Crisis en Ceuta

Feijóo lleva al PP al terreno de Vox con Ceuta pero no evita que Abascal capitalice el discurso antiinmigración

El presidente de la Ciudad Autónoma de Ceuta, Juan Jesús Vivas Lara, junto al presidente Nacional del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo.

Alberto Núñez Feijóo ha dado este lunes otro paso en el endurecimiento del discurso del Partido Popular sobre la crisis de Ceuta. El líder de la oposición no se ha limitado a responsabilizar a Marruecos de la entrada masiva de finales de julio, sino que ahora sostiene que detrás de lo ocurrido había un plan que comenzaba con una “invasión”, continuaba con la “resignación” española y debía terminar con “algún tipo de cesión al país vecino”. Tras él, el presidente de la ciudad autónoma, Juan Jesús Vivas, afirmó que Marruecos estuvo “detrás del golpe” y reclamó que todos los que entraron sean retornados, incluidos los menores, frente a la posibilidad de trasladarlos a la península.

Génova busca ahora, ante todo, capitalizar una crisis que ha castigado con dureza al Gobierno de Pedro Sánchez, ha endurecido la opinión pública sobre la inmigración y ha colocado en el centro de la agenda asuntos —fronteras, seguridad, devoluciones y relaciones con Marruecos— en los que el PP pretende presentarse como una alternativa de mayor firmeza. Pero la estrategia entraña también un riesgo que los propios dirigentes territoriales del PP admiten en privado: cuanto más gira la conversación política alrededor de la inmigración, más favorable resulta el terreno para Vox.

Una tesis que apuntala la encuesta publicada por 40dB. para El País y la Cadena SER. El PP sigue apareciendo como el primer partido en estimación de voto y mejora sus números respecto a las elecciones generales del 23J, pero es Vox quien aparece con diferencia como la fuerza considerada más capaz de gestionar la inmigración: un 27% de los encuestados señala al partido de Santiago Abascal, frente al 18,4% que escoge al PSOE y apenas un 13,9% que cita al PP. Cerca de uno de cada cuatro votantes que ahora se inclinan por Feijóo considera, además, que los ultras gestionarían mejor este asunto. Entre los electores de Abascal apenas un 2,4% concede esa ventaja al PP.

Del informe policial a la hipótesis de las “cesiones”

El PP se apoya para reforzar su tesis en el informe elaborado por el Centro Nacional de Inmigración y Fronteras (CENIF) y remitido a la Audiencia Nacional, que describe la entrada de los días 30 y 31 de julio como un acontecimiento “planificado” y no espontáneo. El documento sitúa entre sus organizadores o ejecutores a personas relacionadas con las fuerzas de seguridad marroquíes y relata un “guiado activo” de los flujos hacia los puntos de entrada. La propia Policía admite, al mismo tiempo, que no ha podido individualizar a los responsables y basa sus conclusiones en deducciones.

Por su parte, Sánchez mantiene que esos indicios no constituyen todavía “pruebas sólidas” de que las autoridades marroquíes diseñaran o ejecutaran la operación y defiende que España no debe abrir un conflicto diplomático de primer orden sin hechos suficientemente contrastados. El presidente prometió el pasado jueves actuar con “total contundencia” si esas pruebas aparecen, si bien este lunes ha evitado citar a Marruecos durante su discurso en el Congreso ante los parlamentarios del PSOE.

La distancia entre ambas posiciones se ha ensanchado en los últimos días. Feijóo no solo considera acreditada una implicación marroquí, sino que este lunes ha atribuido a Rabat una finalidad política concreta: obtener una futura cesión española. Fuentes de la formación conservadora matizaron después que no estaba acusando a Sánchez de haber pactado con Marruecos la entrada, sino de no haber actuado pese a los avisos y de que la devolución de los migrantes podría acabar implicando concesiones a Rabat.

Es en ese salto —de exigir explicaciones por los indicios sobre Marruecos a construir alrededor de ellos un discurso de “invasión”, “ley y orden”, fronteras y cesiones— donde el PP entra en una competición más directa con Vox que Feijóo ha asumido en primera persona ante las dudas de otros miembros de Génova. Si bien en el PP hay un consenso generalizado sobre que detrás de la entrada masiva estuvo Marruecos de un modo u otro, hay voces que temen que si radicalizan demasiado su postura con el país vecino, la interlocución se resienta en caso de que lleguen a La Moncloa.

La ultraderecha gana la batalla de la inmigración

El barómetro de 40dB. no refleja ningún terremoto electoral después de Ceuta. PP y Vox suben, pero lo hacen de forma moderada. Feijóo alcanza un 32,4% de estimación de voto, cuatro décimas más que en julio, mientras Vox pasa del 17,2% al 17,8%. El dato más significativo es que la suma de ambos alcanzaría por primera vez durante la legislatura el 50,2%. Así, el bloque conservador en su conjunto sale fortalecido.

