Amor sobre ruedas

Una bicicleta enamorada en Bruselas.

Esta foto tomada en la laboriosa Bruselas nos ofrece, pese a su radical simpleza, abundante información, al tiempo que nos genera también numerosas dudas. El primer mensaje que nos traslada es bastante obvio y podría resumirse de esta forma: así dice “estoy enamorado” un soldador.

El amor y su necesidad de hacerlo público desembocan a veces en estas extravagancias. Petrarca consagró gran parte de su vida a escribir versos a Laura. Si hubiese sabido soldar, se podría haber ahorrado años de esfuerzo.

¿Por qué considero que es Roel y no Wendy el autor de esta declaración de amor de estética brutalista? Pues porque, a pesar de que cada vez son más las mujeres soldadoras, el hecho de haber puesto su nombre en primer lugar indica claramente quién es el sujeto de la acción (amar a Wendy). Y suele ser norma en este tipo de expresiones amorosas que sea del sujeto de quien nazca la necesidad de escribirlas en una pared o grabarlas en un árbol.

Otra de las certezas deducibles de la imagen tiene que ver con el acabado final. Siendo benévolos, diremos que Roel no hizo un trabajo fino. Es posible que sea un excelente soldador, pero la pintura, claramente, no es lo suyo. La única explicación a esa falta de pericia y ese descuido del detalle es que hubiera soldado la chapa sin gafas protectoras y después la pintara ya con la vista perdida.

Y hasta aquí el capítulo de certezas; el resto son todo interrogantes. Por ejemplo, ¿la obra de Roel rubrica una relación ya establecida o pretendía con ella conquistar a Wendy? Si la relación ya existía, ¿qué cara puso Wendy cuando lo vio aparecer por su calle montado en esa bici? ¿Qué pudo decirle a un Roel —imaginamos— orgulloso de su obra? Yo apuesto por un “cariño, tienes que dejar el bricolaje y volver a los porros. Te hacen menos daño”.

Orgullo felino

Orgullo felino

Si, por el contrario, aún no eran novios y la performance formaba parte de una estrategia para enamorar a Wendy, es inevitable preguntarse: ¿sabe Roel que existe Interflora?

Y podríamos seguir así eternamente, con nuevas cuestiones surgiendo en cascada: ¿Roel no tiene amigos que le aconsejaran que no lo hiciera o, al menos, que incluyese un cheque regalo? Por no hablar de cuestiones más prosaicas: ¿qué haces con esa bicicleta el día que Wendy te deje? ¿La anuncias en Wallapop: “bicicleta casi nueva procedente de relación gastada”? ¿Quién la va a querer? Sería como comprar un brazo ortopédico con un corazón tatuado.

Y lo peor de todo es que no podemos descartar el hecho de que, en realidad, lo único que pretenda Roel no sea recorrer Bruselas proclamando su amor por Wendy, sino que a nadie le apetezca robarle la bici.

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