Sí, la literatura rompe prejuicios y nos permite habitar otros cuerpos que desafían los cánones
Con la llegada del verano, la literatura ocupa un lugar más central en muchas vidas: novelas románticas, autobiográficas o thrillers llenan las maletas y se abren una vez colocadas la tumbona y la sombrilla en la playa. El reposo y la atención que exigen los libros encuentran su espacio en las tardes libres de trabajo o le roban tiempo a la siesta.
Pero la literatura, a menudo reducida al entretenimiento, tiene un potencial mucho mayor: es capaz de acercarnos a vidas y experiencias que no son las nuestras, así como de hacernos imaginar otros cuerpos y comprender cómo se siente el mundo desde ellos. Inés García, una de las filósofas al frente del proyecto y podcast Punzadas Sonoras, explica cómo “muchas veces se entiende como ocio o como un entretenimiento, pero puede ser una herramienta a través de la que vivir y experimentar varias realidades”.
Esa capacidad de la literatura para acercarnos a otras experiencias será precisamente una de las cuestiones que atravesará el Festival de las Ideas, que se celebrará entre el 17 y el 20 de septiembre, a través de distintas conversaciones e intervenciones como la de Punzadas Sonoras y de autores como Édouard Louis y Zadie Smith.
La literatura como forma de habitar otros cuerpos
Además de hacernos sentir que estamos en otras épocas o lugares, la literatura nos permite habitar cuerpos que no son el nuestro. “La literatura ofrece muchísimas visiones distintas o contrapuestas acerca del cuerpo (...) A través de los personajes, la literatura nos permite sentir el cuerpo de otros, pero de una manera muy cercana”, comenta García.
Las novelas son capaces de “sacarnos de nuestra propia experiencia”, asegura la filósofa, pues nuestras intuiciones o vivencias son limitadas, pero a través de los libros podemos explorar todo aquello que no hemos vivido. La novela permite salir del propio punto de vista, ayudando a sentir como propia la realidad de personas distintas o lejanas. Esto es especialmente pertinente cuando hablamos de cuerpos, ya que la experiencia corporal es algo personal y casi intransferible, pero la literatura y la novela nos acercan a leer el cuerpo de otros, a experimentarlos y sentirlos. Para Valerio Rocco, director del Círculo de Bellas Artes —sede del Festival de las Ideas—, esto es clave, pues “cuando se habla de cuestiones como el cuerpo, la literatura en todas sus expresiones nos remite de una manera inmediata. Las novelas, la poesía o el teatro son capaces de situarnos en el lugar y las vivencias de los personajes”.
Laura Barrachina, periodista que moderará la conversación La piel de los relatos: narrar la herida social, apunta que “la literatura construye también nuestra mirada sobre el mundo". "A través de ella se puede comprender el pasado y el presente, entender cómo ha evolucionado nuestra relación con el cuerpo, con el deseo, con la enfermedad y, por supuesto, la literatura también puede transformarla. Mediante novelas, cuentos o poesías, podemos imaginar otros cuerpos, romper con la norma, proponer otras relaciones, ser más libres con respecto al cuerpo y hasta pensar en superar la biología”, plantea.
Esta capacidad de transportarnos puede ser especialmente positiva para las relaciones entre comunidades o sociedades. Como cita García, la filósofa Martha Nussbaum ve en las letras una herramienta vital que fomenta la empatía, la justicia social y el pensamiento crítico. “En la literatura hay algo muy potente que te permite empatizar, entender o conocer situaciones que quizás tú no has vivido”, añade.
Los cuerpos que el canon deja fuera
La literatura, ya sea construida a partir de hechos reales o de la ficción, también puede funcionar como un espacio para hacer visibles experiencias que durante mucho tiempo quedaron fuera del relato. Para Valerio Rocco, parte de su potencial está precisamente en su capacidad para reflejar “heridas personales o sociales” y mostrar realidades de colectivos que han sido silenciados.
El canon literario, como ocurre con otros cánones culturales, no ha sido ajeno a las relaciones de poder: durante mucho tiempo, determinadas experiencias —por razón de género, clase, origen o sexualidad— apenas han tenido su espacio propio en los relatos. En la creación contemporánea, algunos autores han convertido esa experiencia de estar en los márgenes en literatura.
Es el caso de Édouard Louis y Zadie Smith, que participarán en el Festival de las Ideas y que para Barrachina son referencia en este ámbito: “Aunque es obvio que todo escritor trabaja desde su propia piel, no todos la exponen igual y creo que ambos han escrito desde un lugar al que parecía llegar antes su cuerpo que cualquier otro factor. Podríamos decir que empezaron a escribir desde una periferia que parecía destinada a no ser escuchada. Y estos han sido y son temas de sus libros: el racismo, la homofobia, la clase social. Todos ellos factores que tienen que ver con el cuerpo”. Ambos explorarán cómo la escritura puede visibilizar aquello que las estructuras sociales intentan ocultar o silenciar y, especialmente, cómo la clase, el origen, la identidad o la pertenencia se experimentan también corporalmente.
En un contexto en el que, según García, “cada vez es más difícil abrir los ojos hacia lo diferente”, los libros que acerquen otras realidades ocupan un papel especial. “Por ejemplo, los cuerpos migrantes últimamente se han planteado como peligrosos, dañinos o salvajes, pero desde la literatura se plantean discursos y testimonios diferentes, y quiero pensar que puede llevarnos a una transformación real”.
