Romeo encabronado
Influenciado por los reportajes que sobre Ibiza se emiten en programas televisivos de verano, superpoblados de pibones de uno y otro sexo, viajé a la isla con el complejo de no ser un Adonis y temiendo que en cualquier momento me parara la policía, me cacheara y me preguntase: “¿Cómo es que no tiene usted abdominales?”. Llevaba, incluso, preparada una respuesta: “Los traía, pero me los ha perdido Iberia”.
No les descubro nada si les digo que Ibiza es muchas otras cosas además de una narcisista exhibición de la belleza y noches de fiesta eterna llenas de excesos. Afortunadamente. Porque no tengo nada que exhibir y he abandonado la práctica de todo exceso que no sea la siesta. Ni recuerdo la última vez que estuve en un garito, aunque sí lo que le respondí al camello que, con vigilante discreción, me abordó para ofrecerme “MDMA, pope, meta, coca… ¿Qué te apetece?”. Por no quedar como un aguafiestas, le dije: “Dame dos omeprazol”.
Para gente como yo, Ibiza reserva innumerables placeres. Uno de ellos, pasear por Dalt Vila, “ciudad alta”, el nombre que recibe la parte superior del recinto histórico de la isla y que permite, además de bañar de mar la mirada, recordar su pasado de fortaleza amurallada. Allí, atravesando estrechas calles y plazuelas luminosas, uno, indefectiblemente, se topará con lo que se ha dado en llamar el Muro de la Fama. Una pared blanca coronada por el fulgor de la buganvilla y en la que en los años noventa distintas celebridades del show business, la música o el deporte estampaban sus huellas en marcos de arcilla. Ignoro cuánto tiempo tuvo que pasar para que los turistas convirtieran en costumbre el perfilar también sus manos con un rotulador, reclamando de esta forma su porción de fama.
Otros, en lugar o además de su huella, decidieron incluir alguna frase iniciando el proceso, mil veces repetido, de convertir la pared en un lienzo de libre expresión. Un proceso que no parece culminado si no se alcanzan dos hitos: uno) que alguien, normalmente un hombre, pinte un pene; y dos) que alguien, normalmente otro hombre, escriba el nombre de una mujer y la catalogue de puta.
Si observan con detenimiento la foto, el autor del segundo hito lo consumó en italiano —F. C. puttana— e incluyó también algunos otros datos —me temo que de la chica— que me he ocupado de borrar por si alguno de ellos permitía la identificación de la joven, lo cual, directamente, constituiría un delito.
Apariencias engañosas
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Sin entrar a analizar cuestiones legales, nada dice más —y menos al mismo tiempo— de un tipo que haber hecho un grafiti llamando puta a una mujer. Es un acto de venganza estúpido y contraproducente, la peor forma de procesar una ruptura. De entrada, revela un mal conocimiento del lenguaje. No he visto jamás un “Loli, puta” bien escrito. En estos mensajes, la coma del vocativo (que también rige en el italiano) está tan ausente como la delicadeza en quien lo escribe.
Además, más allá de que sobre el hecho de ser puta se pueden hacer muchas consideraciones, pero ninguna tiene derecho a incluir la reprobación de quien lo sea, otra cuestión que ignora el firmante es que el subtexto no juega precisamente a favor de su relato. Porque si lo que quería era dañar la imagen de la chica, debería saber que donde alguien escribe “Loli, puta”, muchos, sin ni siquiera conocer a Loli, leemos: “Loli ha sabido elegir”; o “De buena se ha librado Loli”; o “Mucho ha tardado Loli en dejar a ese capullo”.
Si lo que quería el Romeo despechado era que nos solidarizáramos con su dolor, tal vez su única posibilidad de conseguir nuestra empatía hubiese sido contarnos serenamente lo ocurrido. Porque Loli no tiene forzosamente que ser un ángel, pero el reproche no puede ser que haya elegido a otra persona, ya fuera por amor o por una desmedida afición al sexo. La única forma que tenía este muchacho de invocar nuestra comprensión y, tal vez, nuestra compasión, hubiera sido escribir algo como: “Loli, me partiste el corazón liándote con mi mejor amigo el día de nuestra boda. Como no me devolvían el dinero del viaje de novios, me he venido a Ibiza con mi madre. Dice que te entiende y te manda recuerdos”.