Ciento cuarenta y una personas Aroa Moreno Durán
Hace diez años, un niño de tres años apareció ahogado en una playa de Turquía cuando huía con su familia de la guerra en Siria. El mundo se estremeció al ver la foto de su pequeño cuerpo inerte arrastrado a la orilla, donde en lugar de haber encontrado la muerte debería haber estado celebrando la vida. Aylan Kurdi removió las tripas incluso a quienes no son capaces de ver personas desesperadas detrás de las frías cifras. Desde la perspectiva de sus privilegios no parece comprensible que alguien abandone su país para intentar llevar una existencia a salvo de salvajadas múltiples o para poder alimentar a los suyos.
Rafael Hernando, que esta semana se echó unas risas a costa de Aylan emulando ser un emoji triste mientras se desternillaba desde su cómodo sillón del Congreso, ha hecho de la deshumanización una profesión. Con 22 añitos ya era concejal del PP en Guadalajara y a los 65 años sigue chupando del Estado. Su gran mérito es montar el pollo. Rafa conoce bien su valor para el partido: dar voz a los bajos instintos, en los que la moral no sirve de filtro, para satisfacer ese lado oscuro de los electores que agradecen verse reflejados en todo un señor diputado.
Su hoja de servicios está plagada de altercados y vergonzantes actitudes. Siempre está sonriendo por los pasillos del Congreso, es un hombre feliz. El pasado mes de junio se casó uno de sus tres hijos, tal y como ha quedado documentado en el Hola. Si esta criatura hubiera nacido en Siria o en Marruecos, que está aquí al lado, no habría podido haber escalado puestos hasta situarse en un banco en Manhattan, ni haber celebrado el ágape en el Ritz. Nadie elige su país de origen, ni la familia. Por eso su crueldad estremece tanto a la gente de bien, la falta de empatía para ponerse en el lugar del otro. Haber nacido en una familia franquista marca, desde luego. Hay que recordar que hizo ademán de querer pegar a Rubalcaba en el pasillo de entrada al hemiciclo, más para que le fotografiaran que porque fuese a atreverse a hacerlo. No se iba a arriesgar a perder el escaño.
El gobierno del PP no tenía enfrente a una oposición desatada pidiendo a gritos escalar el conflicto, sino una colaboradora y apaciguadora, que no se dedicó a echar leña al fuego
Desde entonces ha pasado un mundo. Estamos anestesiados como sociedad ante las matanzas de niños en Gaza de las que los criminales presumen en redes sin que haya castigo, nos parece aceptable que se expulse a los menores migrantes no acompañados, los secuestros del ICE en Estados Unidos casi nos resultan peccata minuta. Que Rafael Hernando se carcajee al referirse Patxi López a Aylan, nos deja fríos. El sufrimiento y la muerte del prójimo nos la resbala.
En las manifestaciones por Ceuta, más que solidaridad se respiraba un aire viciado, el de la deshumanización que va cercándonos sin que nos demos cuenta. Azuzados por los valientes, que jamás han actuado por miedo a las consecuencias, una parte de la ciudadanía ha convertido a las personas en munición. Aznar, que nunca hizo una visita oficial como presidente, salvo un par de actos de partido, para no molestar a Marruecos y se deshizo en elogios a Hassan II cuando estaba en Moncloa, hoy se erige en salvapatrias. “Ha sido un gran impulsor de la modernización y democratización de Marruecos”, dijo en su día sobre el fallecido monarca. A finales de agosto se plantó allí para actuar en el circo que la derecha y la extrema derecha han montado. Pobres ceutíes, a los que abandonarán en cuanto hayan exprimido el show a tope.
Aznar culpó a Francia del incidente de la isla de Perejil con Mohamed VI en el verano de 2002, que acabó con la mediación de Estados Unidos. El gobierno del PP no tenía enfrente a una oposición desatada pidiendo a gritos escalar el conflicto, sino una colaboradora y apaciguadora, que no se dedicó a echar leña al fuego. Gracias a eso, los chistes sobre la bravucona narrativa de la intervención española en el islote deshabitado de 500 metros de largo por 300 de ancho, sustituyeron a la crispación que han creado ahora los mismos de entonces. Las bromas con “Al alba y con tiempo duro de Levante”, como contó Trillo el desembarco en ese pedacito de tierra, desataban las risas. Hoy en el PP se lleva cachondearse de niños muertos.
Lo más...
Lo más...
LeídoEl Senado de los ‘paracaidistas’: tres designados sin arraigo en la comunidad que representan
José GómezLa Fiscalía apoya un indulto que evite entrar en prisión al maquinista de Angrois
David Reinero (Praza.gal)Hungría desmonta el entramado de fundaciones con el que Orbán blindó su poder
Corantin Léotard (Mediapart)Helena Maleno: "La sociedad ha normalizado que las personas mueran por cruzar una frontera"
Alba Meseguer AlacidDe la “acogida” a la “invasión”: así ha cambiado el discurso migratorio en España
Marta Monforte JaénEl Senado de los ‘paracaidistas’: tres designados sin arraigo en la comunidad que representan
José GómezTu cita diaria con el periodismo que importa. Un avance exclusivo de las informaciones y opiniones que marcarán la agenda del día, seleccionado por la dirección de infoLibre.
Quiero recibirlaPasos de vida
Del Bienquerer
El placer de matar a una madre: la novela que ilumina la violencia psiquiátrica y el robo de bebés
¡Hola, !
Gracias por sumarte. Ahora formas parte de la comunidad de infoLibre que hace posible un periodismo de investigación riguroso y honesto.
En tu perfil puedes elegir qué boletines recibir, modificar tus datos personales y tu cuota.