La narrativa como punto de partida para la reflexión
Frente a discursos políticos —que a menudo buscan convencer a su público— o ensayos filosóficos —que ofrecen reflexiones más abstractas o teóricas—, la literatura posee para García una capacidad que va más allá del entretenimiento: puede generar un impacto emocional y vivencial sin grandes exposiciones o argumentos. Coincide Barrachina, para quien la literatura o las metáforas también “tienen algo físico” y son capaces de, a través de las palabras, crear imágenes que “nos llegan a un lugar hondo y profundo desde el que empatizamos mejor”.
Sin embargo, no por ello la literatura escapa por completo de la filosofía o de la política. “Siempre se puede encontrar lo político en la literatura”, defiende García. De hecho, desde la antigüedad, la filosofía se ha nutrido de la literatura, que es para Rocco el “punto de contacto más directo con la experiencia humana”. “La literatura nos da ese primer hueco o esa primera distancia entre la realidad y el ideal sobre la que la filosofía puede reflexionar”, añade.
El director del Círculo de Bellas Artes lo tiene claro: “La literatura lo muestra y luego la filosofía reflexiona y conceptualiza”. Así, recuerda que desde Aristóteles hasta Hegel o Heidegger, los filósofos han recurrido constantemente a tragedias, novelas y poemas como punto de partida sobre el que pensar. Es por lo que Rocco asegura que “la literatura o la poesía superan a cualquier tratado filosófico a la hora de describir las heridas o ese carácter vulnerable de nuestras existencias”.
La literatura puede así acercarse a cuestiones que después serán conceptualizadas por la filosofía —o abordadas desde la política—, pero que antes necesitan tomar forma en una experiencia concreta. Un ensayo puede explicar la desigualdad o la vulnerabilidad, mientras que una novela puede mostrar cómo esas condiciones atraviesan la vida de un personaje y marcan su cuerpo.
Rocco encuentra, precisamente, un “componente político brutal” en la literatura, que puede verse en autores como Dostoievski, Tolstói, Goethe o Thomas Mann. No porque sus obras tengan que ofrecer necesariamente un discurso político explícito, sino porque, a través de sus personajes y de las situaciones que narran, permiten acercarse a conflictos sociales, formas de poder y distintas maneras de experimentar la realidad de los cuerpos.
Recuperar el cuerpo (a través de los textos) en tiempos de pantallas
El propósito del Festival de las Ideas, donde se enmarcará esta y muchas otras reflexiones, es tanto “reivindicar los cuerpos como tema”, como “reivindicar la experiencia física de reunir a las personas en la plazas y en las calles para recuperar esa dimensión física y corporal de la comunidad y del debate”. Una reivindicación que cobra especial importancia para Rocco en un momento en el que “hemos perdido la conexión con lo corporal, con lo físico; vivimos en un mundo cada vez más virtual, más desplazado”, en el que delegamos “en aparatos electrónicos muchísimas funciones que antes hacían nuestros cuerpos”. Esta desconexión convive, paradójicamente, con una “hiperobsesión por el cuerpo, sobre todo por parte de los jóvenes”. “Por un lado hemos abandonado lo físico, sobre todo como forma de relación, pero por otro hay una hiperobsesión por el cuerpo”, advierte.
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Por su parte, García también destaca lo necesario que es hablar del cuerpo desde los textos y la reflexión. Frente a la inmediatez de la era digital y la saturación de plataformas como Instagram —que se ha convertido en un “lugar terrorífico” donde se imponen estándares corporales constantes—, se vuelve fundamental “defender el texto escrito frente a la imagen”. Aunque lo visual posee una gran fuerza emocional, las palabras, pese a que “requieran más atención o más tiempo”, resultan indispensables para criticar, explicar o proponer alternativas.
En el marco de su participación en el Festival de las Ideas, donde presentará el formato de análisis en directo denominado Glosas, García defiende la necesidad de reivindicar la lectura como un espacio para detenerse frente a la prisa de las redes sociales, donde la interacción con los libros suele reducirse a un consumo rápido de “un libro, otro libro, otro libro”. Para ella, este ejercicio de pausa que llevarán a cabo en el festival permite “adentrarnos en profundidad en los textos”.
Por último, Rocco coincide en reivindicar el cuerpo como objeto de debate y reflexión, pero sin perder de vista la “necesidad de que el cuerpo se exponga artísticamente bailando, representándose, mostrándose...” —como también ocurrirá en el festival de la mano de actuaciones como La jácara de los cuerpos imposibles, de la compañía Alberto Velasco—. En este sentido, recuperar el cuerpo no pasa únicamente por convertirlo en objeto de debate, sino también por volver a experimentar aquello que las pantallas y la velocidad de la vida cotidiana tienden a desplazar. Leer exige detenerse, prestar atención e imaginar otras experiencias; pero también reunirse, escuchar y compartir un espacio físico. Es precisamente esa dimensión la que el Festival de las Ideas busca reivindicar: no solo pensar sobre los cuerpos, sino volver a ponerlos en el centro de la experiencia cultural y colectiva.