Pero cuando se amplía el foco aparecen señales especialmente favorables para Abascal. Vox es el partido que más crece de los tres grandes y cuenta con el electorado más fiel: el 85,9% de quienes lo votaron en 2023 afirma que repetirá. Más relevante aún para el PP es el tráfico de votos entre ambos. Cerca del 13% del electorado que votó al PP en 2023 se inclinaría ahora por la ultraderecha. El recorrido contrario apenas alcanza el 3,4%.

La responsabilidad que la opinión pública atribuye a Marruecos es también abrumadora: casi nueve de cada diez encuestados le asignan mucha o bastante responsabilidad. Pero el desgaste alcanza de lleno a Moncloa: cerca de un 72% responsabiliza igualmente al Gobierno español y alrededor del 63% califica de mala o muy mala la actuación de Sánchez. La crisis, por tanto, ofrece al PP un arma potente contra el Ejecutivo. El problema para Feijóo es quién termina recogiendo una parte mayor del malestar cuando la cuestión deja de ser únicamente la gestión de Sánchez y pasa a ser la inmigración.

En Génova, sin embargo, aseguran que en sus encuestas internas el 36% de los encuestados considera que el PP hubiera gestionado mejor frente al 27% que optaría por Vox y el 23% que señala al PSOE. En el equipo de Feijóo había preocupación por que Ceuta disparase a Vox, pero sus estudios internos no han detectado ese fenómeno, según trasladan. En la dirección hablan de un “reequilibrio” de fuerzas en el bloque conservador y presumen de que esta ha sido la primera crisis en la que el PP ha crecido más que la ultraderecha. Sin embargo, los dirigentes territoriales no opinan igual.

Los barones del PP ven el riesgo

Fuentes de varias presidencias autonómicas del PP admiten en privado que la crisis tiene una doble derivada electoral: perjudica al Gobierno, pero favorece también a los de Santiago Abascal. “Esto beneficia a Vox”, resume una de esas fuentes, que separa esa consideración de su buena valoración de la gestión realizada por Vivas. Otro dirigente territorial coincide en el diagnóstico: “La conversación sobre inmigración le favorece a Vox”.

En las conversaciones domina la tesis de que el PP no puede dejar libre ese espacio y debe proyectar firmeza y ocupar políticamente el asunto. Uno de los presidentes autonómicos confía además en que, llegado el momento electoral, el voto útil termine reforzando al PP frente a Abascal. La aspiración es construir un difícil punto intermedio: presentar al PSOE como un partido descolocado ante la inmigración, al PP como un “dique de contención” que responde con contundencia dentro de las instituciones y a Vox como una fuerza que lleva sus posiciones demasiado lejos.

El problema es que ese reparto ideal de papeles no coincide del todo con la fotografía demoscópica actual. Por ahora, cuando se pregunta directamente quién inspira más confianza para gestionar la inmigración, la posición dominante dentro de la derecha no es la de Feijóo, sino la de Abascal. Hay quien teme que la posición del PP nunca “sea suficiente” pese a que se mantengan, incluso, las mismas posturas que los ultras. “Eso significaría que el problema no es el qué, sino el quién”, valora una fuente con peso territorial.

Otra reflexión que circula entre los barones apunta a una estrategia diferente a la mera competición discursiva. Un líder autonómico cree que excluir sistemáticamente a la extrema derecha de las responsabilidades de gobierno puede permitirle conservar intacto el beneficio de la protesta: proclamar soluciones desde fuera resulta más sencillo que enfrentarse a los costes de aplicarlas. La gestión, sostiene esta fuente, institucionaliza y desgasta. De ahí se sobreentiende que ninguno de ellos, ni siquiera el presidente andaluz Juanma Moreno, se resistiera a la entrada de los ultras en sus gobiernos. 

Los menores, arma arrojadiza

La posición ante los menores muestra hasta qué punto ha cambiado el PP después de Ceuta. Este lunes, Vivas ha rechazado su traslado a la Península y ha defendido como prioridad el retorno a Marruecos mediante la reagrupación familiar o, en última instancia, que el país vecino se haga cargo de su tutela. El conjunto de los barones del PP presentes en Madrid ha respaldado el rechazo a una distribución entre comunidades.

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Uno de los presidentes es especialmente tajante contra la acogida en su comunidad y reclama que Marruecos asuma a los menores con ayuda del Gobierno español y de la Unión Europea. Otras fuentes buscan fórmulas que eviten que la responsabilidad recaiga directamente sobre los ejecutivos autonómicos.

El cambio resulta especialmente llamativo en Vivas. En julio de 2024 defendía un reparto “vinculante y automático” entre comunidades y acusaba a Vox de sostener una posición “hipócrita”. Entonces afirmaba que el retorno defendido por el partido de Abascal era “inviable” y respondía a “posicionamientos ideológicos” que el PP no compartía.

Dos años después sostiene una posición muy distinta. Vivas argumenta que también las circunstancias lo son: cita la nueva normativa europea y, sobre todo, el carácter excepcional de la entrada de finales de julio, lo que evidencia hasta qué punto el terreno político se ha desplazado.

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