez, se le suma una dificultad, la de los partidos que están enfrente de la ultraderecha. Ellos deben construir una alternativa real, no limitarse a defender el statu quo con el argumento de 'con ellos será peor', porque eso no moviliza.
También habla de cómo la ultraderecha se ha aprovechado del sistema para tratar de destruirlo desde dentro.
Sí, distingo dos grandes frentes: la extrema derecha que busca la revolución contra la democracia liberal y que se asemeja más al fascismo, y la derecha radical que llega por vía democrática y erosiona desde dentro. Es el caso de Hungría, El Salvador y ahora en Estados Unidos. Teóricamente, si ambos procesos se llevan a cabo, pueden desembocar en resultados parecidos por caminos distintos. Yo lo veía desde un marco más teórico, pero lo que observo ahora en EEUU no se aleja tanto de lo que haría un partido abiertamente extremista. No hay derechos ni garantías, al menos con lo que estamos viendo en Minnesota. La sensación es que los derechos básicos dejan de estar garantizados, eso alimenta mi pesimismo.
Pero también hay contestación a lo que se viven en Minnesota con las protestas masivas que hemos visto ¿eso es un antídoto?
Sí, es verdad. Y no solo Estados Unidos. En Alemania hubo un caso claro. Una investigación del medio independiente Correctiv destapó una reunión de grupos extremistas y miembros de Alternativa para Alemania (AfD) en la que se habló de un plan de deportaciones masivas, incluso de ciudadanos alemanes según su definición de nativo, en el sentido de color de piel, procedencia y cultura. Cuando se conoció, muchísima gente salió de manera espontánea a la calle con el 'Nie wieder' ['Nunca más'], que tiene mucho significado allí. Fueron millones de personas y hay que recalcar que estos partidos no tienen el 80% de los votos.
Ahora bien, aunque esa mayoría no los apoye, están en posición de poder, y por más que salgas a protestar, eso es lo que marca las políticas. Además, si vemos lo que ha pasado en Minnesota, podemos concluir que la violencia y la coerción desincentivan la protesta. Si ves un vídeo en el que a alguien le pegan un tiro en la cabeza a sangre fría, yo como padre de familia me lo pensaría muchas veces antes de volver a salir. Y por eso hay una escenificación de la fuerza del Estado, porque es una estrategia de intimidación. El presidente norteamericano, Donald Trump, lo está aprovechando y eso funciona como excusa para que otros líderes hagan lo mismo, pero el trumpismo empieza antes que él y seguirá estando después.
Lo que está haciendo Donald Trump funciona como excusa para que otros líderes hagan lo mismo
En España, esta semana se ha aprobado una regularización de medio millón de migrantes que ha despertado polvareda. ¿Cree que medidas así ayudan a cambiar e incluso a desactivar el relato de la ultraderecha?
Es una medida encaminada a mejorar la vida de medio millón de personas que van a poder vivir en paz y relacionarse con normalidad. Esa cercanía es la receta más efectiva contra el prejuicio, el miedo y el odio: conocer al diferente. Cuando convives, se rompe el miedo y el odio prefabricados.
¿Por qué ideas que no tenían esta fuerza hace años se han asentado de esta manera? ¿Qué papel han tenido los medios en ello?
Los medios, al principio, actuaron como altavoz con la premisa de que lo que se estaba contando vendía periódicos o atraía espectadores. Titulaban con barbaridades porque eso comportaba clics, aunque no hubiera evidencia detrás. Y eso con el tiempo ha ido cambiando, se han ido revisando criterios de noticiabilidad: se trata de distinguir qué aporta valor al lector y qué es solo una provocación para captar la atención.
La ultraderecha da respuestas simples a miedos complejos, pero no ofrece soluciones
Y sobre el porqué del auge, yo creo que hay una promesa rota. Después de la caída del muro de Berlín en 1989 parecía que el liberalismo había triunfado en la era postcomunista, pero luego llega la crisis del 2008 y reaparece con fuerza la desigualdad, la precariedad, los excluidos. También crece la desconfianza hacia los partidos tradicionales y la democracia pasa de ser un valor a verse como un instrumento que no funciona. Llegan esos partidos, que eran marginales, y en ese caldo de cultivo ofrecen un vehículo para expresar descontento y son expertos en capitalizarlo. Además añaden una narrativa identitaria, un sentimiento de pertenencia, y un marco tradicionalista que da respuestas simples a miedos complejos. En ese discurso no hay soluciones a los problemas, no les hace falta.
¿Quién vota a estos partidos? ¿Son solo los "perdedores" de la globalización, como se suele decir?
Creo que es bastante transversal. Hay personas que no llegan a final de mes y eso encaja en la idea de abandono, pero también hay gente con capacidad económica que teme perder lo que tiene y habla de la decadencia de Occidente, de que se derrumba la sociedad y así es cómo vuelven estas ideas conservadoras que defienden las jerarquías como el mejor modelo para ordenar el sistema. Hay, además, otro elemento, el de las tendencias autoritarias, que son las mismas que vinculan inmigración y criminalidad. Ese miedo no vive solo en sectores pobres o marginados.
