Los derechos de las mujeres, el laboratorio de la extrema derecha

Desde hace algún tiempo hemos leído en medios de comunicación noticias consideradas por una gran parte de la opinión pública como hechos aislados, fenómenos propios de nuestro tiempo, como anomias imposibles de generalizar. Primero supimos que había una red oculta en internet en la que grupos de varones emitían discursos de odio hacia las mujeres. Sobre todo, a modelos de mujer libres y con la suficiente autonomía para decir no a algunos hombres.

Después nos llegó información de hombres jóvenes que denostaban el feminismo y consideraban que la igualdad había llegado muy lejos. Más tarde supimos que 66.000 portugueses enviaban fotos íntimas de sus novias, esposas o amigas y las compartían con hombres anónimos por Telegram; también supimos de 7.000 italianos que hacían lo mismo en Facebook. Casi al mismo tiempo contemplamos con estupor otros hechos: decenas de hombres habían violado bajo sumisión química a Gisèle Pelicot. Y todo ello organizado y dirigido por su propio marido, un hombre aparentemente cariñoso y atento. También en Francia la justicia investiga más de 100 casos de monitores y profesores de extraescolares acusados de abusos sexuales a criaturas de infantil y primaria. Sin embargo, todo parecían excepciones, casos extremos que solo podían ser analizados como eso, como situaciones aisladas.

En otra dirección, nos hemos encontrado con la tramitación de una nueva ley en la comunidad de Madrid para considerar al concebido no nacido como un miembro de la familia. Dicho de otra forma, se trataría de otorgar derechos a quien no existe para quitárselo a quienes existen, las mujeres. En Chile se ha elaborado un proyecto que obliga a mujeres embarazadas a escuchar los latidos del feto antes de tomar la decisión de abortar legalmente.

En EE.UU., el grupo Repeal the 19th, movimiento liderado por hombres conservadores republicanos, en el marco de MAGA, exigen que se derogue la Decimonovena Enmienda de la Constitución, aquella que garantiza el derecho al sufragio femenino desde 1920. En EE.UU. también el secretario de Defensa anunció el miércoles que planea obligar a los soldados estadounidenses a partir de 30 años a someterse a análisis de testosterona. Se propone, de momento opcionalmente, un tratamiento de reemplazo de testosterona si no tienen la que les corresponde por edad. Ejército, testosterona y masculinidad.

Su proyecto ideológico es reasegurar la familia patriarcal, legitimar la heterosexualidad hasta hacerla obligatoria y reabrir nuevos espacios de subordinación para las mujeres

Los hechos expuestos anteriormente son diferentes entre sí, incluso en algunos casos pueden ser entendidos como hechos excepcionales. O simplemente pueden oírse como extravagancias. Sin embargo, esas presuntas excepciones, todas juntas, pueden y deben ser leídas como un mapa. Como un mapa ideológico que intenta denostar al feminismo con el evidente objetivo de arrancar derechos a las mujeres; pero también como una muestra de que la extrema derecha está liderando culturalmente este proceso con la finalidad de convertir esas ideas en legislación. Ahora bien, esta guerra contra las mujeres sería insuficiente si no fuese acompañada de una propuesta de masculinidad normativa dominante y violenta, articulada simbólicamente alrededor de la idea de testosterona.

Los procesos sociales reactivos suelen comenzar con las mujeres, el eslabón social más frágil. Las mujeres somos en este momento el laboratorio de la extrema derecha. Daría la impresión de que piensan que, si esa estrategia funciona con ellas, funcionará con el resto. Su proyecto ideológico es reasegurar la familia patriarcal, legitimar la heterosexualidad hasta hacerla obligatoria y reabrir nuevos espacios de subordinación para las mujeres. Después hay otros campos, como la democracia o el mercado laboral, para los que también tienen su proyecto reaccionario. Sin embargo, a mí me interesa reflexionar sobre las mujeres como el test del neofascismo para acabar con las sociedades democráticas. Si acaban con nuestros derechos, podrán acabar con la democracia.

No quiero ser apocalíptica, pero no puedo dejar de pensar en el famoso poema de Bertolt Brecht: después de haberse llevado a todos, ‘ahora vienen por mí, pero ya es demasiado tarde’.

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Rosa Cobo es profesora de la Universidad de A Coruña y escritora y teórica feminista.

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