La ultraderecha también suele aludir a la nostalgia del pasado como un elemento muy presente en sus discursos.
Lo de la memoria es muy interesante. Se vende un pasado que teóricamente era mejor pero que, en realidad, no está anclado a un tiempo concreto. En el libro le pongo el nombre de Arcadia, una sociedad perfecta que nunca existió. Se mezcla la Edad Media vista de un punto de vista romántico, obviando que la gente se moría de hambre, con unas tasas muy altas de mortalidad infantil y una construcción del momento histórico que vivió el país. En el caso de España, la Reconquista. Al mismo tiempo, hay otros ultraderechistas que en lugar de hacer eso, tratan de reescribir ciertos espacios o directamente olvidarlos. Dos ejemplos de ello son el presidente chileno José Antonio Kast, que defiende la dictadura de Pinochet porque sostiene que, de no haber mediado el golpe, el Gobierno de Salvador Allende se habría convertido en una dictadura, y la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, que apela a olvidarse de lo que hicieron los fascistas italianos porque ella es su heredera.
Y otra cuestión que también aparece de manera recurrente en los discursos es el individualismo, la idea del 'sálvese quien pueda’.
Yo veo una corriente, no solo de la ultraderecha, sino también de la comunicación que nos rodea. En redes se han multiplicado los coaches y expertos en cosas que te explican cómo ser millonario, conquistar mujeres y salvarte. En realidad, es una puerta de entrada a la ultraderecha, porque encaja con la idea de que todo depende de ti, ignorando que somos seres sociales y que nada funciona sin estructuras colectivas.
Los dirigentes de estos partidos no se caracterizan por ser las personas más coherentes del mundo
Estamos yendo hacia ahí, transmitiendo ese mensaje a los más jóvenes porque les da cierta sensación de control. Un control que te pone al borde de la depresión y que es una trampa porque te dice si te va mal, es culpa tuya, y eso te lleva al límite. Y eso se complementa con el mito del hombre hecho a sí mismo, con ejemplos de multimillonarios que son hijos de propietarios de minas de oro. Dicho esto, también hay algunos discursos de estas ultraderechas más cercanos al fascismo en el sentido de un nacionalismo colectivo, el 'todo por la patria'. Aunque es verdad que los dirigentes de estos partidos no se caracterizan por ser las personas más coherentes del mundo.
Decía usted antes que no hay que ridiculizar al votante de estas formaciones. Pero, ¿se les puede convencer? ¿De qué manera?
Depende. El agitador o activista que busca provocar no viene a dialogar, ahí no hay persuasión posible. Lo útil, en ese caso, puede ser no entrar en su marco y colocar tu mensaje. Pero los que sí me parecen importantes son los votantes que, por una cuestión estadística, están a tu alrededor. Es decir, tu tía, tu vecino, tu compañero. No sé si hay una forma de persuadir o de convencer con datos, pero sí veo posible discutir el mismo tema desde otro punto de vista y encontrar bases comunes. Por ejemplo, ¿dejar morir de frío a una persona en la calle está bien o está mal? No son 'menas', son personas, y creo que hay que plantear casos concretos, humanizar, desmontar el prejuicio desde la empatía, sin insultos. Si empiezas con 'eres idiota', se acabó. Cada uno se atrinchera.
En España, a Vox parece que nada les pasa factura, ni la corrupción, ni las crisis internas, ni los errores. ¿Cree que es así?
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Es una buena pregunta. Lo vi en Argentina con Javier Milei, en Alemania con AfD.... No lo tengo del todo claro, pero veo dos ideas. La primera que es que los votantes no han encontrado una opción mejor a esa. Y otra es que el compromiso identitario permite justificarlo todo. El caso de corrupción no es tal, es una conspiración o lo justifican diciendo que eso estuvo mal pero que el partido tiene buenas ideas. Además, muchas de estas fuerzas no dependen solo de un líder, es decir, el partido puede sobrevivir al líder. En el caso de Vox no lo tengo tan claro porque siempre ha estado Santiago Abascal, no sé qué pasaría si no estuviese, pero no me puedo imaginar que el partido se derrumbe si no está.
No me puedo imaginar que Vox se derrumbe si no está Abascal
Para acabar, ¿qué ha hecho mal la izquierda y la derecha conservadora para llegar a este punto?
Hay muchas cosas que te podría nombrar. La primera, no articular una propuesta política ante los problemas que se agravan desde 2008 y pensar que todo se va a ordenar solo. En segundo lugar, subestimar el fenómeno y pensar que esto se iba a terminar rápido y que era volátil, como dijo la propia Angela Merkel, la excanciller alemana. A esto se le suma no entender el cambio de reglas con redes sociales, la comunicación horizontal y el debilitamiento de los filtros partidarios. Y, en el caso de la derecha conservadora, copiar la agenda de la ultraderecha. Lo que estás haciendo es dar más visibilidad a su marco. Y, en el mejor de los casos, incluso si no llegan al gobierno, terminas construyendo la sociedad que ellos quieren. Eso sí es culpa de estos partidos.